viernes, abril 27, 2007

Rumble Fish: la cantinela eterna de los mitos, by Fabián Casas

Para mis hermanos.-


Teníamos un rito con mis viejos. Cuando me empecé a poner grande y ya no festejaba mi cumpleaños en casa, optábamos por salir los tres juntos (y solos, sin mis hermanos, sin nadie) a algún lugar que yo eligiera. El último cumpleaños que festejamos de esta manera fueron mis 23. Yo había regresado de un viaje de dos años y realmente estaba contento de volver a estar con ellos. Para esa ocasión me había empecinado en que los tres viéramos Rumble Fish, la película de Coppola que en ese entonces daban en un cine de la calle Esmeralda y que era promocionada como una de aventuras juveniles con los galancitos yanquis del momento.

La ley de la calle era el subtítulo en español. La había visto a la semana exacta de mi regreso sin gloria. Y sabía que no era una película simple de aventuras juveniles. De hecho, creo que nunca antes había salido del cine tan perturbado. Se contaba en Rumble Fish una historia lineal de cabo a rabo y sin complicaciones. Pero también respiraba de fondo un arsenal misterioroso (como en los grandes relatos de H.P. Lovecraft) que, de alguna manera, Coppola había logrado sintetizar en sonido, imagen y texto.

Cada fotograma de Rumble Fish tenía una ontología que lo verticalizaba. Trabajaba, para decirlo en términos de brujería, sobre el nagual y no tanto sobre el tonal (1). Desde entonces volví a ver este largo y oscuro poema infinidad de veces.

Mi papá se durmió por la mitad del film. Mi mamá se angustió y me recriminó que la llevara a ver cosas donde terminaba todo mal. Lo cierto es que durante su corta vida ella y yo pocas veces llegamos a entendernos.

¿Por qué quería que mis viejos vieran esa dichosa película? Creo que porque Rumble Fish surge del territorio de los sueños (donde ahora mora mi madre). Creo, también, que si se tratara sólo de una película, la cosa no pasaría más allá de un comentario al margen. Pero Rumble Fish es un poema que infecta el cuerpo de una película para traernos noticias del mundo sumergido. El mundo del que estamos hechos tanto los padres como los hijos (del que no se puede escapar), pero al que, en algún momento de nuestra educación, perdemos de vista. La religión se institucionalizó mientras estábamos despiertos, pero se creó mientras soñábamos.

Como todo gran poema, Rumble Fish no está terminada. Está siempre por hacerse cada vez que alguien se le acerca (a éste tipo de películas uno no se las pone a ver, se les acerca como si se tratara de un animal numinoso).

Ya dije que la vi a lo largo de los años, en diferente momentos (años buenos, años malos, años insípidos) y siempre me produjo algo diferente. Tal vez por eso sea un clásico, es decir, un poema, una canción o lo que sea que de alguna manera establece ella misma los parámetros sobre los que va a ser percibida. No depende de ninguna coyuntura y su materia esencial no tiene fecha de vencimiento.

Como le replicó Eugenio Montale a Pasolini cuando éste lo acusó de burgués porque le cantaba al paso del tiempo en vez de reflejar las injusticias sociales: "Querido Malvolio, no hay que cambiar lo esencial por lo transitorio". Sin duda hay injusticias sociales. Pero también hay injusticias esenciales. En un momento central del film, Rusty James (Matt Dillon) -después de recibir una golpiza- le dice a su hermano (Mickey Rourke) con tono de lamento "quiero volver a casa". Pedido que los gnósticos antiguos hicieron hace millones de años y por el cual, entre otras cosas, fueron perseguidos hasta el exterminio.

Lo cierto es que el camino a casa nunca estuvo bien señalizado. Para encontrarlo, parecería decir Rumble Fish, hay que desprenderse de los afectos y no dejarse atrapar por el mundo convencional de la vida ordinaria (el hermano mayor debe abandonar al menor sacrificándose para que éste reviva, según la cantinela eterna de los mitos). Aunque volverse inaccesible y nómade como el chico de la moto que encarna Rourke, es una tarea de impecabilidad titánica.

Dijo el padrino Francis: "Rumble Fish es una especie de novela existencial para jóvenes. Su tema dice que es necesario abandonar a las personas que se ama si se quiere sobrevivir. Y su héroe es un muchacho que idolatra a su hermano mayor. He tenido la idea de hacer un film de vanguardia para adolescentes, cosa que prácticamente no existe. En música se puede hacer, se sabe que los jóvenes tienen un oído que acepta la innovación y la complejidad. Pero no se intenta hacerlo nunca en cine".

Coppola venía de fundirse la cabeza y el bolsillo con Apocalipsis Now y entonces prefirió trabajar estilísticamente sobre una película de bajo presupuesto y con actores jóvenes (Rourke, Dillon, Chris Penn, Nicolás Cage, Diana Lane, Larry Fishburne). De la patriada de Vietnam sólo trajo a Dennis Hopper (2), quien interpretaba al padre borrachín de los hermanos. Tom Waits (3) tenía un papel corto pero inolvidable y Sofía Coppola hacía de una nenita molesta (aún hoy sigue haciendo el mismo papel). Fue filmada en Tulsa -donde simultáneamente también rodó The Outsiders- y cuando finalmente se estrenó, los críticos la molieron a palos. Gran parte del público se durmió como mi viejo en las salas y fue un fracaso comercial para Zoetrope.

Para contar de qué va Rumble Fish es necesario poner por delante de los enunciados la palabra "parece". La película de Coppola parece una película sobre pandillas similar a las de James Dean. Parece un homenaje del director de El Padrino a este subgénero conocido como melodrama juvenil. También parece la historia de iniciación de un adolescente tratando de recorrer los caminos del héroe según los trazó Joseph Campbell.

La novela de S.H. Hinton sobre la que está basada la película es sencilla y de poco vuelo. Pero bajo la relectura de Coppola se vuelve algo serio. Como suele suceder con la obra de Kafka, al film se lo puede interpretar desde diferentes ángulos. El psicoanalítico, marxista, estructuralista, etc. Zizek también se podría hacer una panzada lacaniana con Rumble Fish.

Sin embargo, creo que el valor esencial del poema de Coppola está en su zona de ininterpretabilidad. Para empezar, a pesar de estar cruzada enteramente por relojes y de que uno de sus personajes (Benny) reflexiona sobre el paso del tiempo, la época en que transcurre la historia no es fechable. Sólo Rusty James hace alusión en un momento a los Beach Boys.

Cada escena está unida por imágenes aceleradas de la ciudad o del paso de las nubes en un cielo extraño. Las sombras de las escaleras se acortan o se alargan en un alarde impresionista cuya partitura extraordinaria es la música de Stewart Copeland. Las siluetas de los personajes también aparecen en sombras precediendo a los mismos, como si se tratara de una gran alegoría de las cavernas. Y todo está rodeado por un humo blanco de origen desconocido. Pero es claro que no es el humo de hielo seco que antecede a la salida de la bandas de rock, más bien es la niebla de Amarcord, donde los hombres y las bestias se pierden.

Hace poco leí una reflexión de Bergman sobre Andrei Tarkovsky, decía: "Cuando el cine no es documento, es sueño. Por eso Tarkovsky es el más grande de todos: se mueve con libertad absoluta en el mundo de los sueños". Es verdad. Voy a cometer la estupidez de enunciar una ley estrictamente personal: el cine que me impacta es ese que, en un movimiento mental spinoziano, intenta salirse del cine porque ahí sólo se puede aspirar a ganar algún festival y ocupar un lugar como jurado en otra futura fecha de otro bendito evento cinematográfico. Eso no tiene nada que ver con filmar poemas. En este sentido, Solaris, El sacrificio, Stalker o la grandiosa La noche del cazador de Charles Laughton, trabajan en terrenos oníricos y son hermanas de Rumble Fish.

Cuando se hace de día, trabajando, dale que dale, está el ruido metalúrgico de las asociaciones de los críticos, las fotocopiadoras de la cultura y el sistema de puntaje deportivo: ya es común que un crítico cinematográfico vea una película en privado y después tenga que correr para publicar su reflexión contra reembolso. También les pasa a los críticos de libros y de música. ¿Cómo puede ser que uno tenga lista en unas horas una crítica que tal vez deba llevar unos 20 años en sedimentarse en el espíritu para saber qué fue lo que vimos?

Sabemos que existen estas demandas y que uno tiene que ganarse la vida, pero por lo menos podríamos dejar de tomarnos tan en serio. A veces escuché a críticos puntuando una película o largando la muletilla: "escribí a favor" o "escribí en contra". Lo mismo pasa con los festivales: surge una irrefrenable ansiedad por tratar de consumir todo lo que nos ponen en el plato. Esto es la retórica de la industria, como la Feria del libro y el Congreso de la Lengua. Pero filmar o percibir un poema no tiene nada que ver con esto.

Rumble Fish es una película de bajo presupuesto de Francis Ford Coppola. Es, probablemente, el punto más alto de este director y también del protagonista central: Mickey Rourke. Habla sobre la relación de dos hermanos encerrados en un barrio periférico, sin salida. Uno es casi un mito, tanto que no tiene nombre y su nombre es su función: El Motociclista. El otro quiere ser como él. La película está cargada de significación, con símbolos a granel. Pero igual -y esto la hace fascinante- termina siendo inasible. Las paredes de las calles tienen tallados grafittis que dicen "The Motorcycle Boy Reigns". Los que tuvimos la desgracia o la suerte de crecer en un barrio, sabemos qué significa eso.

(1)Ver Carlos Castaneda, Relatos de Poder: La explicación de los brujos.
(2)Coppola parece decir que si a Hpoper no lo mataban en el final de Busco mi destino, el destino que iba a encontrar era el de un abogado borracho que vive del seguro social. Fin de la contracultura.
(3) Esta película también tiene la particularidad de que Tom Waits no hace de Tom Waits, como en muchas otras películas malísimas.

sábado, abril 21, 2007

Weeds

Hasta el año pasado sólo los que pagaban el dinero extra para tener el canal Movie City, dentro del paquete de TV por cable, podían ver Weeds,la serie que Newsweek definió hace un tiempo como "la comedia televisiva de la que más se ha hablado en años". Si bien la incorrección política es moneda corriente en el universo de la sitcom, Weeds (ahora en el canal abierto The Film Zone) va, en más de una oportunidad, un poco más allá de lo habitual.

La protagonista de la historia es Nancy Botwin (Mary-Louise Parker, quien ganó un Globo de Oro el año pasado por este trabajo), una joven, bonita, dulce y conflictuada mamá viuda que decide mantener a sus dos hijos trabajando. ¿Qué tiene esto de novedoso? Que el trabajo que le permite mantener la economía familiar en pie no es muy convencional para el caso: mamá Nancy es dealer.

Su zona de influencia es Agrestic, suburbio americano que funciona como un mundo cerrado habitado por una fauna tan extraña como entrañable. Y su nuevo amor, un agente de la DEA (Martin Donovan, actor fetiche de Hal Hartley)... Los nenes de mamá son Shane, un chico obsesionado con la muerte de su padre que no logra integrarse a su entorno –entre otras cosas porque razona como un adulto a veces brillante, a veces neurótico- y Silas, su hermano adolescente, buen mozo, tierno, inteligente y enamorado de una una compañera escolar sorda que, para colmo, se aleja de él cuando es admitida en una universidad.

El resto de los personajes no son menos extravagantes: una familia negra que provee de marihuana de primerísima calidad a Nancy; un contador simpático pero dudosamente eficiente que vive en una nube de porro; el hermano del papá ausente, un melancólico freak a tiempo completo que intenta convertirse en rabino para escapar de una convocatoria para que sirva como militar en Irak; y un matrimonio a punto de disolverse a diario integrado por un abogado fumón que tiene sexo salvaje con su profesora de tenis japonesa y una mujer madura, elegante y cínica –Celia (Elizabeth Perkins), probablemente, el mejor personaje de la historia- que destila veneno sin parar hasta que toma conciencia repentinamente de que la muerte no es una estación tan lejana.

Todos ellos tienen, en medio de sucesivas crisis emocionales y existenciales, momentos de iluminación, pequeñas epifanías que generan una ineludible empatía. Pero si hay algo que exhibe sin tapujos Weeds, además de su postura genuinamente relajada con respecto al consumo controlado de drogas (los personajes de la serie tampoco le hacen asco a los los fármacos, por ejemplo), es la profunda convicción de que el mundo se convierte muchas veces en un lugar francamente insoportable sin la ayuda de algún estimulante. Algo que no es necesariamente bueno ni malo y que a esta altura resulta bastante obvio. Weeds es, como dice un slogan tan berreta como gastado, “como la vida misma”. En ese terreno les saca varios cuerpos de ventaja a los plastificados seriales argentinos que se jactan falsamente de lo mismo. Pero esa autenticidad se impone gracias a un pequeño detalle: más que reflejar mecánicamente la realidad, Weeds de alguna forma la poetiza, una operación tan efectiva como un buen joint.

jueves, abril 19, 2007

Sobre Kurt Vonnegut, by Fabián Casas

El subte, a veces, puede ser un lugar de redención. Ayer,en medio del clima asmático y pegajoso, un niñín leía, de parado, Barbazul, de Kurt Vonnegut. Me emocioné. Por un lado está el demoledor cambio climático, el imbécil de Telerman pensando que hacer cultura es traer a Tom Waits, Tinelli confirmando la sentencia Zappiana de que lo que más abunda en el mundo es el oxígeno y la estupidez, el maestro asesinado que renace en una pancarta piquetera bailando por un sueño y los nenitos encerrados en una casa para solaz de los que no pueden pasar la noche en vela. Y toda la mar en coche. Pero por el otro sigue Kurt. Hay una canción que cantan las hinchadas que me gustaría cantarle al viejo letal de Indianápolis: No te vayas campeón/quiero verte otra vez.

Kurt Vonnegut fue un veterano de guerra que debió soportar dos tragedias: una colectiva y otra más personal: el bombardeo de Dresde que hizo puré a toda la ciudad -y del que se salvó encerrándose en un matadero- y el suicidio de su madre. Comprendió muy temprano que el horror, a determinado nivel de ebullición, se debe convertir en risa o corremos el serio peligro de quedar turulatos. Escribió varias novelas extraordinarias: Matadero cinco, Las Sirenas de Titán, Barbazul, Buena Puntería, Cuna de Gato. Supongo que cada lector del Viejo debe tener su preferida: la mía es Las Sirenas de Titán. En ella Kurt utiliza el truco de tomar prestado recursos de la ciencia ficción para enmascarar un relato descaradamente realista. Como es realista La metamorfosis, de Kafka. Sobre el final de su vida de escritura, Vonnegut tenía un estilo: era una mezcla de Louis Ferdinand Celine y el cómico Juan Verdaguer. Parece que hace una semana se cayó y se hizo trizas. Con daños irreversibles en el cerebro, entró a boxes. Los que leímos sus libros con pasión, sabemos dónde está ahora. Nos vemos, Kilgore Trout!

domingo, abril 08, 2007

Floating On The Bafici I

Strozza y yo nos hemos visto mucho más de lo común en estos días. Entre otras ventajas que trajo aparejada esa mini-convivencia, me ligué de su parte un gran regalo, la biografía de Hemingway que escribió Anthony Burguess, en una edición muy coqueta que Pablo trajo desde su otra experiencia cinéfila reciente en MDP.

Arrancamos nuestro primer día en el festival viendo 9 Star Hotel, un shockeante documental de Ido Haar que cuenta la miserable vida de un grupo de trabajadores palestinos que debe ocultarse en unas colinas cercanas a los territorios ocupados por el estado de Israel para evitar ser apresados por sus fuerzas de seguridad. Coincido con Pablo: no es una película para ver si uno está bajo de defensas emocionales. Y la conclusión es obvia: gente que trata así a los demás no puede tener razón. Fuck off, Israel.

Después vimos un documental sobre los problemas de Lennon en USA que no agrega demasiado a lo que se sabe hace rato y que además presenta una visión idílica del ex beatle que se parece mucho a la versión de la historia que Yoko Ono prefiere difundir. Hay mucho material de Anthology y pocas ideas e información nueva. Cada aparición de Lennon es formidable, como también se sabe de sobra. Pero Lennon es un personaje mucho más complejo y con más contradicciones que el que presenta la película. Lo mejor de ese día fue encontrarse con DJ JavDiz, en la cumbre de su popularidad en los ambientes nocturnos, y el nuevo zar de la literatura vernácula, Mariano V. Y lo mejor de lo mejor, la magistral pizza de Burgio (Cabildo al 2400), que le rompe el culo a los inventos gastronómicos de Palermo Hollywood, ratifica que la pizza es al molde o no es y deslumbra por la atención a la bartola de su heterogéneo plantel de mozos.

El jueves vimos la primera tanda de films de Peter Whitehead, reportero privilegiado de los felices 60. Luego de superar el malestar que le produjo el mal funcionamiento del aire acondicionado y la decisión de la gente de la Alianza Francesa de dejar las luces de la sala encendidas durante los primeros quince minutos de la exhibición, Strozza aprobó el menú. A mí me gustó mucho más la película que este muñeco hizo sobre el Swinging London (Tonite Let's All Makes Love in London), sobre todo por las declaraciones de Michael Caine y Julie Christie y la impagabale secuencia de Vanessa Redgrave cantando como el culo Guantanamera. Las películas de Whitehead permiten inferir, además, que los Stones no se hubiesen convertido en la merda que son hoy de haber seguido Brian Jones con vida y en la banda.

Luego vi Monkey Warfare, la película de un gigante de pelo largo al que le pregunté algo en la puerta del Atlas Santa Fe sin saber que era canadiense, lo cual complicó un poco la charla. Por lo que leí en otros blogs, la película gustó bastante. A mi me parece que tiene una primera mitad interesante (la que narra la relación que se arma entre una pareja de ex militantes setentistas y una jovencita dealer que sólo podría dedicarse a esos menesteres en una ciudad como Toronto). Todo lo que viene después, algo que el director nos quiere decir sobre la evolución de la política de aquellos tiempos revolucionarios hasta hoy en un tono entre semicínico y nostálgico, me resultó confuso y hasta haragán, pero a la gente que colmó la sala le pareció digno de un cerrado aplauso. Sobre las comparaciones con Godard prefiero no opinar...

Old Joy, la película con la que convencí a Casas de que pise el festival, fue en cambio lo mejor que vi hasta ahora. Una película sencilla y muy emotiva sobre la amistad masculina que, curiosamente, hizo una mujer. Wild Oldham la descose y la música de Yo La Tengo es tan discreta como lo requiere la historia. Encima, dura apenas 75 minutos. Ojalá la estrenen.

Los dos documentales de Jem Cohen que vimos son extraordinarios, a la altura de las bandas a los que están dedicados, The Ex y Fugazi. No se los pierdan. Me animo a decir que hay que ver todo lo de este Cohen, que suele filmar casi en solitario, con los medios que tiene a su alcance, una política en extrema sincronía con los universos y personajes que retrata. El partido Estudiantes - San Lorenzo y el cumpleaños de Casas en un lugar donde hay que ser experto en astronomía y física cuántica para pedir los platos (un invento de la mayor artista conceptual de la actualidad porteña, GG Masche) impidieron que veamos más películas el sábado.

Hoy, domingo, vi Copacabana, documental de Martín Rejtman sobre la comunidad boliviana en Buenos Aires que originalmente se iba a exhibir en Ciudad Abierta (creo que con el cambio de autoridades nunca lo mostraron). En todo caso, la extravagante idea de que Rejtman sea el elegido para ese trabajo dio buenos resultados: la película denota al mismo tiempo extrañamiento, curiosidad y respeto por lo que muestra, algo que no es tan frecuente en un género más dado a bajar línea sin más. Tal como decía alguien a la salida de la función, Copacabana deja con ganas de ver más de esa historia que Rejtman cuenta con sutileza e inteligencia.

Ahora se impone TyC Sports, a ver si el cantante de protesta que dirige a River puede cambiar la historia contra un equipo que tiene como figura a un tipo que se llama Pepino...

Good afternoon.

lunes, abril 02, 2007

Tres programas grabados

Por un gran amigo que vive en Madrid.
http://maldeojo.blogspot.com/

Para que la espera no sea tan larga. En breve novedades...

Saludos a todos.-

domingo, abril 01, 2007

Ultimo programa

Habitantes (Daniel Melero)
Dame una señal (Virus)

The Word (Fugazi)
These Importants Years (Husker Du)

Kiss of life (Supergrass)
Smiling (Beta band)

Ashes to ashes (David Bowie)
North Star (Darryl Hall & Robert Fripp)

Jijiji (Crema del cielo, inedito)

I´ve been tired (The Pixies)
Some disputes over t-shirt sales (Butthol surfers)

Northn whale (The good, the bad and the queen)
Ghost (The Jam)

El mato a un policia motorizado
Amigo piedra
Vienen bajando
Head on

Keep on Keeping on (Curtis Mayfield)
Somewhere not here (Alpha)

We´ll meet again (Johnny Cash)

Hasta aqui llegamos.
Gracias por escuchar.
Saludos a todos.

Hernan