viernes, mayo 29, 2009

Por el camino de Swan Song, by Fabián Casas

Hace unos días el manager de Jimmy Page le dijo a la prensa que no iba a haber una nueva gira de Led Zeppelin: “Zeppelin se acabó, olvídense de ellos”, sostuvo. Semanas antes había salido con la contraria y había confirmado que Page, Jones y el hijo de John Bonham estaban probando cantantes para salir de gira ya que Robert Plant se había negado a volver a cantar por las rutas.

Page, Plant, Jones y el joven Bonham habían tocado el año pasado en Londres en un concierto que tuvo gran repercusión. La música y el aura de Zeppelin parecían seguir intactos y el metabolismo de la banda no daba muestras de rechazo al órgano implantado en la bateria: al fin de cuentas, Jason es de la misma sangre que John. Un corazón más joven para suplantar al corazón viejo y metálico del hombre que ponía de pie a Led Zeppelin en escena.

Como Zappa o los Beatles, Zeppelin aún muerto sigue editando discos extraordinarios que Jimmy Page saca de la galera de su archivo de cintas. Fue un grupo que revolucionó eso que se llamaba rock and roll y que permaneció unido hasta que la muerte los separó. John Bonham se ahogó en su propio vómito mientras la banda intentaba –con disco nuevo en las bateas- ensayar para salir de gira a principio de los ochenta. Era el regreso del Jedi, pero no pudo ser. Los rumores corrieron como Messi: ahí estaba otra vez la maldición de Zeppelin que ya se había cobrado a Karac, el hijo de Plant, y que les había provocado catástrofes financieras y accidentes de todo tipo. Todo, decía el vulgo, porque Jimmy Page era amante de la magia negra y ésta se le había escapado de las manos.

El periodista Stephen Davies en su libro clásico sobre Zepp El Martillo de los dioses, da cuenta de algunos sucesos en torno a la muerte de Bonzo: “Una revista de fans afirmaba que se había visto brotar un espeso humo negro de la casa de Jimmy el día en que murió Bonzo, y que el guitarrista había entrado en cólera destructiva cuando escuchó la noticia y había empezado a maldecir en extrañas lenguas. También fue resucitado el mentado rumor del famoso Album Negro. Esa leyenda decía que la banda había grabado un album lleno de cantos fúnebres que un escritor alemán afirmaba que había traducido del germano antiguo. Dos días después de la muerte de Bonzo, el Evening News de Londres, titulaba: "El misterio de la magia negra de Zeppelin”.

Kaspar Hauser apareció una tarde de primavera del año 1828 en la bella ciudad de Nuremberg. Tenía una edad mental de siete años en un cuerpo de muchacho. Parecía que un plato volador lo había dejado en ese lugar ya que nadie lo conocía, nadie lo reclamaba y él mismo no podía explicar dónde había estado durante todo ese tiempo. A parte de una historia real, se convirtió en un mito del romanticismo alemán. Un joven con un alma pura, inocente, que apenas logra vivir un lustro antes de ser, misteriosamente, asesinado. Hay personas que irrumpen con ese mismo misterio en la vida de uno. Carlos, quien en nuestro barrio iba a ser llamado rápidamente como Slowhand –en alusión al apodo de Eric Clapton- apareció una tarde caminando por la avenida Independencia. Era un joven apuesto, de pelo largo, que nos llevaba apenas unos años y que tocaba la guitarra. Rápidamente se hizo amigo de varios de los chicos que andaban siempre rastrillando las calles de Boedo y terminó ocupando un lugar en nuestra mesa familiar ya que su pasado –no tenía padres, había sido criado por las hermanas y trabajaba desde chico- era suficiente para que mi mamá lo adoptara. Nunca supe el apellido de Carlos. Sí supe que trabajaba en una zapatería que quedaba en la esquina de Carlos Pellegrini y Lavalle –ahora hay ahí un local de ropa- y que se esmeraba por no dar un paso en falso, por salir adelante de manera honesta. En la zapatería llegó a ser el encargado. Con apenas tres años de ventaja ya sabía más de la vida que nosotros, nenitos de mamá con las necesidades básicas resueltas.

Curiosamente, Carlos no tenía envidia, rencor ni nada esas cosas que suelen tener los que la tienen que yugar de chicos. No. Al contrario, nunca se quejaba y disfrutaba de todo. Con el tiempo, se hizo muy amigo de un tío nuestro y éste le dio un trabajo en su estudio de fotografía, donde aprendió el oficio de laboratorista. Pasaron muchos años, lo dejé de ver y me lo encontré una tarde en el diario Clarín, donde yo trabajaba. Ahora le decían Carlitos Escaner porque manejaba ese aparato. Tampoco tenía apellido. Charlamos un rato, me contó que se había casado con la ex mujer de un amigo en común del barrio. Nuestro amigo en común se había matado en un accidente de moto. Se llamaba Román. Tuve el fogonazo de la tarde en la que me vino a visitar para mostrarme la moto que se había comprado. Era de cross. La miré con el recelo que se mira a un animal poderoso. Román también era un poco más grande que yo y tenía un gran poder de fabulación. Era experto en un número que todos los chicos del barrio le pedíamos que repitiera una y otra vez: la imitación de cómo caminaban los muñecos televisivos del Capitán Escarlata. Lo estoy viendo. Román fue a Malvinas, estuvo en la rendición. Usaba lentes con culo de botella porque no veía nada. Tenía un encanto particular, me hacía acordar al Lennon de lentes redonditos y vestido de soldado de la película Cómo gané la guerra. De manera que Escaner o Slowhand –mi mamá le decía Lojan- nació en algún lado impreciso, fue criado por sus hermanas, apareció por el barrio de Boedo algún día de fines de los setenta y se especializó en fotografía a través de un tío mío. Consiguió un oficio y construyó una familia casándose con la mujer de un amigo fallecido. Era –y debe seguir siéndolo- fanático de Led Zeppelin. De hecho él fue el que trajo e instaló el culto de Zeppelin en el barrio.

Jimmy Page fue un chico callado, solitario, que no recuerda haber tenido compañero de juegos hasta que cumplió los cinco años. Dijo: “Ese aislamiento temprano tuvo mucho que ver en cómo me volví de mayor. Mucha gente no puede estar sola, se asustan, pero la soledad no me molesta en lo más mínimo. Me proporciona una sensación de seguridad”. A los quince años consiguió una guitarra española con cuerdas de acero. Empezó a tocarla. Con el tiempo se hizo músico de sesiones de discos de blues. Entró en los Yardbirds y los revolucionó. La cabezota se le había agrandado y ya tenía en su cerebro un estudio de grabación. Puede que alguien que esté leyendo esto no haya escuchado nunca tocar a Jimmy Page. Es una pena. Personalmente, nunca un guitarrista me impactó en vivo como él. Los Yardbirds le quedaron chico y armó otro grupo que se llamó Led Zeppelin. Esta banda instaló una forma de hacer rock como si fuera una nueva percepción en el mundo: cuando pasás cerca de una casa de comics donde se ven figuras medievales, superhéroes e imágenes parecidas a las de las sagas celtas, estas viendo –aún hoy- algo del imaginario de Led Zeppelin. Pero también cuando posás la vista sobre automóviles inmensos, lugares lujuriosos y vaqueros ajustados. La música de Zeppelin, que partió del blues y asimiló recursos de diferentes sonidos étnicos es difícil de catalogar sin correr el riesgo de quitarle frescura. Bastaría decir que Led Zeppelin II es tan clave para la música moderna como Sgt. Pepper's y que, después de este disco, la banda siguió sacando otros de igual envergadura.

Cuando John Cheveer, de niño, escuchó la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, se dijo a sí mismo: “Esto es tremendo. Así es como yo siento que es la vida”. Algo de eso nos pasaba a nosotros con la música de Zeppelin. Y me sigue pasando. Escuchando y viendo ahora el DVD de los recitales en vivo de Mothership no siento nostalgia, siento que es la música de mi presente, que ese sonido tan particular saca a la realidad de ese guiso espeso donde ésta se estanca en nuestra vida cotidiana y me crecen alas en los tobillos. Creo que podría volar. Hay algo de Zeppelin que se ha vuelto un clishé gracias a su múltiples imitadores que ha tenido en el rock pesado, heavy metal, hard rock, trash o lo que sea. Un clishé que se destruye ni bien aparece los primeros acordes de "Achilles Last Stand", por ejemplo. Con el ascenso de Zeppelin, Page dio rienda suelta a sus excentricdades. Fue fanático del brujo Aleister Crowley, cuyo lema de vida era: “Haz tu voluntad. Esa es la única ley”. Crowley, siguiendo al pie de la letra su máxima, vivía con muchas mujeres y tomaba asiduamente hachís, opio, cocaína y heroína. Murió perseguido por los acreedores huyendo de país en país. Con el tiempo, se inició un culto a su figura. Page compró la casa donde Crowley vivió, frente al lago Ness. A Page le gustaban las groupies muy jóvenes, invocar espíritus antiguos y los materiales de sadomasoquismo. También la heroína. Dicen que solía andar con un látigo para azotar mujeres. Cuando un periodista le preguntó qué estaba buscando, dijo: “Poder, misterio y el martillo de los dioses”. Ahora tiene el pelo blanco y largo y se parece al mago Merlín. Está casado con una argentina y suele venir de vez en cuando a la Gran Llanura de los Chistes. Dicen que tomaba ginebra en un bar de colegiales con los viejos del lugar. Me gusta pensar que Jimmy Page y Carlos Slowhand caminaron en círculo, orbitándose como planetas, por las calles de Buenos Aires. En algún punto se deben haber tocado, tienen que haber estado en el mismo lugar.

miércoles, mayo 27, 2009

Clem Snide/Hungry Bird




"En muchos sentidos, la de Clem Snide es una historia triste, casi trágica", decía Eef Barzelay, cantante y líder de la banda, en una entrevista publicada el año pasado. Más allá de de cierta sobreactuación, es cierto que el ambiente que rodeó la grabación de "Hungy Bird" no fue el más feliz del mundo: hubo una sucesión de peleas que motivaron la expulsión de un manager, se produjo el cierre de un sello y finalmente llegó la disolución de la banda, básicamente por los problemas que explotaron entre Barzelay y el guitarrista Pete Fitzpatrick.

Barzelay dejó que las aguas se aquietasen, grabó dos muy buenos discos solistas y ahora decidió lanzar un álbum que, a pesar de las rencillas, estaba casi listo para editarse. Y el resultado es encomiable: más en la línea de los discos de Eef, casi desprovisto de los clásicos arrebatos de adrenalina de Clem Snide (otro nombre inspirado por William Burroughs, igual que Soft Machine y Steely Dan, por ejemplo), "Hungry Bird" es un álbum íntimo y emotivo en el que brillan especialmente los dos primeros temas, que también son un señal clara de los intereses del cantante y guitarrista que hoy vive en Nashville: "Me No", que podría formar parte del repertorio del R.E.M. más inspirado, y "Born a Man", donde, aporte del productor Mark Nevers mediante, el guiño es para el rey del actual barrio de Barzelay, el genial Kurt Wagner, de Lambchop.

miércoles, mayo 13, 2009

Morrissey - "Years of Refusal"

No hay esperanzas de una vida mejor, ni amigos verdaderos, ni amoríos que terminen bien en estos días en los que el consumo de antidepresivos es regla ineludible para la supervivencia. Eso es lo que nos viene a decir, a través de su nuevo álbum, Morrissey, uno de los cantantes con más personalidad, talento y agallas de los últimos 25 años, el líder y referente indiscutido de los Smiths, la extraordinaria banda de Manchester que cambió el mapa del pop para siempre en apenas cinco años de carrera.

Apelando otra vez al pionero del pop-punk Jerry Finn -fallecido hace unos meses cuando tenía apenas 39 años y con quien había trabajado en "You Are the Quarry (2004)", el disco que marcó su regreso con gloria luego de siete años de doloroso silencio para sus fans-, Morrissey abandonó decididamente el lustroso barroquismo de su álbum anterior -"Ringleader of the Tormentors" (2006), producido por el veterano Tony Visconti-, para sumergirse en un sonido más rockero, cercano a la espesura y densidad de "Your Arsenal" (1992), uno de los picos de su carrera solista, e incluso a la época con The Smiths.

El ademán rejuvenecedor no parece casual: aunque con Mozz nunca se sabe, en distintas entrevistas ha dado indicios de un posible retiro que no tardaría tanto en llegar. Volver a la fuentes antes de la despedida, entonces, como gesto necesario para acabar definitivamente con las esperanzas de una reunión con Johnny Marr, Andy Rourke y Mike Joyce, un rumor que Morrissey nunca dejó crecer más allá de la especulación sin argumentos sólidos.

El primer corte del disco es el mid-tempo "I’m throwing my arms around Paris", editado en Europa y Estados Unidos como single cuya cara B es "Shame Is The Name", un tema cantado a dúo con Chrissie Hynde, la ex líder de The Pretenders, y que lamentablemente no forma parte del disco del disco. Pero la mayor sorpresa es sin dudas "When Last I Spoke to Carol", tema ideal para un spaghetti western, adornado apropiadamente con guitarras españolas y vientos mariachis, clara revelación de la fascinación que ha despertado últimamente en el cantante inglés la música de Ennio Morricone. La épica "It's Not Your Birthday Anymore" sirve para demostrar que la voz de Mozz permanece intacta: su falsetto recuerda al de la gloriosa "Well I Wonder" del disco "Meat Is Murder", grabado hace exactamente 23 años. En el trepidante "One Day Goodbye Will Be Farewell" aparecen otra vez los vientos, esta vez en medio de un tornado de guitarras y un colchón de teclados, mientras un Morrissey tan deliciosamente afectado como de costumbre reclama un viaje urgente al infierno.

Lo que "Years of Refusal" representa en esta etapa tardía de la carrera de Morrissey es la clásica puesta a punto del artista que le teme a los fantasmas de una madurez decadente. Morrissey no parecía correr ese riesgo -todos los discos de su carrera solista van de buenos a excelentes-, pero sonar tan vivo, crudo, y visceral, tan cándido y malvado al mismo tiempo, nunca está de más. Hay quienes han observado este disco súper enérgico como una especie de viagra sonoro recetado para contrarrestar la declinación de la potencia del pasado. Sin embargo, parece más justo leerlo como un nuevo exceso de alguien que vive su vida como si fuera un héroe de película.

Hace un tiempo, Morrissey se negó a tocar en Canadá porque allí está permitida la matanza de focas. "Se justifican diciendo que esa industria da trabajo a alguna gente. Igual que las cámaras de gas de las SS. Estoy seguro de que también daban trabajo a alguna gente", exageró. La declaración lo pinta de cuerpo entero: si hay que apostar, mejor hacerlo a pleno. Como en "Years of Refusal".

miércoles, mayo 06, 2009

Derrotero ...

... extraño, el de Jorge Lanata: de anunciar un cambio en la historia del periodismo que por lo visto no se produjo al teatro de revistas y la visita al programa de Tinelli, donde se enfrentó a su propio doble, encarnado por Miguel Angel Rodríguez. ¿Se viene la lucha en el barro con Chiche Rabioso Gelblung?

domingo, mayo 03, 2009

Hay alguien nuevo en la política: vos

- David Cruise. -Al pronunciar el nombre, Carradine enderezó la espalda-. Dirige el canal de cable de Metro Centre. Es muy popular y gusta a nuestros clientes.

- No lo dudo. Se ocupó del lanzamiento de algunos productos nuestros. Recuerdo un spot publicitario para cine sobre un nuevo microcoche. Era demasiado corpulento y no pudo entrar y tuvimos que prescindir de él. Pero cabe en la pantalla del televisor.

- Es bueno. Todos nos alegramos de que esté aquí. El presidente del distrito electoral piensa que sería un buen diputado.

- Claro que sí. Hoy la política está hecha a su medida. Sonrisas por todas partes, música ambiental, campaña de ventas que se libra de la necesidad de un producto... Hasta el carácter ladino. A la gente le gusta que la estafen. Les recuerda que todo es un juego.

(fragmento de "Bienvenidos a Metro-Centre, última novela de J.G. Ballard)