domingo, agosto 22, 2010
lunes, agosto 02, 2010
Waiting for The Mundial, by Fabián Casas

EL ÚLTIMO LECTOR
Recuerdo una foto de Ernesto Guevara leyendo en la copa de un árbol durante sus últimos días, en Bolivia. Guevara escribió un diario y también algunos poemas. El diario del Che en Bolivia es un relato kafkiano genial. Es decir que los hombres de acción también pueden leer y escribir.
Es más difícil encontrar fotos de Maradona leyendo un libro. Hay una en la que está en una lancha hojeando una revista, pero no importa tanto que esté leyendo, sino que el punctum de la foto está en el habano inmenso y en el tatuaje de Guevara en su hombro al sol. Sin embargo, cuando a Maradona se lo acusa de alta traición, él decide leer.
Leyó un comunicado escrito por un ghost writer amigo suyo –y periodista- cuando salió a desmentir el ataque de Alfito Basile, quien lo acusaba de haber armado una camarilla para desestabilizar a su padre, el Rey del Talco. En ese momento, faltaban apenas días para que empezara el Mundial y el Diez no quería hablar de más (ya había sido sancionado por FIFA por un insulto famoso). Maradona, como Platón, es un logocentrista. Cree que la palabra de Dios es la palabra hablada. Y que la escritura es un mal menor, algo alejado de la vida, estéril y vacua, que suelen usar sus amigos y enemigos –depende de dónde se pongan-, los escribas pagos.
Ahora, cuando las papas queman de nuevo y Grondona decide bajarlo de la Selección, Maradona vuelve a ser el último lector, una página que podría agregar Ricardo Piglia a su famoso libro. Donde leemos: “quizá la mayor enseñanza de Borges sea la certeza de que la ficción no depende sólo de quien la construye sino también de quién la lee. No todo es ficción, pero todo puede ser leído como ficción”.
Maradona lee lo que le escriben, precisamente, porque no cree en lo que dice. Cuando Maradona no tiene dudas, pase lo que pase, entonces habla. La escritura, para él, es una manera de rebajarse. Leyendo torpemente, tiene algo del nuevo Charly García descafeínado que conocemos después de salir de la clínica de rehabilitación de Ramón Ortega. Por otro lado, cuando Maradona lee, no cobra, no trabaja. Es impensable, por ejemplo, que vaya a leer un comunicado escrito en el programa de Susana Giménez. Porque ahí hay money detrás y ellos pagan por el verdadero Maradona. El de las frases hirientes, el que se puede morir en cámara, mientras le subtitulan lo que dice. Y dice, por ejemplo “quiero ir a Irak”. ¿Se acuerdan?
Me encanta ese final de Reservoir Dogs, de Quentin Tarantino, cuando todos se apuntan entre sí. Hay un minuto tenso y largo donde uno piensa que no van a disparar, pero al final lo hacen, todos, y se matan, quedan en el suelo como cascarudos patas para arriba en una playa ventosa de Necochea. Contemos los muertos: Bilardo, Mancuso, Maradona, Grondona, Grondonita, Basile, Basilito, Ruggeri, Enrique, etc., etc.
Qué puntería descomunal. Aparte se tiran de cerca...
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