Programa que se emitió entre enero de 2002 y abril del 2007 por FM Rock & Pop, 95.9, Buenos Aires, Argentina. Con Hernan Ferreirós, Alejandro Lingenti y Pablo Strozza. Este blog contiene articulos de los conductores -y de otros autores- sobre musica, cine, TV, libros... Ahora se emite en LR11 Radio Universidad de La Plata, los sábados a las 22, con la incorporación de Fabián Casas y la inspiración cósmica de Tony Jalilson.

Mal Elemento

sábado, abril 26, 2008

Memorias: 3 discos 3 de 2007



The Western Lands - Gravenhurst

Warp difícilmente se equivoca. El fichaje de Gravenhurst es, además, muy sintomático: es uno de los escasos alejamientos de la electrónica que el sello se animó a probar desde su fundación en 1989. El cambio de ruta es sobre todo cosa de los últimos años y se debe a dos razones, básicamente: un deterioro en la calidad de lo que produce el género en la actualidad y la necesidad de mostrar su capacidad de respuesta ante esa realidad. La prueba de la precisión con la que el sello va diagramando su readaptación es la calidad de lo que edita fuera de su terreno más habitual: !!!, Anti Pop Consortium, Máximo Park (una banda menor que empezó a caerme simpática desde que me topé con "Books From Boxes", una de las mejores canciones que escuché el año pasado)... "The Western Lands profundiza la búsqueda habitual de Nick Talbot, la convivencia amigable del folk con el krautrock y el shoegazing, un probable sueño de todo indie bien informado.


Transnormal Skiperoo - Jim White

"Transnormal Skiperoo" es, según Jim White, "un nombre inventado para describir un extraño y nuevo sentimiento que he experimentado tras años de sentirme perdido, solo y maldito". Producido por Joe Pernice (Pernice Brothers), el disco tiene canciones menos sombrías o cargadas de ominosas referencias religiosas que los tres anteriores, posible resultado de una relación del autor con las drogas algo más relajada.
Es folk + country + blues + soul, es decir, la fórmula acostumbrada, pero con un sonido que el ejecutivo de una disográfica consideraría más apto para comercializar. El punto es que si una buena parte de los discos que las discográficas comercializan fueran como éste, estaríamos en un mundo diferente, mucho mejor.


Two Gallants - Two Gallants

Del primer disco a éste pasaron apenas tres años, pero la evolucion de Two Gallants fue vertiginosa. A la receta del folk sureño atravesado por espíritu punk ahora se sumó un gran nivel de inspiración para construir canciones que sobrevivirían cualquier tratamiento instrumental. En este caso se trata apenas de una guitarra acústica y una batería, a la manera de unos White Stripes con menos voltios. En vivo, lo sé porque los vi hace unos meses, son explosivos, como una buena borrachera con bourbon.

Posteado por Alejandro - 5:18 PM

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martes, abril 22, 2008

Sobre la despenalización del consumo de drogas

Nota cedida gentilmente por el el amigo Coco Barreiro, del blog Criticar es fácil


La propuesta de despenalizar el consumo de drogas en Argentina, ya vigente en algunos países de América Latina, entre ellos Uruguay, ha vuelto a poner sobre la mesa la discusión acerca de la conveniencia o inconveniencia de semejante medida. La ya larga controversia suele derivar más hacia tópicos sanitarios o económicos y menos hacia el de los derechos ciudadanos, algo que, sin embargo, no debería estar ausente del debate, porque la penalización del consumo violenta los fundamentos del derecho moderno.

La convicción de que "las drogas" son sustancias dañinas o diabólicas que esclavizan a quienes las consumen y su consecuencia, la prohibición, son fenómenos que se han gestado en el siglo XX. Hasta entonces nadie creía que determinados fármacos fueran intrínsecamente dañinos o que su atributo esencial fuera causar el mal, la enfermedad. Para los antiguos griegos, por ejemplo, el concepto de phármakon significaba veneno y remedio, cura y peligro al mismo tiempo. No era para ellos algo puramente tóxico ni puramente inocuo. No establecían una frontera infranqueable entre el beneficio y el perjuicio: los daños o beneficios de los phármakon residían exclusivamente en el uso que el ciudadano adulto hiciera de los mismos.

Hubo que esperar a una era en la que los objetos adquirieron el carácter de fetiches dotados de vida propia para que las cosas se invirtieran radicalmente. Ese fetichismo atribuye a las cosas materiales propiedades intrínsecas, a los que ningún individuo podría sustraerse. La única posibilidad de romper con tan fatal determinación sería prohibiendo el uso de la cosa intrínsecamente perversa.

La idea de la adicción irresistible a un phármakon supone excluir definitivamente la posibilidad de usos recreativos, introspectivos o terapéuticos de las drogas. Todo el discurso hegemónico sobre las drogas refiere a la enfermedad, a la adicción y a la imposibilidad de resistirse a un uso moderado y beneficioso de las mismas.

La mayoría de las personas cree que la prohibición de consumir drogas nos acompaña desde el principio de los tiempos, pero hay que recordar que la misma también fue establecida en el siglo XX. Prácticamente a nadie se le ocurrió antes de la tercera o cuarta década del pasado siglo que los gobiernos tuvieran derecho a vigilar la percepción o el estado de conciencia de las personas. Recordar el origen de la prohibición es importante porque arroja luz sobre las verdaderas motivaciones (políticas, económicas e ideológicas) de una cruzada que pretende fundarse en argumentos científicos.

Utilizando todas las presiones políticas que le permitía su recién estrenada condición de potencia hegemónica, Estados Unidos logró convocar a una conferencia en La Haya en 1912. La misma fue el primer capítulo de una larga serie, que terminará en 1971 con la firma de la Convención Unica de Estupefacientes por más de 70 países en Viena. En La Haya comienza una era completamente nueva en materia farmacológica, pautada por la prohibición de usar libremente determinadas drogas, y el estímulo y la tolerancia de otras. Entre 1961, con la Convención Única sobre Narcóticos de Nueva York, y 1971, con el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas, se unifica y universalizan la legislación en materia de drogas. En esos convenios se basan prácticamente todas las legislaciones nacionales.

El Convenio de Viena estableció cuatro listas de drogas que debían ser controladas, y que habían sido confeccionadas diez años antes. El supuesto grado de adicción de cada droga determinó que se la incluyera en una u otra de las listas numeradas del I al IV. En la lista I se hallan supuestamente las sustancias más adictivas, por eso causa sorpresa encontrar en ella al cáñamo, que tiene una toxicidad anormalmente baja, mientras que en las listas II, III y IV (supuestamente, las de las drogas menos peligrosas) se incluyen potentes fármacos sintéticos que generan síndromes de abstinencia y aún hoy son objeto de debate científico acerca de su inocuidad. En la Lista I están incluidas únicamente sustancias naturales (salvo el LSD) como el opio, el cáñamo, la cocaína, las que a partir de entonces quedaron "prohibidas para todo uso, excepto el que con fines muy limitados hagan personas debidamente autorizadas en establecimientos médicos o científicos que estén bajo fiscalización directa de sus gobiernos".

Las sustancias de la lista I, usadas durante milenios por la humanidad, que eran científicamente prometedoras, se convierten en apenas unas pocas décadas en objeto de una implacable persecución. Mientras que los nuevos fármacos sintéticos, los de las listas II a IV, apenas sucedáneos de la cocaína y los opiáceos, ocupan el lugar de las drogas terapéuticas, que pueden ser automáticamente legales con el sencillo expediente de la autorización de un médico.

Se llega así al nuevo escenario: desde entonces hay drogas peligrosas, completamente prohibidas para todo uso, y drogas que pueden ser objeto de un uso apropiado. Léase con la autorización de un médico.

H. Halbach, responsable por entonces del área de farmacología y toxicología de la OMS no tuvo más remedio que decir que "es imposible establecer una correlación automática entre datos biológicos concretos y las medidas administrativas que han de tomarse". El reconocimiento de que la confección de las listas y los sistemas de prohibición no tenían nada que ver con la ciencia ni con la salud no podía ser más explícito.

La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), un organismo creado por el Convenio Único, jamás usó la definición de droga que utiliza el Comité de Expertos en Drogas de la OMS: "sustancia que al introducirse en el organismo puede modificar alguna de sus funciones". Les parecía que era demasiado neutra y científica, que no las demonizaba lo suficiente.

El segundo elemento decisivo, que cambiará de ahí en más la relación de los individuos con la fármacos es que, según esta convención, lo que distingue el "uso" del "abuso" (o uso ilícito) está fuera de cualquier consideración científica. ¿Cree alguien que la diferencia estriba en la cantidad de droga que se autoadministre cada uno, o en que la misma se adquiera legalmente o en el mercado negro? Se equivoca de cabo a rabo. Alguien puede tomar una sola vez droga e incurrir en "abuso" y alguien puede tomarla crónicamente y hacer un "uso" legal. Lo que distingue una cosa de la otra es ni más ni menos que "su autorización legal", como dice el artículo 30 del Convenio, que afirma que no puede haber abuso cuando la sustancia "haya sido entregada para uso médico o investigación científica". En contrapartida, el artículo 2.2. del Convenio afirma que será ilegítimo el empleo tradicional -que la convención llama "casi médico"-, o el lúdico, que llamará "no médico".

Ya tenemos la otra parte del decorado del escenario: el estamento médico obtiene el monopolio de decidir las formas de ebriedad a las que pueden acceder las personas.

Esa persecución inicial, que incluye la exigencia de destruir cultivos en todo el mundo coincide "azarosamente" con el auge de los fármacos sintéticos, algunos de los cuales, también "azarosamente", tienen propiedades similares a los prohibidos. Mientras se pide a los países productores de opio, coca y cáñamo que destruyan sus cultivos, se inunda el mundo con sucedáneos industriales sintéticos, considerados "sin potencial de abuso" por las convenciones. La industria farmacéutica, agradecida.

Ejemplo muy ilustrativo es lo que ocurrió con las anfetaminas, que empiezan a comercializarse en los años 30 y 40. En los 70 se empiezan a ofrecer en el mercado como píldoras contra la obesidad, para luego emplearse en usos clínicos como antidepresivos. Esta picardía de los laboratorios no se debía a que ignoraran que las anfetaminas eran el más potente estimulante sintético, carente de competidores en el mercado una vez prohibida la cocaína, sino porque los principios de la cruzada que se iniciaba prohibían ofrecer abiertamente efectos eufóricos o estimulantes. Hasta tal punto las anfetaminas eran parecidas en sus efectos a la cocaína que un equipo de investigadores de la Universidad de Chicago verificó experimentalmente en los años 50 la imposibilidad de que veteranos cocainómanos distinguieran cuándo se les daba una inyección intravenosa de una y otra sustancia.

Qué duda cabe de que con la legalización aumentan la libertad y la responsabilidad de los que usan determinados fármacos para intervenir en su vida psíquica. La legalización no obliga a nadie a pasar por esa experiencia, pero la prohibición sí impide (o dificulta en extremo) el derecho de quienes están dispuestos a vivirla. En vez de aprendizaje farmacológico, el actual estado de cosas pregona de hecho la más perfecta ignorancia.

Con la modernidad, el estamento clerical perdió su monopolio para sanar las almas y los cuerpos de los individuos a manos de los médicos. En materia de uso de fármacos se pasa de la era represiva a la terapéutica. Un fallo unánime del Tribunal Supremo Federal de Estados Unidos en 1962 fue el que impuso definitivamente ese cambio cultural, y con él el aumento del poder de los médicos: "El adicto no es libre para gobernarse sin ayuda exterior", sostenía el fallo.

El presidente de la Asociación Psiquiátrica Americana, K. Menninger, recomienda terminar con el castigo y comenzar con el tratamiento. Su paternalismo indica que "cuando una comunidad empieza a contemplar la expresión de conducta agresiva como síntoma de una enfermedad es porque cree que los médicos pueden rectificar esa situación. (...). Sencillamente no es cierto que la mayoría de la gente sea consciente de lo que está haciendo, no es cierto que no desee ayuda de nadie, aunque algunos lo digan".

La naturaleza cultural de la actual definición de "drogadicto" se pone de manifiesto en la creencia de que se trata de un "enfermo", como el que padece una úlcera o una pulmonía. El adicto o incluso el usuario irregular de drogas no padecerían un vicio, sino una "toxicomanía", una "enfermedad" que hasta entonces la ciencia médica no consideraba tal. Si antes era un hereje, ahora es un enfermo; en ambos casos se justifica desconocer su voluntad.

La peor tiranía es la que se ejerce por el bien de la víctima. Tal es lo que ocurre cuando se pretende curar a una persona en contra de su voluntad y por hábitos que no son una enfermedad. Quien crea que esto es una exageración, preste atención al artículo 40 de la ley sobre estupefacientes vigente en Uruguay. Dice que "el que fuere sorprendido consumiendo sustancias estupefacientes o usando indebidamente psicofármacos (nuevamente la diferencia entre las drogas de las listas I y el resto) o en circunstancias que hagan presumir que acaba de hacerlo (...), deberá ser puesto a disposición del Juez Letrado de Instrucción de Turno, a fin de que éste ordene un examen del detenido por el Médico Forense (...). Si del examen resultare tratarse de un drogadicto, el Juez impondrá el tratamiento en un establecimiento público o privado o en forma ambulatoria".

La condena y la prohibición de la automedicación -preceptos que se hicieron indiscutibles recién bien entrado el siglo XX- deberían ser puestos en cuestión. La función del médico no es "autorizarme" a tomar tal o cual medicamento, sino informarme de sus posibles efectos, para que yo en el pleno uso de mis facultades, decida si quiero hacerlo o no. Con excepción de los menores de edad, los incapacitados y casos de flagrante engaño, defender a alguien de una droga que nadie le obligaba a tomar era, para un individuo del siglo XIX, como defenderlo de un libro, un fonógrafo o un cuadro que nadie le obligaba a comprar.

Si consumir drogas es sinónimo de enfermedad, entonces la enfermedad es el estado social predominante, pues en mayor o menor medida todos las consumimos (legales o ilegales). Si se acepta algo tan evidente como esto, entonces la medicina debería rever sus paradigmas acerca del estado de salud o de enfermadad, porque los actuales ya no serían operativos.

Aunque a principios de siglo no había un solo Estado que tuviese leyes represivas, en la actualidad unos 20 contemplan en sus legislaciones la pena de muerte por el comercio o la simple posesión de drogas. Los detenidos se cuentan por millones cada año en el mundo. Los presos por tráfico o consumo de drogas son mayoría en prácticamente todos los países del mundo. Los detenidos por consumir o comerciar drogas equivalen al número de presos por motivos políticos en los siglos XVIII y XIX y a los encarcelados por motivos religiosos en los siglos XIV a XVII. La elección de las formas de ebriedad fue un hecho comprobado en todo tiempo y lugar. Ahora trata de imponerse como axioma que cualquier elección subjetiva es una enfermedad o un delito.

La breve exposición sobre la genealogía de la prohibición y el monopolio que ostentan los médicos sobre el uso de las drogas pretende poner en evidencia, por un lado el carácter cultural, ideológico si se quiere, de dicha prohibición y, por otro, la inconsistencia, desde el punto de vista del derecho moderno, cuando se penaliza a quien (supuestamente, hay que decirlo) se inflige un daño a sí mismo, ya que la ley en una sociedad democrática no está para proteger a las personas de sí mismas, sino contra terceros, cosa que en el caso del consumo de sustancias que alteran el estado de ánimo no es posible demostrar.

La aberración a la que asistimos en las sociedades que penalizan el consumo de drogas reside en el hecho de que delincuentes y víctimas pueden ser la misma persona, ya que la legislación represiva se funda en el principio de proteger al sujeto de sí mismo (como cuando se impone una multa si no se usa el cinturón de seguridad).

En ningún otro ámbito que no sea el farmacológico, nadie discute la necesidad de distinguir entre moral y derecho, o entre pecado y derecho. Es una conquista del pensamiento democrático moderno. Por eso, al margen de la inacabable (y prescindible en este caso) discusión acerca de los eventuales daños a la salud que puedan provocar las drogas, hay algo mucho más importante, algo que atañe a las libertades del ciudadano. Aun aceptando todos los postulados en los que se pretende basar la actual guerra contra las drogas, queda en pie una pregunta que casi nunca se responde: ¿el Estado tiene derecho a prohibirme que consuma un fármaco que no comporta daños a terceros? Si fuera verdad que todas las drogas son dañinas, el Estado no debería prohibir que los ciudadanos la consumieran, dado que sería dañina sólo para quien la usa, sino informar al ciudadano sobre los riesgos que comporta su uso.

Claro que muchos países democráticos ya han aceptado implícitamente que penar el consumo es una monstruosidad jurídica, que supone violentar toda la filosofía en la que se funda el derecho moderno. Para que haya delito, a diferencia de pecado, como se sabe, tiene que haber un daño a terceros, a su físico o a su patrimonio, cosa que evidentemente no ocurre en el caso del consumo de fármacos prohibidos, salvo que se acepte el despropósito de que el consumo es contagioso.

Tampoco en Uruguay se penaliza el consumo. En 1988 ante una comisión parlamentaria, el fiscal Miguel Langón se preguntaba en relación con el consumo de sustancias ilegales: "¿Dónde está la víctima? ¿Cuál es el perjuicio?". Efectivamente, la ley uruguaya no cae en la incongruencia de penar una conducta que, en la peor de las hipótesis, sólo entraña un perjuicio para el actor del "vicio/delito". Sin embargo, prohibicionista convencido, y además sincero, Langón agregaba lo siguiente: "la realidad jurisprudencial uruguaya coincide con mi opinión (...). Durante más de diez años hemos penalizado a los consumidores, lo que ha pasado es que hemos empleado una forma gatopardística y enmascarada de castigar la tenencia, el consumo". Es que el artículo 31 de la ley que castiga el consumo de drogas estimula la manera enmascarada de perseguir el consumo sin violentar las normas del derecho, porque dice que "quien introdujere en tránsito, distribuyere, transportare, tuviere en su poder no para su consumo, fuere depositario, almacenare, poseyere, ofreciere en venta o negociare de cualquier modo, alguna de las materias primas, sustancias", etc. será penado con 18 meses a 10 años de penitenciaría". En buen romance, ser depositario, almacenar o poseer son actividades que los juristas llaman actos preparatorios del consumo. Sólo se puede consumir si antes se fue depositario, se almacenó o se poseyó la sustancia. La legislación uruguaya reprime, pues, de forma indirecta el consumo. Se trata de una persecución que no osa decir su nombre. Ya sería hora de dejar de maltratar las libertades individuales.

Posteado por Alejandro - 10:44 AM

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viernes, abril 04, 2008

Blonde On Blonde, by Fabián Casla

Bob Dylan fue el primero en sacar un disco doble. El San Lorenzo del Toto Lorenzo fue el primer equipo argentino en salir bicampeón. En el lado uno, el Metropolitano, en el lado dos, el Nacional. Fue en el 72. Yo tenía siete años. Recuerdo estar en la cama de mis viejos, a colchón pelado -mi mamá sacaba todas las sábanas cuando limpiaba su dormitorio- viendo en blanco y negro la final que se estaba jugando en Núñez entre San Lorenzo y River. Como ya nos pasó varias veces en la historia cuando jugábamos un partido definitorio, esa tarde erramos un penal. Después el Lele Figueroa puso el uno a cero definitivo. Me acuerdo de que mi viejo volvió de la cancha y me alzó y me abrazó y me besó. Estaba afónico porque había estado en el Monumental desgañitándose, algo que sigue haciendo aún hoy a los 79 años.

¿Pero habrá sido así? O en realidad el día que me abrazó fue cuando volvió en el 74 después del partido contra Ferro, donde tiraron gases lacrimógenos y nos coronamos campeones con Zubeldía en el banco. Estaban Scotta y Ortiz, dos delanteros letales. Me acuerdo que en esa época se decía que Scotta ponía sus pies en un horno y que por eso lograba sacar esos terribles chutazos que se incrustaban en la red. Sí, eso decían.

Me acuerdo del Gasómetro, de la tribuna de los niños, pegada al alambrado por donde veíamos pasar corriendo al Sapo Villar. Me acuerdo del Mono Irusta en las figuritas superchapitas, con un buzo celeste. Había también una tribuna de mujeres y una para jubilados. El Gasómetro tenía olor a madera, porque estaba hecho con tablones. Después, en el 74 vino el Mundial, la muerte de Perón... Me acuerdo del Ratón Ayala llorando en la concentración alemana. Me acuerdo de la propaganda de Interminable, con la voz finita. Y el día que nos fuimos a la B, con mi papá enjaulado en su dormitorio, en pijama, sentado a los pies de su cama matrimonial, como un coloso sumergido.

Me acuerdo del mejor jugador que vi en mi life: el Gordo Rinaldi. El nos cuidaba -como un guardián en el centeno- cuando nos tirábamos a lo más hondo en la pileta de la ciudad deportiva. Me acuerdo de verlo venir corriendo hacia mí, que estaba en la popular de Vélez, en ese año que volvimos a la A y en el que casi ganamos el campeonato metiendo miles de goles. El gol de Husillos en Córdoba, desde la mitad de la cancha... Me acuerdo de la placita Butteler, un lugar onírico, como las pinturas metafísicas de De Chiricco. Podés pasar por uno de sus lados, pero no la vez, el teorema de la Butte: un lugar sin fin donde se juntan los extremos del horizonte azulgrana.

Me acuerdo de Tití, un amigo del barrio que inventaba las canciones de la barra del Casla. Mientras las iba componiendo, movía el dedo índice de la mano derecha, como si fuera una batuta invisible. Y la pantalla dividida con Gimnasia e Independiente por un lado y el Casla vs. Central por el otro. Infartante. O en el 75, cuando Alonso me hizo llorar porque nos lastimó con la belleza de su juego demoledor. La camiseta azulgrana del 68, con botones, la de piqué del 72 con cuello en V. La del Gordo Rinaldi blanca y con cuello largo. Recuerdo a mis amigos juntándose en la esquina de Boedo y Estados Unidos para salir caminando hasta Avenida La Plata. O los domingos en los que esperábamos que abrieran las puertas para entrar en el segundo tiempo.

Recuerdo una tarde de lluvia, un partido malísimo contra Ferro que ganábamos dos a cero y perdimos cuatro a dos. Mientras ganábamos nosotros cantábamos: "matadores/matadores". Cuando Ferro lo dio vuelta, nos contestaban; "de polillas, cucarachas y ratones". Recuerdo el ambiente expresionista del Gasómetro de noche, un partido contra Argentinos Juniors en el que Maradona nos dio un pesto bárbaro. Recuerdo las miles de cábalas que no sirvieron para nada. Y las que sirvieron para todo.

Hoy cumplimos cien años sin soledad. Una fuerza colectiva construida por mis seres queridos. Un pequeño lugar en el universo en el que me mantengo con una pequeña ayuda de mis amigos. Salud, Ciclón.

Posteado por Alejandro - 4:23 PM

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martes, marzo 18, 2008

Mataron a Kenny, by Fabián Casas



South Park es una serie de dibujos animados para adultos. Más que dibujados, parecieran estar hechos con recortes de papel glacé. Es una serie cínica y punk, mucho más salvaje que Los Simpsons. Los protagonistas principales son unos niños. Uno de ellos se llama Keny y lo matan en todos los capítulos de una manera salvaje y diferente cada vez. Una sierra, un estrangulador, un tren en marcha, lo que sea sirve para cargarse a Keny y que los niños de South Park larguen la muletilla: "¡Mataron a Kenny!". Así, rompiendo la linealidad temporal lógica de la trama, Kenny muere una y otra vez, en una repetición esperada y graciosa. Sólo está para que lo maten de la manera más atroz. Y a nadie le importa mucho más que eso.

Lo mismo viene pasando en nuestro país desde hace ya mucho tiempo. Puede ser un tren, una delación, una bala perdida, los autos, la desidia oficial o la riqueza acumulada en unos pocos, todo sirve para matar a alguien. El sábado pasado mataron a un joven hincha de Vélez que iba a ver su partido preferido. Para todos -salvo para los implicados directamente, sus familiares, sus seres queridos- mataron a Kenny. Que va a seguir muriendo una y otra vez, soportando el escarmiento que le han impuesto los perversos guionistas. Acá, en este lado del mundo, no existe Dios: existen los guionistas, los evangelistas salvajes que llenan la 9 de Julio, los cínicos cardenales de la iglesia católica y los políticos de carrera que buscan sacarse fotos con los evangelistas.

¿Qué hacen todos ellos? Utilizan la tristeza de la gente para su provecho personal. Ustedes saben que la ciencia ficción sucede en el pasado: Soy leyenda, un tipo caminando por una ciudad vacía y rodeada de vampiros es nuestro Buenos Aires. Acá nadie respeta a nadie, y mientras en los titulares de los diarios nuestro ministro baby face dice que "la economía argentina está sana", basta salir a la calle para ver una cantidad alarmante de niños, viejos y jóvenes durmiendo en cualquier lado, comiendo lo que les tiren o lo que puedan robar. Por otra parte, en el asfalto de las calles y de las rutas se está viviendo una carnicería que podría reducir a una pavada las fantasías eróticas y futuristas del Ballard de Crash: ahí matan a Kenny a todo lo que da. Ayer fue un anciano en Flores al que se le escapó el auto como si fuera un caballo enloquecido y arrasó con todo lo que se le ponía delante, o el chofer que cabeceaba en la ruta por el cansancio acumulado y se tragó un tren que terminó dejando a varias familias diezmadas para siempre.

Kenny, si vinieras a nuestro país tendrías muchas posibilidades de practicar tu número una y otra vez. Por ejemplo, te propongo las veredas angostas del centro o de San Telmo, donde los inmensos colectivos pasan a presión, sacándole punta al cordón de la vereda. Ahí te podrían destrozar a gusto. O un domingo, en la cancha, en un cruce con nunchakus y cuchillos entre barrabravas esponsoreados por los dirigentes de turno: ¡esa sí que sería otra buena muerte! Este es un país donde los Kennys del mundo tendrán miles de oportunidades de tener una muerte espantosa. Una de nuestras máximas es "algún culo va a sangrar". Otra: "Hay que hacer algo para parar esto porque le puede pasar a cualquiera". ¿No es genial , Kenny? La gente se opone a las cosas cuando pasan de castaño oscuro, porque le puede pasar a cualquiera, es decir, a uno. Y eso es lo peor de todo. Que le pueda pasar a uno. No se oponen porque está mal y hay que oponerse al mal, sino porque ese mal puede venir como un dardo envenenado justo a parar a nuestra pequeña mónada. A este pequeño iglú de percepción que logramos construir tras años y años de esclavitud consentida. Lois Ferdinand Celine tenía razón: habría que cerrar el mundo por lo menos durante dos o tres generaciones. Que no se diga más. Que así sea. Y rápido.

Posteado por Alejandro - 5:13 PM

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domingo, marzo 02, 2008

Apuntes gesellinos, por Pablo Strozza

¿Dónde va la gente cuándo llueve, en la costa y en plena temporada? ¡A los locutorios, a chequear mails y ver boludeces online! Así que acá van algunas pavadas que (se) me ocurrieron a lo largo de mi estadía en La Villa.


1) Gesell se mardelplatizó, para bien y para mal. El centro es imposible, pero vamos; las librerías son geniales y las disquerías pésimas; la oferta de espectáculos nula y los cines dan basura. Pero así como hay lugares que en La Feliz siguen manteniendo su encanto (Los Troncos, Playa Grande) en La Villa el Barrio Norte sigue siendo lo más. Las playas son inmensas, la gente de lo más hospitalaria, el Bosque brinda siempre el refugio deseado (recomiendo con fervor el bar El Tinglado, por si se desea aún más tranquilidad de la que el lugar brinda de forma natural). Para andar en ojotas all the day and all the night.


2) Lecturas playeras: la excelente bio de Shakespeare by Anthony Burguess (como siempre, el mancuniano la descose) y La aventura del tocador de señoras de Eduardo Mendoza (¡a sólo $ 10 en oferta!), hasta el momento la última parte de la saga del loco detective sin nombre adicto a la Pepsi Cola, al que todos llamamos Sugrañes (que se inicia con El misterio de la cripta embrujada y sigue con El laberinto de las aceitunas). Risas y satisfacción garantizada por parte del catalán, con un Sugrañes dado de alta del manicomio y con una incipiente carrera de peluquero en una Barcelona fea y menemista post Olimpiadas. Ahora arranqué con Todos los hermosos caballos de Cormac McCarthy (también a $ 10). Lo primero que leo de este señor, promete y mucho.


3) Me puse al día con el deporte. Vi Roma 2 - Real Madrid 1, un gran partido; el bodrio del Arsenal y el Milan; el concierto del Rey David en la semi desde el Buenos Aires; la fractura del brasilero Eduardo; a Irlanda y su triunfo con Escocia en el Seis Naciones y, claro, el empate injusto del Ciclón en la Libertadores y la merecida derrota en el Monumental. Adhiero al pedido de Fabián Casla después de ver Promesas del este, tras la pelea de Viggo en el sauna: ¡Piedrensen jefe de la Butteler!


El hit del verano: no se que me pasa que no puedo de dejar de tararear "Radios", de Emmanuel Horvilleur. Creo que se solucionará al llegar a mi casa en Baires, cuando ponga en mi equipo el disco 2 de las Peel Sessions de The Fall.


La frase: "Las Toninas No Problem" (vista en una calco pegada a un viejo pero impecable Mehari). Se complementa con la añeja aunque no poco actual de Damián Damore y Robert Vinnitchenko: "Las Toninas: es así en verano, imaginate en invierno...".

See ya soon, y un feliz feliz para Hernán en su día, con atraso.

Posteado por Alejandro - 11:07 AM

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viernes, febrero 22, 2008

La imagen del columnista




Maltin Capalost

Posteado por Alejandro - 5:30 PM

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Pleviamente en Lost, pol Maltín Capalost (*)

Pala Maliana Enliques, con amol.

会員ご本人様、会員の配偶者、会員の二親等以内の親族の方が特典をご利用いただけます。
特典をご利用いただけない期間や、有効期限などの制限があります。

会員ご本人様、会員の配偶者、会員の二親等以内の親族の方が特典をご利用いただけます。

親族の方が特典をご利用いただけます。家族でためる。家族でつかう。ド家族プログラム」


Traducción:

Lost es una serie que saca el niño que llevamos dentlo. ¿No tenemos miedo a la osculidad cuando somos chicos? ¿No le tememos al homble de la bolsa? ¿Al cuco? Una cosa es el miedo al avión y otla cosa es el miedo a molil. No es lo mismo. Un dato clave: el plóximo que muele es el compatliota de la yacuza. ¿Xenofobia? Milen el capítulo cuatlo de la segunda tempolada. Pásenlo de atlás pala adelante y escuchen lo que dice. Después hablamos...

(*) Especialista japonés en la serie de culto Lost.

Posteado por Alejandro - 5:02 PM

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lunes, febrero 18, 2008

Apoyo de Envar El Ladri


Ante todo, la transparencia. Nos llegó un mensaje de un poderoso empresario que se sumaría a JM Gamba para bancar el proyecto!

Si bien hoy desarrolla negocios en Oriente Miedo, en su momento bancó a los sudacas poniendo la tagui para el film revolucionario "Ahora estás en el horno", de Fino Sotana.

Sumate!!

Posteado por Alejandro - 9:07 PM

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CALENDARIO DE CHICAS PROGRES

Un producto que va a revolucionar el planeta tiene que contar con "anabólicos".
Por eso en ME Rehab ya estamos pensando en el Calendario CH-P.
Contactanos a través de un comment! (no tenemos mail porque todavía no arreglamos con los Fernandez para la publicidad) y participá de los sorteos!!!

Primer Premio: Un desayuno con Kuitca en La Biela
Segundo Premio: Una visita guiada a la manzana donde vive Zizek
Tercer premio: Un libro de Aira (podés elegir entre los 200 mil)
Cuarto Premio: Un llamado telefónico de Domin Choi

Sumate!!!!

Posteado por Alejandro - 8:36 PM

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DJ de JMG

Declaración jurada de John Michael Gamba, Accionista Oficial de Mal Elemento.

Yo, John Michael Gamba, juro que pongo la plata para apostar al cambio radical en los patrones hasta ahora existentes en Internet. Vamos a buscar un soporte alternativo que haga que la locura de Timothy Leary parezca una D.R.F. Para eso, describo mi liquidez:

1) Pongo todo lo que gané con una venta de una casita en Santa Teresita toda decorada con caracoles marinos.
2) Lo que me queda de un parripollo en sociedad con mi primo Tati.
3) Una plata que cobro por columnas sobre macroeconomía en un diario de Lanús Oeste.
4) Un rédito de un grupo inversor del cual formo parte con varios empresarios del pochoclo y con el cual compramos en su momento a varios jugadores de fútbol que no pudimos colocar en el soccer pero sí en el básquet como sparrings de los Globetrotters.

John Michael Gamba

Como unica condición reclamo:

1) Que Fabián Casas no escriba más en Mal Elemento, por su textos retrógrados, conservadores y antijuveniles. Una retórica que, dale que te dale, insiste en menospreciar al hip hop argentino, el punk mundial y a la bendita telefonía celular.
2) Que Pablo Strozza deje también de publicar en Mal Elemento, probada como está su anglofilia (cualquier cosa que venga de los piratas le parece genial), esto sumado a sus lamentables coberturas de los festivales de las lunas de Cosquín.
3) Limitar el radio de acción de Alejandro Lingenti a sólo subir materiales al blog, demostrado como está su incompetencia opinando sobre cine, música y lo que venga. Que se dedique a ser barman, que eso no lo hace tan mal.
4) Que vuelva Hernán Ferreiros: el único poseedor de talento, genio, inventiva y charm para vestir.

Posteado por Alejandro - 12:42 PM

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