miércoles, abril 19, 2006

Crisis en la UBA

Lo m�s sensato que le� hasta el momento sobre el conflicto en la UBA. Apareci� el domingo en P�gina 12, con otras opiniones..

Actor de la vida pol�tica
por Lucas Rubinich
(Director de la carrera de Sociolog�a de la UBA y de la revista Apuntes de Investigaci�n)


Los problemas recientes relativos a la elecci�n de un nuevo rector en la UBA son el aspecto visible de un complejo proceso de deterioro de la instituci�n que promovieron las pol�ticas neoconservadoras. Es cierto que en la universidad existi� ?desde sus voces intelectuales, el movimiento estudiantil y los agrupamientos docentes? una resistencia importante a ese proceso que result� en una debacle de la ense�anza primaria y media a nivel nacional. No obstante, ese movimiento que hab�a logrado un importante predominio pol�tico cultural tambi�n en el propio mundo universitario p�blico dej� marcas fuertes y concretas.

En principio, una ley ?promovida por un organismo financiero y sostenida intelectualmente por especialistas en ciencias sociales y educaci�n de tradici�n progresista? que caracteriz� a la educaci�n superior como un servicio y no un derecho. Pero tanto o m�s indicador del predominio de esas perspectivas que promovieron el desprestigio de la acci�n pol�tica y transformaron en dificultades t�cnicas acotadas lo que eran problemas republicanos, es la fragmentaci�n y relativa despolitizaci�n de la comunidad universitaria.

Un presupuesto diez veces menor a otra de las grandes universidades latinoamericanas suma un elemento estructural que hace m�s compleja la situaci�n de deterioro. Probablemente el prestigio sostenido, aunque se transiten momentos dif�ciles, est� asociado a una impronta de alta valorizaci�n de la universidad p�blica que se sigue sosteniendo bajo la forma de pr�ctica cotidiana en amplias franjas de esta comunidad acad�mica m�s all� de posiciones pol�ticas o desencantos frente a ellas.

Pero un aspecto muy grave de las luchas, relativamente exitosas, por imponer una mirada tecnicista parcializadora, es que este deterioro no haya logrado transformarse en un verdadero problema p�blico, que la sociedad en su conjunto no pueda asumir que no debe existir, por ejemplo, este presupuesto universitario. Y que si hay problemas con los ingresantes no es que hay que restringir el ingreso, sino tomar como problema el conjunto de las pol�ticas educativas y no cristalizar la desigualdad.

Supone abordar en serio el problema educativo. Los dirigentes pol�ticos y funcionarios estatales, los que tenemos responsabilidad en el mundo universitario, podemos ?flotar? y de tanto en tanto hacer alg�n gesto pour la galerie o hablar en serio. El deterioro estructural que las instituciones educativas sufrieron en los ?90 es de tama�a dimensi�n, que s�lo se puede abordar pol�ticamente con agresividad sarmientina. Lo dem�s ser�n gestos que permitan continuar ?flotando? o discusiones t�cnicas amparadas en un eficientismo ahist�rico como promueven los organismos financieros internacionales y cuya �nica preocupaci�n sobre la universidad es que la creciente masividad del sistema p�blico sigue atada a la calidad. La universidad est� obligada, para salir de esta situaci�n, a ser una voz central, no en otorgar respuestas t�cnicas, sino en el debate de ideas sobre el pa�s.

Y, en verdad, la frutilla simb�lica del rancio postre del deterioro ser�a un rector portador de la deslegitimaci�n pol�tica cultural de haber sido funcionario de la dictadura. Esto supone, por encima de una descalificaci�n f�cil de individuos particulares, dar cuenta de la significaci�n pol�tico cultural que ese elemento incorpora a un espacio como el de la conducci�n de una de las m�s prestigiosas universidades de Am�rica que necesita para revitalizarse poder convertirse en una actor central de la vida pol�tica de la rep�blica...

En el desenlace de esta situaci�n coyuntural habr�a que considerar que esta comunidad universitaria no tiene muchas vueltas que dar para salir de este contexto dif�cil. O se transforma en promotora central de un debate sobre pol�ticas cient�ficas y tecnol�gicas, sobre perfiles profesionales y acad�micos en funci�n de las prioridades de la rep�blica, o se deja m�s o menos todo como est�, atendiendo problemas parciales, lo que supone no proponerse intervenir sobre las desigualdades educativas, sociales y econ�micas, dejando el futuro simplemente en las manos de quienes posean mayor capacidad de imposici�n de pol�ticas concretas sin haber intervenido en el debate.

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