Hace unos días el manager de Jimmy Page le dijo a la prensa que no iba a haber una nueva gira de Led Zeppelin: “Zeppelin se acabó, olvídense de ellos”, sostuvo. Semanas antes había salido con la contraria y había confirmado que Page, Jones y el hijo de John Bonham estaban probando cantantes para salir de gira ya que Robert Plant se había negado a volver a cantar por las rutas.
Page, Plant, Jones y el joven Bonham habían tocado el año pasado en Londres en un concierto que tuvo gran repercusión. La música y el aura de Zeppelin parecían seguir intactos y el metabolismo de la banda no daba muestras de rechazo al órgano implantado en la bateria: al fin de cuentas, Jason es de la misma sangre que John. Un corazón más joven para suplantar al corazón viejo y metálico del hombre que ponía de pie a Led Zeppelin en escena.
Como Zappa o los Beatles, Zeppelin aún muerto sigue editando discos extraordinarios que Jimmy Page saca de la galera de su archivo de cintas. Fue un grupo que revolucionó eso que se llamaba rock and roll y que permaneció unido hasta que la muerte los separó. John Bonham se ahogó en su propio vómito mientras la banda intentaba –con disco nuevo en las bateas- ensayar para salir de gira a principio de los ochenta. Era el regreso del Jedi, pero no pudo ser. Los rumores corrieron como Messi: ahí estaba otra vez la maldición de Zeppelin que ya se había cobrado a Karac, el hijo de Plant, y que les había provocado catástrofes financieras y accidentes de todo tipo. Todo, decía el vulgo, porque Jimmy Page era amante de la magia negra y ésta se le había escapado de las manos.
El periodista Stephen Davies en su libro clásico sobre Zepp El Martillo de los dioses, da cuenta de algunos sucesos en torno a la muerte de Bonzo: “Una revista de fans afirmaba que se había visto brotar un espeso humo negro de la casa de Jimmy el día en que murió Bonzo, y que el guitarrista había entrado en cólera destructiva cuando escuchó la noticia y había empezado a maldecir en extrañas lenguas. También fue resucitado el mentado rumor del famoso Album Negro. Esa leyenda decía que la banda había grabado un album lleno de cantos fúnebres que un escritor alemán afirmaba que había traducido del germano antiguo. Dos días después de la muerte de Bonzo, el Evening News de Londres, titulaba: "El misterio de la magia negra de Zeppelin”.
Kaspar Hauser apareció una tarde de primavera del año 1828 en la bella ciudad de Nuremberg. Tenía una edad mental de siete años en un cuerpo de muchacho. Parecía que un plato volador lo había dejado en ese lugar ya que nadie lo conocía, nadie lo reclamaba y él mismo no podía explicar dónde había estado durante todo ese tiempo. A parte de una historia real, se convirtió en un mito del romanticismo alemán. Un joven con un alma pura, inocente, que apenas logra vivir un lustro antes de ser, misteriosamente, asesinado. Hay personas que irrumpen con ese mismo misterio en la vida de uno. Carlos, quien en nuestro barrio iba a ser llamado rápidamente como Slowhand –en alusión al apodo de Eric Clapton- apareció una tarde caminando por la avenida Independencia. Era un joven apuesto, de pelo largo, que nos llevaba apenas unos años y que tocaba la guitarra. Rápidamente se hizo amigo de varios de los chicos que andaban siempre rastrillando las calles de Boedo y terminó ocupando un lugar en nuestra mesa familiar ya que su pasado –no tenía padres, había sido criado por las hermanas y trabajaba desde chico- era suficiente para que mi mamá lo adoptara. Nunca supe el apellido de Carlos. Sí supe que trabajaba en una zapatería que quedaba en la esquina de Carlos Pellegrini y Lavalle –ahora hay ahí un local de ropa- y que se esmeraba por no dar un paso en falso, por salir adelante de manera honesta. En la zapatería llegó a ser el encargado. Con apenas tres años de ventaja ya sabía más de la vida que nosotros, nenitos de mamá con las necesidades básicas resueltas.
Curiosamente, Carlos no tenía envidia, rencor ni nada esas cosas que suelen tener los que la tienen que yugar de chicos. No. Al contrario, nunca se quejaba y disfrutaba de todo. Con el tiempo, se hizo muy amigo de un tío nuestro y éste le dio un trabajo en su estudio de fotografía, donde aprendió el oficio de laboratorista. Pasaron muchos años, lo dejé de ver y me lo encontré una tarde en el diario Clarín, donde yo trabajaba. Ahora le decían Carlitos Escaner porque manejaba ese aparato. Tampoco tenía apellido. Charlamos un rato, me contó que se había casado con la ex mujer de un amigo en común del barrio. Nuestro amigo en común se había matado en un accidente de moto. Se llamaba Román. Tuve el fogonazo de la tarde en la que me vino a visitar para mostrarme la moto que se había comprado. Era de cross. La miré con el recelo que se mira a un animal poderoso. Román también era un poco más grande que yo y tenía un gran poder de fabulación. Era experto en un número que todos los chicos del barrio le pedíamos que repitiera una y otra vez: la imitación de cómo caminaban los muñecos televisivos del Capitán Escarlata. Lo estoy viendo. Román fue a Malvinas, estuvo en la rendición. Usaba lentes con culo de botella porque no veía nada. Tenía un encanto particular, me hacía acordar al Lennon de lentes redonditos y vestido de soldado de la película Cómo gané la guerra. De manera que Escaner o Slowhand –mi mamá le decía Lojan- nació en algún lado impreciso, fue criado por sus hermanas, apareció por el barrio de Boedo algún día de fines de los setenta y se especializó en fotografía a través de un tío mío. Consiguió un oficio y construyó una familia casándose con la mujer de un amigo fallecido. Era –y debe seguir siéndolo- fanático de Led Zeppelin. De hecho él fue el que trajo e instaló el culto de Zeppelin en el barrio.
Jimmy Page fue un chico callado, solitario, que no recuerda haber tenido compañero de juegos hasta que cumplió los cinco años. Dijo: “Ese aislamiento temprano tuvo mucho que ver en cómo me volví de mayor. Mucha gente no puede estar sola, se asustan, pero la soledad no me molesta en lo más mínimo. Me proporciona una sensación de seguridad”. A los quince años consiguió una guitarra española con cuerdas de acero. Empezó a tocarla. Con el tiempo se hizo músico de sesiones de discos de blues. Entró en los Yardbirds y los revolucionó. La cabezota se le había agrandado y ya tenía en su cerebro un estudio de grabación. Puede que alguien que esté leyendo esto no haya escuchado nunca tocar a Jimmy Page. Es una pena. Personalmente, nunca un guitarrista me impactó en vivo como él. Los Yardbirds le quedaron chico y armó otro grupo que se llamó Led Zeppelin. Esta banda instaló una forma de hacer rock como si fuera una nueva percepción en el mundo: cuando pasás cerca de una casa de comics donde se ven figuras medievales, superhéroes e imágenes parecidas a las de las sagas celtas, estas viendo –aún hoy- algo del imaginario de Led Zeppelin. Pero también cuando posás la vista sobre automóviles inmensos, lugares lujuriosos y vaqueros ajustados. La música de Zeppelin, que partió del blues y asimiló recursos de diferentes sonidos étnicos es difícil de catalogar sin correr el riesgo de quitarle frescura. Bastaría decir que Led Zeppelin II es tan clave para la música moderna como Sgt. Pepper's y que, después de este disco, la banda siguió sacando otros de igual envergadura.
Cuando John Cheveer, de niño, escuchó la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, se dijo a sí mismo: “Esto es tremendo. Así es como yo siento que es la vida”. Algo de eso nos pasaba a nosotros con la música de Zeppelin. Y me sigue pasando. Escuchando y viendo ahora el DVD de los recitales en vivo de Mothership no siento nostalgia, siento que es la música de mi presente, que ese sonido tan particular saca a la realidad de ese guiso espeso donde ésta se estanca en nuestra vida cotidiana y me crecen alas en los tobillos. Creo que podría volar. Hay algo de Zeppelin que se ha vuelto un clishé gracias a su múltiples imitadores que ha tenido en el rock pesado, heavy metal, hard rock, trash o lo que sea. Un clishé que se destruye ni bien aparece los primeros acordes de "Achilles Last Stand", por ejemplo. Con el ascenso de Zeppelin, Page dio rienda suelta a sus excentricdades. Fue fanático del brujo Aleister Crowley, cuyo lema de vida era: “Haz tu voluntad. Esa es la única ley”. Crowley, siguiendo al pie de la letra su máxima, vivía con muchas mujeres y tomaba asiduamente hachís, opio, cocaína y heroína. Murió perseguido por los acreedores huyendo de país en país. Con el tiempo, se inició un culto a su figura. Page compró la casa donde Crowley vivió, frente al lago Ness. A Page le gustaban las groupies muy jóvenes, invocar espíritus antiguos y los materiales de sadomasoquismo. También la heroína. Dicen que solía andar con un látigo para azotar mujeres. Cuando un periodista le preguntó qué estaba buscando, dijo: “Poder, misterio y el martillo de los dioses”. Ahora tiene el pelo blanco y largo y se parece al mago Merlín. Está casado con una argentina y suele venir de vez en cuando a la Gran Llanura de los Chistes. Dicen que tomaba ginebra en un bar de colegiales con los viejos del lugar. Me gusta pensar que Jimmy Page y Carlos Slowhand caminaron en círculo, orbitándose como planetas, por las calles de Buenos Aires. En algún punto se deben haber tocado, tienen que haber estado en el mismo lugar.
viernes, mayo 29, 2009
miércoles, mayo 27, 2009
Clem Snide/Hungry Bird

"En muchos sentidos, la de Clem Snide es una historia triste, casi trágica", decía Eef Barzelay, cantante y líder de la banda, en una entrevista publicada el año pasado. Más allá de de cierta sobreactuación, es cierto que el ambiente que rodeó la grabación de "Hungy Bird" no fue el más feliz del mundo: hubo una sucesión de peleas que motivaron la expulsión de un manager, se produjo el cierre de un sello y finalmente llegó la disolución de la banda, básicamente por los problemas que explotaron entre Barzelay y el guitarrista Pete Fitzpatrick.
Barzelay dejó que las aguas se aquietasen, grabó dos muy buenos discos solistas y ahora decidió lanzar un álbum que, a pesar de las rencillas, estaba casi listo para editarse. Y el resultado es encomiable: más en la línea de los discos de Eef, casi desprovisto de los clásicos arrebatos de adrenalina de Clem Snide (otro nombre inspirado por William Burroughs, igual que Soft Machine y Steely Dan, por ejemplo), "Hungry Bird" es un álbum íntimo y emotivo en el que brillan especialmente los dos primeros temas, que también son un señal clara de los intereses del cantante y guitarrista que hoy vive en Nashville: "Me No", que podría formar parte del repertorio del R.E.M. más inspirado, y "Born a Man", donde, aporte del productor Mark Nevers mediante, el guiño es para el rey del actual barrio de Barzelay, el genial Kurt Wagner, de Lambchop.
miércoles, mayo 13, 2009
Morrissey - "Years of Refusal"
No hay esperanzas de una vida mejor, ni amigos verdaderos, ni amoríos que terminen bien en estos días en los que el consumo de antidepresivos es regla ineludible para la supervivencia. Eso es lo que nos viene a decir, a través de su nuevo álbum, Morrissey, uno de los cantantes con más personalidad, talento y agallas de los últimos 25 años, el líder y referente indiscutido de los Smiths, la extraordinaria banda de Manchester que cambió el mapa del pop para siempre en apenas cinco años de carrera.
Apelando otra vez al pionero del pop-punk Jerry Finn -fallecido hace unos meses cuando tenía apenas 39 años y con quien había trabajado en "You Are the Quarry (2004)", el disco que marcó su regreso con gloria luego de siete años de doloroso silencio para sus fans-, Morrissey abandonó decididamente el lustroso barroquismo de su álbum anterior -"Ringleader of the Tormentors" (2006), producido por el veterano Tony Visconti-, para sumergirse en un sonido más rockero, cercano a la espesura y densidad de "Your Arsenal" (1992), uno de los picos de su carrera solista, e incluso a la época con The Smiths.
El ademán rejuvenecedor no parece casual: aunque con Mozz nunca se sabe, en distintas entrevistas ha dado indicios de un posible retiro que no tardaría tanto en llegar. Volver a la fuentes antes de la despedida, entonces, como gesto necesario para acabar definitivamente con las esperanzas de una reunión con Johnny Marr, Andy Rourke y Mike Joyce, un rumor que Morrissey nunca dejó crecer más allá de la especulación sin argumentos sólidos.
El primer corte del disco es el mid-tempo "I’m throwing my arms around Paris", editado en Europa y Estados Unidos como single cuya cara B es "Shame Is The Name", un tema cantado a dúo con Chrissie Hynde, la ex líder de The Pretenders, y que lamentablemente no forma parte del disco del disco. Pero la mayor sorpresa es sin dudas "When Last I Spoke to Carol", tema ideal para un spaghetti western, adornado apropiadamente con guitarras españolas y vientos mariachis, clara revelación de la fascinación que ha despertado últimamente en el cantante inglés la música de Ennio Morricone. La épica "It's Not Your Birthday Anymore" sirve para demostrar que la voz de Mozz permanece intacta: su falsetto recuerda al de la gloriosa "Well I Wonder" del disco "Meat Is Murder", grabado hace exactamente 23 años. En el trepidante "One Day Goodbye Will Be Farewell" aparecen otra vez los vientos, esta vez en medio de un tornado de guitarras y un colchón de teclados, mientras un Morrissey tan deliciosamente afectado como de costumbre reclama un viaje urgente al infierno.
Lo que "Years of Refusal" representa en esta etapa tardía de la carrera de Morrissey es la clásica puesta a punto del artista que le teme a los fantasmas de una madurez decadente. Morrissey no parecía correr ese riesgo -todos los discos de su carrera solista van de buenos a excelentes-, pero sonar tan vivo, crudo, y visceral, tan cándido y malvado al mismo tiempo, nunca está de más. Hay quienes han observado este disco súper enérgico como una especie de viagra sonoro recetado para contrarrestar la declinación de la potencia del pasado. Sin embargo, parece más justo leerlo como un nuevo exceso de alguien que vive su vida como si fuera un héroe de película.
Hace un tiempo, Morrissey se negó a tocar en Canadá porque allí está permitida la matanza de focas. "Se justifican diciendo que esa industria da trabajo a alguna gente. Igual que las cámaras de gas de las SS. Estoy seguro de que también daban trabajo a alguna gente", exageró. La declaración lo pinta de cuerpo entero: si hay que apostar, mejor hacerlo a pleno. Como en "Years of Refusal".
Apelando otra vez al pionero del pop-punk Jerry Finn -fallecido hace unos meses cuando tenía apenas 39 años y con quien había trabajado en "You Are the Quarry (2004)", el disco que marcó su regreso con gloria luego de siete años de doloroso silencio para sus fans-, Morrissey abandonó decididamente el lustroso barroquismo de su álbum anterior -"Ringleader of the Tormentors" (2006), producido por el veterano Tony Visconti-, para sumergirse en un sonido más rockero, cercano a la espesura y densidad de "Your Arsenal" (1992), uno de los picos de su carrera solista, e incluso a la época con The Smiths.
El ademán rejuvenecedor no parece casual: aunque con Mozz nunca se sabe, en distintas entrevistas ha dado indicios de un posible retiro que no tardaría tanto en llegar. Volver a la fuentes antes de la despedida, entonces, como gesto necesario para acabar definitivamente con las esperanzas de una reunión con Johnny Marr, Andy Rourke y Mike Joyce, un rumor que Morrissey nunca dejó crecer más allá de la especulación sin argumentos sólidos.
El primer corte del disco es el mid-tempo "I’m throwing my arms around Paris", editado en Europa y Estados Unidos como single cuya cara B es "Shame Is The Name", un tema cantado a dúo con Chrissie Hynde, la ex líder de The Pretenders, y que lamentablemente no forma parte del disco del disco. Pero la mayor sorpresa es sin dudas "When Last I Spoke to Carol", tema ideal para un spaghetti western, adornado apropiadamente con guitarras españolas y vientos mariachis, clara revelación de la fascinación que ha despertado últimamente en el cantante inglés la música de Ennio Morricone. La épica "It's Not Your Birthday Anymore" sirve para demostrar que la voz de Mozz permanece intacta: su falsetto recuerda al de la gloriosa "Well I Wonder" del disco "Meat Is Murder", grabado hace exactamente 23 años. En el trepidante "One Day Goodbye Will Be Farewell" aparecen otra vez los vientos, esta vez en medio de un tornado de guitarras y un colchón de teclados, mientras un Morrissey tan deliciosamente afectado como de costumbre reclama un viaje urgente al infierno.
Lo que "Years of Refusal" representa en esta etapa tardía de la carrera de Morrissey es la clásica puesta a punto del artista que le teme a los fantasmas de una madurez decadente. Morrissey no parecía correr ese riesgo -todos los discos de su carrera solista van de buenos a excelentes-, pero sonar tan vivo, crudo, y visceral, tan cándido y malvado al mismo tiempo, nunca está de más. Hay quienes han observado este disco súper enérgico como una especie de viagra sonoro recetado para contrarrestar la declinación de la potencia del pasado. Sin embargo, parece más justo leerlo como un nuevo exceso de alguien que vive su vida como si fuera un héroe de película.
Hace un tiempo, Morrissey se negó a tocar en Canadá porque allí está permitida la matanza de focas. "Se justifican diciendo que esa industria da trabajo a alguna gente. Igual que las cámaras de gas de las SS. Estoy seguro de que también daban trabajo a alguna gente", exageró. La declaración lo pinta de cuerpo entero: si hay que apostar, mejor hacerlo a pleno. Como en "Years of Refusal".
miércoles, mayo 06, 2009
Derrotero ...
... extraño, el de Jorge Lanata: de anunciar un cambio en la historia del periodismo que por lo visto no se produjo al teatro de revistas y la visita al programa de Tinelli, donde se enfrentó a su propio doble, encarnado por Miguel Angel Rodríguez. ¿Se viene la lucha en el barro con Chiche Rabioso Gelblung?
domingo, mayo 03, 2009
Hay alguien nuevo en la política: vos
- David Cruise. -Al pronunciar el nombre, Carradine enderezó la espalda-. Dirige el canal de cable de Metro Centre. Es muy popular y gusta a nuestros clientes.
- No lo dudo. Se ocupó del lanzamiento de algunos productos nuestros. Recuerdo un spot publicitario para cine sobre un nuevo microcoche. Era demasiado corpulento y no pudo entrar y tuvimos que prescindir de él. Pero cabe en la pantalla del televisor.
- Es bueno. Todos nos alegramos de que esté aquí. El presidente del distrito electoral piensa que sería un buen diputado.
- Claro que sí. Hoy la política está hecha a su medida. Sonrisas por todas partes, música ambiental, campaña de ventas que se libra de la necesidad de un producto... Hasta el carácter ladino. A la gente le gusta que la estafen. Les recuerda que todo es un juego.
(fragmento de "Bienvenidos a Metro-Centre, última novela de J.G. Ballard)
- No lo dudo. Se ocupó del lanzamiento de algunos productos nuestros. Recuerdo un spot publicitario para cine sobre un nuevo microcoche. Era demasiado corpulento y no pudo entrar y tuvimos que prescindir de él. Pero cabe en la pantalla del televisor.
- Es bueno. Todos nos alegramos de que esté aquí. El presidente del distrito electoral piensa que sería un buen diputado.
- Claro que sí. Hoy la política está hecha a su medida. Sonrisas por todas partes, música ambiental, campaña de ventas que se libra de la necesidad de un producto... Hasta el carácter ladino. A la gente le gusta que la estafen. Les recuerda que todo es un juego.
(fragmento de "Bienvenidos a Metro-Centre, última novela de J.G. Ballard)
martes, febrero 03, 2009
Waiting for the Mundial, by Fabián Casas
En los cines están dando una película y los críticos le están dando a la película. El nombre original es "Revolutionary Road", pero acá aparece bajo el título de "Sólo un sueño". Vuelven a trabajar juntos, después de un largo tiempo, Leonardo Di Caprio y Kate Winslet. Es la historia de una pareja que se hace trizas. Pareciera decirnos que si Di Caprio no hubiera muerto en los mares helados donde cayó el Titanic, jamás hubiera soportado la condena de la convivencia con la joven que en ese entonces encarnaba Winslet y que le soltaba la mano mientras Leonardo descendía hacia el fondo del mar. Aunque la película no es buena, hay algo que nos perturba cuando la vemos. Quizá ese algo -conjeturo- sea la esencia que destila el texto de la extraordinaria novela de Richard Yates en la que está basado el film. Una pareja puede ser un infierno. Lo decía Tolstoi: "El hambre y la guerra son terribles, pero la peor tragedia es la de la alcoba". Así que una pareja puede ser un infierno y puede estar condenada al esquema de la repetición. Es decir, se inicia una discusión, se persiste en ella subiendo los decibeles -siempre las mismas cosas, las mismas afrentas, hasta las mismas maneras de sostener el crescendo- hasta que, como en una tragedia griega, se logra una catarsis momentánea. Ya que hay que volver a empezar rápido, como en la canción de Lerner. Lo mismo le pasa a San Lorenzo de Almagro. Es probable que tenga uno de los mejores planteles del fútbol local. Pero, por algún motivo que no se puede desentrañar, ese plantel está enojado. No sólo está enojado, está paranoico. Supone -el plantel- que alguien le hace algo. Lee la realidad como una fiesta de símbolos que le confirman sus más oscuras paranoias: la AFA los quiere perjudicar, Falcao es Gollum, el demonio de dos caras, Boca compró a todos los árbitros, etc., etc. Con lo cual los hinchas que vamos a la cancha para verlos jugar, tenemos que tratarlos como a esos primos impresionables, hipersensibles que se enojan por nada. Gonzalo Bergessio, por ejemplo, parece Néstor Kirchner. Un tipo siempre al filo de salirse de caja, que no soporta una voz de disenso y que sólo acepta la realidad si esa realidad está guionada para su conveniencia. Así lo echaron contra Boca en la final del otro campeonato y ahora también se fue rápido a las duchas en los torneos de verano. Y parece que, como en las peleas de pareja, va a seguir repitiendo este número una y otra vez. Orion, Méndez y Bottineli están en una misma sintonía cada vez que juegan con River. Hay que matar a Falcao, como si fueran personajes del catch donde unos hacen de buenos y otros de malos. Lo cierto es que Falcao le saca un gran provecho a la situación. Mete goles para su equipo. Méndez, Botinelli y Orión parecen más preocupados por una cuestión personal, por demostrar un poder que por jugar para la gente. Por eso se convierten en esclavos. Un amo de verdad no tiene que demostrar nada, no tiene que representar su poder, es el señor 0. Hace su trabajo y listo. Ahora empieza un nuevo campeonato y otra vez la bendita Copa Libertadores. Ojalá alguien les dijera: "olvídense de ustedes, jueguen por placer, sepan que el adversario es alguien necesario al que se debe honrar. Metan goles. Hagan molinete. Ríanse. Que la vida es corta y el Clausura aún más".
viernes, enero 09, 2009
Apuntes de Louis Chitarrolling (un críptico de rock)
Quiero escribir una biografía de Fernando Redondo: le dijo NO a Bielsa, NO a Bilardo y NO a Passarella: Peripecias del NO.
Cada vez estoy más convencido de que los Fabulosos Cadillacs son un muy buen grupo para animar un casamiento después de las 12. ¿Cómo puede ser que el Gordo Flavio se vista asi? Parece mi amigo Daniel Teenager, siempre vestido como un jopende aunque ya tiene 50 años.
Skay es invisible a los ojos.
Me imagino esta propaganda de preservativos: Dante Spinetta cantando como si fuera un karateca. Funde a negro y sale en primer plano un paquete de Tulipán. Y dice: "Luis, esto se podría haber evitado".
Brindo por un cáncer de huevos de Pascua.
Fito Páez me llamó porque está leyendo a Lacan y no entiende nada. Yo tampoco. Pero utilizo conceptos lacanianos para las largas sobremesas con el grupo de amigos: Bizzio, Guebel, Alan, Carla Bruni...
Cada vez estoy más convencido de que los Fabulosos Cadillacs son un muy buen grupo para animar un casamiento después de las 12. ¿Cómo puede ser que el Gordo Flavio se vista asi? Parece mi amigo Daniel Teenager, siempre vestido como un jopende aunque ya tiene 50 años.
Skay es invisible a los ojos.
Me imagino esta propaganda de preservativos: Dante Spinetta cantando como si fuera un karateca. Funde a negro y sale en primer plano un paquete de Tulipán. Y dice: "Luis, esto se podría haber evitado".
Brindo por un cáncer de huevos de Pascua.
Fito Páez me llamó porque está leyendo a Lacan y no entiende nada. Yo tampoco. Pero utilizo conceptos lacanianos para las largas sobremesas con el grupo de amigos: Bizzio, Guebel, Alan, Carla Bruni...
jueves, enero 01, 2009
ME.mp3, 27 de diciembre
Último programa del 2008 en MP3 (cuatro partes). Disculpas por la irregularidad. Que tengan todos un gran 2009.
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lunes, diciembre 08, 2008
ME.mp3, 6 de diciembre
El programa del sábado 6 en MP3 (cuatro partes):
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jueves, diciembre 04, 2008
El ME.mp3 que faltaba (el 22)
Por fin, el programa del sábado 22 en MP3 (en cuatro partes). Disculpas por la confusión y el retraso:
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lunes, diciembre 01, 2008
ME.mp3, 29 de noviembre
El programa del sábado 29 en MP3 (cuatro partes):
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jueves, noviembre 27, 2008
Los apuntes de Luis Chitarrolling (un críptico de rock)
new!
Lunes
Deléctrico ¿Va a venir o no va a venir? ¡Que se decida!
Martes
Líneas para una novela: Culeli tenía un tigre de bengala. Desde chiquito. Le daba de comer y un día se le soltó en el barrio. Un desastre.
Miércoles
Anoto lo que dice Javier Martínez: "Desde que se separaron Los Gatos, el rock se llenó de ratones: Los Súper Ratones, Los Ratones Paranoicos, Rata Blanca, etc". Se puede usar como epígrafe para la biografía de Rosso que estoy escribiendo como ghost writer.
El famoso crítico Pablo Strozza dijo: "Cuando tocó Beck me fui a comer un pancho". ¿Esto significa colocar lo popular por encima de la vanguardia?
Jueves
Yo.
Viernes
Odio a Iorio y a los que lo festejan.
Lunes
Deléctrico ¿Va a venir o no va a venir? ¡Que se decida!
Martes
Líneas para una novela: Culeli tenía un tigre de bengala. Desde chiquito. Le daba de comer y un día se le soltó en el barrio. Un desastre.
Miércoles
Anoto lo que dice Javier Martínez: "Desde que se separaron Los Gatos, el rock se llenó de ratones: Los Súper Ratones, Los Ratones Paranoicos, Rata Blanca, etc". Se puede usar como epígrafe para la biografía de Rosso que estoy escribiendo como ghost writer.
El famoso crítico Pablo Strozza dijo: "Cuando tocó Beck me fui a comer un pancho". ¿Esto significa colocar lo popular por encima de la vanguardia?
Jueves
Yo.
Viernes
Odio a Iorio y a los que lo festejan.
miércoles, noviembre 26, 2008
Caribbean Massages, by Rupert
Hace tiempo que voy a "Caribe Masajes". Son todas paraguayas las que atienden. A muchas las traen directo desde Asunción. Otras vienen desde Ciudad del Este. No sé por qué me gustan más las de Ciudad. Empecé a ir a Caribe Masajes hace unos diez años. Mi debut fue con una chica que se llama Araceli. La vi en Platynum y me gustó. A diferencia de las que apuestan a ser guerreras, ésta tenía una expresión dulzona. Yo era muy tímido; tanto que ella, al final de la sesión, se tuvo que desnudar solita. Una vez que se quitó la ropa, me preguntó si no la quería participar; sí, así me dijo. Fue raro.
La cuestión es que, desde el comienzo, quise que me pase lo que me terminó pasando hoy. ¿Qué me pasó? Bueno, fácil: agarré a una paraguayita recién traída del monte. Sí, al fin me pasó. Es como que estás en el agua, te salta un pez y vos lo agarrás con la mano. Sí, me pasó ese milagro sin siquiera esperarlo.
El caso es así: hacía bastante que no iba a Caribe Masajes y decidí ir porque, entre muchas otras cosas, extrañaba ese aire a colmenar céntrico bien atorrante. Además, la visión de culos en la calle había empezado a abrumarme. En todas las cuadras te azotan; son demasiados y son demasiado perfectos.
Ya en la presentación –así llaman al momento en que las chicas desfilan-, descubrí una chica nueva. "Sabrina soy", me dijo. Después, en el cuarto, me dijo lo increíble: "no te había visto antes. Es que hoy es mi primer día. Usted es mi segundo cliente". Me lo dijo y casi me infarto. "Y antes qué hacías?". "Hasta hace un mes trabajaba de moza". Después, le pregunté lo que pregunto siempre: ¿cuándo garchaste por primera vez? ¿Cuántos novios tuviste? ¿Cuándo fue la última vez que garchaste que no sea acá? ¿Tenés novio ahora? ¿Le entregabas la colita a tu novio? Esas cosas. Esas indagaciones son una religión adentro de Caribe Masajes. Pero en este caso eran mucho más importantes.
Así fue como Sabrina, súper tranqui, haciéndome masajes en la cola, me contó lo que quería saber. "Sos tan tranquila que pienso que sos pisciana", le dije; pero no, todo lo contrario, esa preciosura resultó ser ariana. Ese tipo de cosas hablamos mientras ella me hacía sus lindos masajes en paz.
El que no estaba tan tranquilo era yo: todo el tiempo elucubraba que de ahora en más a esta Sabrinita se le van a empernar unos ocho o nueve tipos por día; y hacía cuentas; y era peor: me alteraba cada vez más. Era como que quería agarrar toda esa divinidad sin explotar y seguir yendo por los próximos 20 o 30 días. En eso pensaba; y hacía cuentas... Contabilizaba cuánto sería prudente gastar en un caso como éste.
Al final, una hora exacta después de haber ingresado, calmo, sintiéndome amigo de mi amiga, le dije lo que digo siempre: "Tratá de juntar unos mangos y volá de acá, Sabri". Con eso me despedí. Le dije adiós a esa divinidad a punto de ser masacrada en función del metal. Una frase horrible si las hay.
La cuestión es que, desde el comienzo, quise que me pase lo que me terminó pasando hoy. ¿Qué me pasó? Bueno, fácil: agarré a una paraguayita recién traída del monte. Sí, al fin me pasó. Es como que estás en el agua, te salta un pez y vos lo agarrás con la mano. Sí, me pasó ese milagro sin siquiera esperarlo.
El caso es así: hacía bastante que no iba a Caribe Masajes y decidí ir porque, entre muchas otras cosas, extrañaba ese aire a colmenar céntrico bien atorrante. Además, la visión de culos en la calle había empezado a abrumarme. En todas las cuadras te azotan; son demasiados y son demasiado perfectos.
Ya en la presentación –así llaman al momento en que las chicas desfilan-, descubrí una chica nueva. "Sabrina soy", me dijo. Después, en el cuarto, me dijo lo increíble: "no te había visto antes. Es que hoy es mi primer día. Usted es mi segundo cliente". Me lo dijo y casi me infarto. "Y antes qué hacías?". "Hasta hace un mes trabajaba de moza". Después, le pregunté lo que pregunto siempre: ¿cuándo garchaste por primera vez? ¿Cuántos novios tuviste? ¿Cuándo fue la última vez que garchaste que no sea acá? ¿Tenés novio ahora? ¿Le entregabas la colita a tu novio? Esas cosas. Esas indagaciones son una religión adentro de Caribe Masajes. Pero en este caso eran mucho más importantes.
Así fue como Sabrina, súper tranqui, haciéndome masajes en la cola, me contó lo que quería saber. "Sos tan tranquila que pienso que sos pisciana", le dije; pero no, todo lo contrario, esa preciosura resultó ser ariana. Ese tipo de cosas hablamos mientras ella me hacía sus lindos masajes en paz.
El que no estaba tan tranquilo era yo: todo el tiempo elucubraba que de ahora en más a esta Sabrinita se le van a empernar unos ocho o nueve tipos por día; y hacía cuentas; y era peor: me alteraba cada vez más. Era como que quería agarrar toda esa divinidad sin explotar y seguir yendo por los próximos 20 o 30 días. En eso pensaba; y hacía cuentas... Contabilizaba cuánto sería prudente gastar en un caso como éste.
Al final, una hora exacta después de haber ingresado, calmo, sintiéndome amigo de mi amiga, le dije lo que digo siempre: "Tratá de juntar unos mangos y volá de acá, Sabri". Con eso me despedí. Le dije adiós a esa divinidad a punto de ser masacrada en función del metal. Una frase horrible si las hay.
lunes, noviembre 24, 2008
Sobre la Davis
Por Alejandro Prosdocimi, amigo de la casa
¿A quién hay que pegarle, muchachos? Tengo una amargura que te la voglio dire y me pongo a escribir esta columna bien caliente, como debe ser, con las encías listas para el banquete antropófago. Después de todo soy un argentino hundred per cent y como tal tengo derecho de nacimiento (¿no lo decía el Preámbulo?) a soltarle la mano a cualquiera, siempre y cuando sea en la derrota. No te hagás el chistoso justo hoy, dirán ustedes, amigos del soberano público, que esto es un incendio de proporciones y no está para repartir volantes de Greenpeace.
Sangre. Les voy a dar el gusto. Se me ocurren algunos cortes para la barbacoa caníbal. Empiezo con Nalbandian, que se tuneó la cancha justita para su paladar y se olvidó de preguntar si sus compañeros la preferían morocha o pelirroja. O mejor le pego a Del Potro, que se fue al Masters en lugar de concentrarse con el resto del equipo y desde hace un mes no piensa en otra cosa que en irse a Honolulu con la Salazar. ¿Y Mancini? Já, los jugadores le apagan los puchos en la cabeza. Y siguen las achuras: dirigentes, Vilas, Scioli, el público, la quiebra de Southern Winds.
Bla, bla, bla. El Circo Máximo argentino ruge por carne. Hay que matarlos a todos.
Voy a tratar de escribir con la distancia que me da tener el pasaporte comunitario (italiano, por las dudas) para ver si desde afuera puedo explicar(me) lo que pasó con balas de fogueo. Me parece que no perdimos por soberbios, porque Nalbi hizo la suya o faltara equipo. Con este mismo ¿equipo? le ganamos a Rusia, un rival del calibre de España, sino mayor. Ayer perdimos simplemente porque se fundió Del Potro. Si fue de los músculos o de la cabeza poco importa, porque como sabemos, un aspecto y el otro van de la mano. Y no estoy diciendo, la culpa fue de Del Potro. No, estoy tratando de explicar que nuestras chances previas eran muchas siempre y cuando Del Potro fuera aquél del match con Rusia. Pero llegó fundido, pidiendo la reposera y el daiquiri de damasco. Un pibe de 20 años que la venía remando y de golpe se encontró en una vida de Dreamworks, jugando 45 partidos en poco más de cinco meses, ganando torneos y yendo, en todo su derecho, al Masters.
En un año en el que, por varias razones, se profundizó la brecha entre la elite (Del Potro y Nalbandian) y el resto, estaba claro que el equipo era un tanque con los dos, y vulnerable con uno solo. El doble se podía perder de antemano, lo que nadie imaginaba era perder dos singles.
Esto me lleva a hablar de la fragilidad del potencial. Actividad compleja en un país de evaluadores lapidarios ("son pan comido" o "son unos muertos"), el tenis tiene un margen de riesgo muy alto, porque la construcción del pronóstico se hace sobre menos personas que en deportes colectivos. Se te cae uno, y la devaluación es mucho más impactante, obvio. Con Del Potro llegamos a la final. Sin aquel Del Potro, la perdimos.
Con estos mismos parámetros de análisis (dos jugadores de nivel, un sorteo amable) la puerta para ganar algún día esta bendita Davis no está definitivamente cerrada, aunque suene a palmadita en el hombro al sentado en la silla eléctrica.
Disculpas por escupir el asado, muchachos.
¿A quién hay que pegarle, muchachos? Tengo una amargura que te la voglio dire y me pongo a escribir esta columna bien caliente, como debe ser, con las encías listas para el banquete antropófago. Después de todo soy un argentino hundred per cent y como tal tengo derecho de nacimiento (¿no lo decía el Preámbulo?) a soltarle la mano a cualquiera, siempre y cuando sea en la derrota. No te hagás el chistoso justo hoy, dirán ustedes, amigos del soberano público, que esto es un incendio de proporciones y no está para repartir volantes de Greenpeace.
Sangre. Les voy a dar el gusto. Se me ocurren algunos cortes para la barbacoa caníbal. Empiezo con Nalbandian, que se tuneó la cancha justita para su paladar y se olvidó de preguntar si sus compañeros la preferían morocha o pelirroja. O mejor le pego a Del Potro, que se fue al Masters en lugar de concentrarse con el resto del equipo y desde hace un mes no piensa en otra cosa que en irse a Honolulu con la Salazar. ¿Y Mancini? Já, los jugadores le apagan los puchos en la cabeza. Y siguen las achuras: dirigentes, Vilas, Scioli, el público, la quiebra de Southern Winds.
Bla, bla, bla. El Circo Máximo argentino ruge por carne. Hay que matarlos a todos.
Voy a tratar de escribir con la distancia que me da tener el pasaporte comunitario (italiano, por las dudas) para ver si desde afuera puedo explicar(me) lo que pasó con balas de fogueo. Me parece que no perdimos por soberbios, porque Nalbi hizo la suya o faltara equipo. Con este mismo ¿equipo? le ganamos a Rusia, un rival del calibre de España, sino mayor. Ayer perdimos simplemente porque se fundió Del Potro. Si fue de los músculos o de la cabeza poco importa, porque como sabemos, un aspecto y el otro van de la mano. Y no estoy diciendo, la culpa fue de Del Potro. No, estoy tratando de explicar que nuestras chances previas eran muchas siempre y cuando Del Potro fuera aquél del match con Rusia. Pero llegó fundido, pidiendo la reposera y el daiquiri de damasco. Un pibe de 20 años que la venía remando y de golpe se encontró en una vida de Dreamworks, jugando 45 partidos en poco más de cinco meses, ganando torneos y yendo, en todo su derecho, al Masters.
En un año en el que, por varias razones, se profundizó la brecha entre la elite (Del Potro y Nalbandian) y el resto, estaba claro que el equipo era un tanque con los dos, y vulnerable con uno solo. El doble se podía perder de antemano, lo que nadie imaginaba era perder dos singles.
Esto me lleva a hablar de la fragilidad del potencial. Actividad compleja en un país de evaluadores lapidarios ("son pan comido" o "son unos muertos"), el tenis tiene un margen de riesgo muy alto, porque la construcción del pronóstico se hace sobre menos personas que en deportes colectivos. Se te cae uno, y la devaluación es mucho más impactante, obvio. Con Del Potro llegamos a la final. Sin aquel Del Potro, la perdimos.
Con estos mismos parámetros de análisis (dos jugadores de nivel, un sorteo amable) la puerta para ganar algún día esta bendita Davis no está definitivamente cerrada, aunque suene a palmadita en el hombro al sentado en la silla eléctrica.
Disculpas por escupir el asado, muchachos.
martes, noviembre 18, 2008
Lista de temas del 15/11/08
Peace (Ornette Coleman)
Los hongos de Marosa (Juana Molina)
Tiemblo (Florencia Ruiz)
Antillas (El Guincho)
Goood Girl / Carrots (Panda Bear)
DISCO DE LA SEMANA
Another World de Antony & the Johnsons
Another Wold
Shake That Devil
Prescription (Scott Matthew)
Memory of a Free Festival (David Bowie)
Esgrima (Gepe)
Esquemas juveniles (Javiera Mena)
Civil War Correspondent (John Parish & Polly Jean Harvey)
From Her To Eternity (Nick Cave)
A Few Words in Defense of Our Country (Randy Newman)
Political World (Bob Dylan)
Solo en el parque (Emiliano Martínez)
Llueve (Lucio Mantel)
Don't Be Light (Air)
Los hongos de Marosa (Juana Molina)
Tiemblo (Florencia Ruiz)
Antillas (El Guincho)
Goood Girl / Carrots (Panda Bear)
DISCO DE LA SEMANA
Another World de Antony & the Johnsons
Another Wold
Shake That Devil
Prescription (Scott Matthew)
Memory of a Free Festival (David Bowie)
Esgrima (Gepe)
Esquemas juveniles (Javiera Mena)
Civil War Correspondent (John Parish & Polly Jean Harvey)
From Her To Eternity (Nick Cave)
A Few Words in Defense of Our Country (Randy Newman)
Political World (Bob Dylan)
Solo en el parque (Emiliano Martínez)
Llueve (Lucio Mantel)
Don't Be Light (Air)
lunes, noviembre 17, 2008
ME.mp3, 15 de noviembre
El programa del sábado 15 en MP3 (cuatro partes):
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martes, noviembre 11, 2008
ME.mp3, 8 de noviembre
El programa del sábado 8 en MP3 (cuatro partes):
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martes, noviembre 04, 2008
Elogio de la sombra, by Fabián Casas
Fernando Cabrera suele versionar en vivo "Muchacha ojos de papel", de Luis Alberto Spinetta. Escucharlo tocar ese tema es una experiencia singular. Cabrera hace una apropiación crítica de esa canción fundacional del rock argentino. De alguna manera, desde la periferia, donde él suele plantarse, lo sobrevuela y erosiona, resignificándolo. Como suele hacer la deconstrucción francesa, el compositor uruguayo cuestiona el centro para que podamos escuchar "Muchacha..." bajo una nueva luz. A mí me tocó entrar a Cabrera escuchando extrañado esa versión inaudita. Más que la emoción, me picó la curiosidad. Con el tiempo, llegaría también la emoción.
Fernando Cabrera ha publicado ya muchos discos, y desde muy joven fue reconocido por sus pares y por sus mayores. Grabó con Mateo, tocó con Darnauchans y Jorge Drexler -el uruguayo de exportación- nunca paró de elogiarlo y de reconocer su influencia. Se sabe que Jaime Roos no suele hablar de nadie. Hay, por lo menos, dos tipos de tono uruguayo, uno que parece venir de la esencia de los tambores negros, un cantito particular y coloquial que tiene en su esencia algo mineral -si esta imagen puede ser posible- y otro tono más grave, como la voz de Roos, que parece más bien la de los homosexuales reprimidos que intentan -para ahuyentar sospechas- parecer muy machos.
Cabrera tiene la particularidad de que no parece preocupado por parecer nada. No parece un músico moderno, no parece un poeta, no parece un profeta... La estética de sus discos también es interesante para comprenderlo. Las tapas son horribles. Fotos directas sin ningún discurso semiótico escondido a la manera de las de Dylan -para nombrar otro songwriter- ni ningún tipo de genialidad. Por lo general está Cabrera recortado sobre fondos verdes, lilas o rojos. Casi siempre tiene una guitarra en las manos. La estética de sus tapas me hace acordar a esa gente que, cuando hace frío, se pone el pullover que tiene a mano y no se preocupa por si el cuello redondo deja afuera el de la camisa. Cabrera no está a la moda ni está, de forma estudiada, fuera de la moda. Es un tipo común. Pero la música que compone es genial. Escuchar un disco de Cabrera es una experiencia, al principio, aburrida. De hecho, el tipo de sonido que usa no es muy amigable. No tiene hits, no tiene arreglos demagógicos y no suena para nada moderno. La música no tiene packaging. Parece que no intentara venderse o no supiera bien cómo hacerlo. Sin embargo, con el correr de las escuchas, los esqueletos fosforescentes de los temas empiezan a reverberar y las letras pegan latigazos que provocan admiración y emoción. Admiración por la arquitectura osada de la forma, y emoción por la precisión de las imagenes: "te fuiste de mi vida/ te di un abrazo de despedida/ la oscuridad devora y no convida". Fernando Cabrera puede empezar una canción que a priori promete un estribillo, pero ese estribillo no vuelve nunca como lo pediría un tema tradicional. O tal vez la empezó como una balada y de golpe se rompe en un grito bagualero para terminar con frases jazzísticas o acordes piazzollianos.
Hace un par de días lo vi en vivo en un teatro porteño. Por un costado del escenario alguien tiraba humo blanco. Me acuerdo que ese efecto me resultó caricaturesco como pocas veces. ¿Para qué sirve ese humo?, parece preguntarnos la música de Cabrera. Frente a la potencia de sus temas y la parsimonia de su estar en escena (Cabrera casi no se mueve, o se mueve como los muñecos del Capitán Escarlata), cualquier acción cosmética resulta inútil. A Cabrera se lo va a escuchar. Cabrera no es creado por el público, el crea al oyente en ese movimiento siempre peligroso porque, tal vez, el espectador al que están destinados sus temas quizá no aparezca nunca.
Hay música que está fechada y sólo basta con dejar pasar el tiempo para que los oropeles se pongan en mal estado, como un yogur vencido. Por ejemplo, el bajo musculoso de Pedro Aznar. A veces pienso que sería bueno escuchar los hermosos temas de Serú Girán naked del bajo de Aznar. Con Fernando Cabrera, en cambio, uno primero cae en la ilusión que todo el tema está fechado, es inactual o pasado de moda, para después comprender que está escrito en un lenguaje extraño. No se alimenta del brillo, sino de las sombras, que permiten sugerir y dejar ver mejor las sensaciones. En ese sentido Cabrera es oriental, pero no por uruguayo, sino por japonés. En el libro "Elogio de la sombra", del novelista Junichiro Tanizaki, se habla del excesivo culto del brillo de los metales del mundo occidental y se lo contrapone a los colores más oscuros de la cultura japonesa y a la forma en que estos pueblos dejan que una pátina de suciedad se adueñe de sus objetos para que sean dignos representantes del paso del tiempo, del que no se puede escapar. Quizá en esa actitud japonesa esté el misterio de la música del uruguayo. Sus canciones tienen adheridas el paso del tiempo y el acontecimiento de las generaciones. Pueden narrar la historia del Uruguay o contar cómo un hombre es invitado al casamiento de su antiguo amor. La percusión puede venir tanto de una batería o de una cajita de fósforos. Presenciar un recital de Cabrera produce inmediatamente ganas de componer música, se sea músico o no. Porque lo que él hace en escena es narrar las posibilidades insondables que puede tener nuestra vida, ese cliché que se preocupan por perpetuar la religión, los políticos y el mundo del espectáculo.
Fernando Cabrera ha publicado ya muchos discos, y desde muy joven fue reconocido por sus pares y por sus mayores. Grabó con Mateo, tocó con Darnauchans y Jorge Drexler -el uruguayo de exportación- nunca paró de elogiarlo y de reconocer su influencia. Se sabe que Jaime Roos no suele hablar de nadie. Hay, por lo menos, dos tipos de tono uruguayo, uno que parece venir de la esencia de los tambores negros, un cantito particular y coloquial que tiene en su esencia algo mineral -si esta imagen puede ser posible- y otro tono más grave, como la voz de Roos, que parece más bien la de los homosexuales reprimidos que intentan -para ahuyentar sospechas- parecer muy machos.
Cabrera tiene la particularidad de que no parece preocupado por parecer nada. No parece un músico moderno, no parece un poeta, no parece un profeta... La estética de sus discos también es interesante para comprenderlo. Las tapas son horribles. Fotos directas sin ningún discurso semiótico escondido a la manera de las de Dylan -para nombrar otro songwriter- ni ningún tipo de genialidad. Por lo general está Cabrera recortado sobre fondos verdes, lilas o rojos. Casi siempre tiene una guitarra en las manos. La estética de sus tapas me hace acordar a esa gente que, cuando hace frío, se pone el pullover que tiene a mano y no se preocupa por si el cuello redondo deja afuera el de la camisa. Cabrera no está a la moda ni está, de forma estudiada, fuera de la moda. Es un tipo común. Pero la música que compone es genial. Escuchar un disco de Cabrera es una experiencia, al principio, aburrida. De hecho, el tipo de sonido que usa no es muy amigable. No tiene hits, no tiene arreglos demagógicos y no suena para nada moderno. La música no tiene packaging. Parece que no intentara venderse o no supiera bien cómo hacerlo. Sin embargo, con el correr de las escuchas, los esqueletos fosforescentes de los temas empiezan a reverberar y las letras pegan latigazos que provocan admiración y emoción. Admiración por la arquitectura osada de la forma, y emoción por la precisión de las imagenes: "te fuiste de mi vida/ te di un abrazo de despedida/ la oscuridad devora y no convida". Fernando Cabrera puede empezar una canción que a priori promete un estribillo, pero ese estribillo no vuelve nunca como lo pediría un tema tradicional. O tal vez la empezó como una balada y de golpe se rompe en un grito bagualero para terminar con frases jazzísticas o acordes piazzollianos.
Hace un par de días lo vi en vivo en un teatro porteño. Por un costado del escenario alguien tiraba humo blanco. Me acuerdo que ese efecto me resultó caricaturesco como pocas veces. ¿Para qué sirve ese humo?, parece preguntarnos la música de Cabrera. Frente a la potencia de sus temas y la parsimonia de su estar en escena (Cabrera casi no se mueve, o se mueve como los muñecos del Capitán Escarlata), cualquier acción cosmética resulta inútil. A Cabrera se lo va a escuchar. Cabrera no es creado por el público, el crea al oyente en ese movimiento siempre peligroso porque, tal vez, el espectador al que están destinados sus temas quizá no aparezca nunca.
Hay música que está fechada y sólo basta con dejar pasar el tiempo para que los oropeles se pongan en mal estado, como un yogur vencido. Por ejemplo, el bajo musculoso de Pedro Aznar. A veces pienso que sería bueno escuchar los hermosos temas de Serú Girán naked del bajo de Aznar. Con Fernando Cabrera, en cambio, uno primero cae en la ilusión que todo el tema está fechado, es inactual o pasado de moda, para después comprender que está escrito en un lenguaje extraño. No se alimenta del brillo, sino de las sombras, que permiten sugerir y dejar ver mejor las sensaciones. En ese sentido Cabrera es oriental, pero no por uruguayo, sino por japonés. En el libro "Elogio de la sombra", del novelista Junichiro Tanizaki, se habla del excesivo culto del brillo de los metales del mundo occidental y se lo contrapone a los colores más oscuros de la cultura japonesa y a la forma en que estos pueblos dejan que una pátina de suciedad se adueñe de sus objetos para que sean dignos representantes del paso del tiempo, del que no se puede escapar. Quizá en esa actitud japonesa esté el misterio de la música del uruguayo. Sus canciones tienen adheridas el paso del tiempo y el acontecimiento de las generaciones. Pueden narrar la historia del Uruguay o contar cómo un hombre es invitado al casamiento de su antiguo amor. La percusión puede venir tanto de una batería o de una cajita de fósforos. Presenciar un recital de Cabrera produce inmediatamente ganas de componer música, se sea músico o no. Porque lo que él hace en escena es narrar las posibilidades insondables que puede tener nuestra vida, ese cliché que se preocupan por perpetuar la religión, los políticos y el mundo del espectáculo.
ME.mp3, 1 de noviembre
El programa del sábado 1 en MP3 (cuatro partes):
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viernes, octubre 31, 2008
Born in Lomas, por Lucas Videla
La consigna de hoy: Me gustaría ser... Yo elijo: un pibe de Lomas
Me gustaría ser un pibe de Lomas. Para que se den una idea un pibe de Lomas es Germán Denis o Julito Comparada. El pibe de Lomas la tiene fácil y por eso me admira. Su perfil es concreto: le gusta el fútbol o los fierros; son esos tipos que no tienen empacho en tener el auto reluciente, negro, polarizado. Son flacos que los vemos con un reloj cuadrado y a la última moda -aunque sea específicamente bala-. Les gusta tener un buen corte, tatuarse, ir al boliche (y en la disco recorrer la pista con certezas).
Es más, tengo un amigo que es "un pibe de Lomás". Se llama Gaby. Tiene un Chevrolet -no sé bien qué modelo es el auto; pero no es un Chevy, creo que es un Rambler-, vivió en Brasil como surfista o algo así y ahora, año 08, por supuesto, vive en Lomas. Vive en una casa que es como un bunker ubicado atrás de la fábrica de su padre, una fábrica de maquinarias viales.
Un día de Gaby es más que aceptable: se levanta temprano y trabaja en la fábrica. No sé bien qué hace, pero entiendo que es de esos que se dedican a todo; sabe de mecánica, de computación y sabe sortear al inspector de la Afip; es capo.
Después, almuerzo con los amigos en una confitería de Lomas que se llama Vancouver. A la tarde más trabajo y a la noche, su novia o salida con las perras que va recogiendo en los boliches de la zona. Es un tipo que, con la frecuencia que yo me afeito, sale con promotoras. Gaby es un ser que fue a Epcot Center y quedó maravillado. Es un hombre que se ahorró un viaje a Europa porque no le interesan las ruinas ni los museos. Es un pibe que te lo encontrás en Miami o San Bernardo, contento, en su cuatriciclo, hablando por el i-phone y bien pero bien bronceado. Así es Gaby, born in Lomas.
Me gustaría ser un pibe de Lomas. Para que se den una idea un pibe de Lomas es Germán Denis o Julito Comparada. El pibe de Lomas la tiene fácil y por eso me admira. Su perfil es concreto: le gusta el fútbol o los fierros; son esos tipos que no tienen empacho en tener el auto reluciente, negro, polarizado. Son flacos que los vemos con un reloj cuadrado y a la última moda -aunque sea específicamente bala-. Les gusta tener un buen corte, tatuarse, ir al boliche (y en la disco recorrer la pista con certezas).
Es más, tengo un amigo que es "un pibe de Lomás". Se llama Gaby. Tiene un Chevrolet -no sé bien qué modelo es el auto; pero no es un Chevy, creo que es un Rambler-, vivió en Brasil como surfista o algo así y ahora, año 08, por supuesto, vive en Lomas. Vive en una casa que es como un bunker ubicado atrás de la fábrica de su padre, una fábrica de maquinarias viales.
Un día de Gaby es más que aceptable: se levanta temprano y trabaja en la fábrica. No sé bien qué hace, pero entiendo que es de esos que se dedican a todo; sabe de mecánica, de computación y sabe sortear al inspector de la Afip; es capo.
Después, almuerzo con los amigos en una confitería de Lomas que se llama Vancouver. A la tarde más trabajo y a la noche, su novia o salida con las perras que va recogiendo en los boliches de la zona. Es un tipo que, con la frecuencia que yo me afeito, sale con promotoras. Gaby es un ser que fue a Epcot Center y quedó maravillado. Es un hombre que se ahorró un viaje a Europa porque no le interesan las ruinas ni los museos. Es un pibe que te lo encontrás en Miami o San Bernardo, contento, en su cuatriciclo, hablando por el i-phone y bien pero bien bronceado. Así es Gaby, born in Lomas.
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