viernes, septiembre 18, 2009

POR LA LEY DE SERVICIOS DE COMUNICACION AUDIOVISUAL

Los abajo firmantes apoyamos la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual porque entendemos que la actual concentración de medios de comunicación en manos de monopolios privados cercena el derecho a la información de nuestra sociedad, avasallando una de las conquistas más importantes y colectivas de la democracia, como es la libertad de expresión, en nombre de la defensa de sus intereses particulares. También entendemos que los binarismos no sirven para llevar adelante un debate productivo sobre esta ley fundamental, porque es una ley que trascenderá a los mismos actores en disputa. Ni el Gobierno ni la oposición ni las empresas monopólicas tienen las mismas responsabilidades, frente a una creciente demanda social de reforma del sistema de medios audiovisuales.


Porque más allá del contexto en que el debate se produce -originado en parte por los intereses que afecta el proyecto de ley- es inaceptable que la comunicación audiovisual siga regulada por una ley que, impuesta bajo la dictadura, cuenta hoy entre sus defensores a entidades como ARPA y ATA, que en ese momento eran parte de la autoridad de aplicación, y que hoy se envanecen en nombre de “la libertad”.

Porque es necesario incorporar la mayor cantidad de gente posible, a través de organizaciones intermedias, a la gestión de los medios y de sus contenidos, y que el Estado garantice una mayor pluralidad, a través de los canales institucionales amparados en la Constitución Nacional y no por intermedio de los intereses económicos de los particulares que, en nombre de la libertad de expresión, aprovechan su desregulada participación en el mercado para manipular la información a los fines de preservar su poder económico y político.

En ese sentido, entendemos al proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual como una oportunidad histórica de fortalecer la democracia, tanto en lo que respecta a sus instituciones como a las posibilidades de participación. Desmonopolizar mejora la calidad de vida democrática porque impide que un solo actor determine la agenda de la conversación pública liberando también a los trabajadores de esos medios monopólicos de las garras de un solo patrón. A su vez no hay democracia posible si los poderes que de ella surgen no garantizan una pluralidad de voces real, que dé cuenta de la polifonía de una sociedad que requiere de la participación de todos sus actores. Libertad de expresión entendida como participación pública de toda la sociedad, de un Estado que la garantiza, y no como construcción comunicacional de los negocios y acuerdos que se hacen puertas adentro. Una ley que garantiza mayor transparencia en la producción y circulación de contenidos, que la ley que nos legó la dictadura y aún hoy sufrimos.

Esta Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual será una Ley de la Democracia, fruto de dos décadas de debates, celebrados en foros, universidades nacionales y entidades de bien público que entienden al derecho a la información libre, plural e independiente como un paso más en la mejora de la calidad institucional y política de una sociedad. A 26 años del fin de la dictadura cívico-militar, se impone la necesidad de revalorizar la libertad de expresión en nombre de los intereses colectivos. Una ley que abra la posibilidad de convertir a la información en un bien público y no en un negocio que ha demostrado responder no sólo a la remanida libertad de empresa, sino a la imposición de políticas y agendas propias de un totalitarismo de mercado que se sustenta en la desinformación y la manipulación de un derecho adquirido por la sociedad en su conjunto.



Karina Arellano - Martín Armada – Mario Arteca - Alejandro Caravario - Fabián Casas – Pablo Chacón - Juan Desiderio - Lucía De Gennaro - Cecilia Di Gioia - Mariana Enriquez - Horacio Fiebelkorn - Martín Gambarotta - Griselda García - Mercedes Halfon - Mariano Hamilton - Sebastián Hernaiz – Claudio Iglesias - Juan Diego Incardona - Alfredo Jaramillo - Pablo Katchadjian - Violeta Kesselman - Marina Kogan - Alejandro Lingenti - Gustavo López - Marina Mariasch - Alejandro Méndez - Sebastián Mignogna - Sebastián Morfes - Fernanda Nicolini - Sol Prieto - Sergio Raimondi - Damián Ríos - Martín Rodríguez – Alejandro Rubio - Diego Sánchez - Esteban Schmidt - Federico Scigliano – Sebastián Scigliano – Mónica Sifrim - Claudio Zeiger

viernes, septiembre 11, 2009

Un día en la cancha, by Fabián Casas

Queen fue un grupo memorable que vino al país cuando estaba en el pico máximo de su rendimiento. No como pasó con los Doors -que en realidad fueron los Doos, ya que sólo estaban dos miembros originales- y otras tantas bandas que arribaron en el crepúsculo. Siempre me gustaron los títulos de los discos de Queen: "Una noche en la ópera" o "Un día en las carreras", por ejemplo. En función de estos títulos es que quiero contar una nueva aventura para ver si algún grupo de rock argento la encuentra interesante como para denominar un álbum. Se llamaría "Un día en la cancha" y me gustaría que el grupo de rock no sea un engendro del tipo de Los Piojos - con ese falsete barrial berreta insufrible-, sino algo más glamoroso, cercano a Marc Bolta o Mars Volta, ya agrandando la apuesta.

La cosa empezó así: jugaban Vélez, de local, y mi club del alma, San Lorenzo de Almagro. Mi viejo me había estado avisando toda la semana que pensaba seriamente en viajar a Liniers para dar el presente a pesar de que se lo consideraba un partido riesgoso -habían matado a un hincha de Vélez en el partido de ida-, y en una cancha alejada y que siempre fue hostil para el Ciclón.

Como mi viejo tiene 80 años y me daba miedo dejarlo ir solo, le dije que lo iba a acompañar, pero que, por seguridad, no llevara ni banderas ni corbatas ni nada con los colores del campeón. Me dijo que me quedara tranquilo. Quedamos a las dos en la estación de Caballito, para tomar el expreso del Oeste que nos iba a dejar en Liniers. Como estaba haciendo tiempo y llegaba antes, me metí en una librería y conseguí por 15 pesos un libro de Sándor Márai. Hasta ese entonces nunca había ido con un libro a la cancha, pero esto iba a ser lo de menos. Mi viejo apareció en la estación íntegramente vestido con un equipo de gimnasia del club. Empezamos a discutir y amagué por primera vez en la tarde en no ir al partido. El se empecinó y a regañadientes entré en el tren repleto que nos llevaba, tal vez, a una muerte segura.

Cuando llegamos a la cancha, quedamos encerrados entre un acceso a la cancha -que tardaban en habilitar- y las vías del tren. A los costados, los caballos nerviosos de la policía nos empujaban hacia el centro. Vino mi segundo intento de irme. Pero mi viejo me dijo que ya entrábamos, que faltaba poco, que aguantáramos. Cuando se abrieron las puertas, en el cacheo, un policía me dijo amablemente que escondiera el libro bajo mi campera, porque si no los controles me lo iban a sacar. Mi viejo, que venía atrás, le gritó: "¡Qué le querés sacar el libro al pibe! No ves que no hace nada!". Le pedí al policía que por favor lo detuviera, que se lo llevara porque me estaba quemando la cabeza desde temprano. Esto le causó gracia y nos dejó pasar.

Ya en la cancha, nos subimos bien alto en la popular y mientras pasaban los minutos para que empezara el partido, la tribuna se fue llenando hasta que no cabía ni un alfiler. Estratégicamente, yo estaba parado frente a un paravalanchas y mi viejo estaba debajo mío, al alcance de un manotazo. Seguía entrando más y más gente y me agarró claustrofobia. Le dije a mi viejo que me iba. Tenía sudadas las manos, el pecho, me faltaba el aire. Mi viejo, ya convertido en un mandril de ochenta años con el culo rojo, me gritó: "Esperá, esperá, ya no entra nadie más. ¡Mirá que si hoy ganamos quedamos punteros, eh!". Estábamos a presión, casi no tocábamos el piso con los pies. Entonces escucho que alguien, detrás de mí, dice: "Ahí viene la hinchada!". Casi me vuelvo loco. Por una de las puertas de abajo hacia su irrupción la gloriosa de Boedo con banderas y pitos y paraguas. Por una cuestión física, la gente que sobraba empezó a salir disparada como si fueran jabones que se escapaban de las manos. Se iban contra el alambrado como fuegos artificiales. Piuff, piuff. Me agarré al paravalanchas y agarré a mi viejo. Logramos resistir la presión. Empezó el partido. Fue cero a cero el primer tiempo y casi todo el segundo. Yo rezaba para que saliéramos así, ya que un gol nuestro era garantía de una avalancha letal. Cuando faltaban dos minutos, Romeo la embocó y vino el momento tan temido. Estalló la tribuna y como si alguien hubiera apretado el botón de un inodoro de gente, mi viejo se perdió en el maremagnun. Quise manotearlo pero la ola se lo había llevado. Me quedé paralizado. Me imaginé rastreando el cuerpo donde termina el río. Pero de golpe, el movimiento sísmico de cuerpos, respetando una ley algebraica de flujo y reflujo, lo traía de vuelta. Frente a mi estupor, ahí estaba, viniendo hacia mí, a la cabeza de la ola de monos, con algo en la mano. ¡Era un alfajor que se había encontrado en el camino! "Tomá, tomá", me decía pasándomelo, como hace Dios con Miguel Angel en los techos de la Capilla Sixtina.

jueves, septiembre 10, 2009

"If You Leave It Alone" // The Wave Pictures


Rodeados de amigos exóticos -Herman Dune, Jeff Darnielle, de The Mountain Goats, con quien grabaron un single para 4AD-, los Wave Pictures su fueron consolidando como banda sin demasiada urgencia: dividieron su tiempo entre los estudios universitarios y una serie de conciertos esporádicos y armados entre viajes por Londres, París y Nueva York, cocinaron a fuego lento un disco que fue grabado hace casi un año y recién se lanza ahora, eligieron tener poco contacto con la prensa... Darren Hayman, el cerebro de Hefner -que, de paso, editó un disco fantástico este año, "Pram Town"- hizo pública su admiración por el trío de Wymeswold, un pueblito de apenas 1.000 habitantes en el centro de Gran Bretaña. Y los invitó a girar con él, lo que puede tomarse como prueba concluyente de su simpática megalomanía: The Wave Pictures le deben muchísimo a Hayman, tanto como a Jonathan Richman, a quien se los puede asociar mucho más claramente a partir de este segundo álbum, sucesor de un debut, "Instant Coffee Baby", más cebado y menos inspirado. Sin embargo, en la comparación muchos bloggers ya se han inclinado por el primero. Nosotros no.

martes, septiembre 01, 2009

ME.mp3, 29 de agosto


Lista de temas - Programa 22/08/09

Poor Girl's Blues (Jolie Holland)
Willie (Cat Power)

Give Me Love (Give Me Peace on Earth)(George Harrison)
You Never Know (Wilco)

Quicksand (David Bowie)
12 Harps (Scott Matthews)

Long Long Journey (Allen Toussaint)
Look on Yonder´s Wall (Fenton Robinson)

David Watts (The Kinks)
David Watts (The Jam)

Gila (Beach House)
Blue Thunder (Galaxie 500)

El árbol que tú olvidaste (Atahualpa Yupanqui, por Pablo Dacal)
Todo o nada (Pablo Dacal)

Living Space (John Coltrane)

jueves, agosto 06, 2009

Sobre el nuevo disco de los Mountain Goats, by Germán Frassa

Mis apreciados Mountain Goats vuelven con álbum el 6 de octubre: "The Life of the World to Come". En un giro curioso para John Darnielle, especialista en death metal y que tituló sus últimos trabajos "Heretic Pride" y "Satanic Messiah", todas las canciones del nuevo disco llevan por nombre versículos de la Biblia (Versión "Dios Habla Hoy", edición interconfesional, copyright © 2002 Sociedades Bíblicas Unidas y Sociedad Bíblica de España). De momento solo he escuchado el adelanto (descargar: Génesis, 3:23) que me deja así-así, a medio camino entre el pasable "Heretic Pride" y el pesado "Get Lonely". Se verá. Por ahora, me he tomado el trabajo de rescatar de la Biblia el contenido de cada uno de los pasajes citados por Darnielle:

1. 1 Samuel, 15:23:
"Tanto peca el que se rebela contra él como el que practica la adivinación; semejante a quien adora a los ídolos es aquel que le desobedece. Y como tú has rechazado sus mandatos, ahora él te rechaza como rey."

2. Salmos, 40:2
"Me salvó de la fosa mortal, me libró de hundirme en el pantano. Afirmó mis pies sobre una roca; dio firmeza a mis pisadas."

3. Génesis, 3:23
"Por eso, Dios el Señor sacó al hombre del jardín de Edén y lo puso a trabajar la tierra de la cual había sido formado."

4. Filipenses, 3:20-21
"En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo y estamos esperando que del cielo venga el Salvador, el Señor Jesucristo, que cambiará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso como el suyo.Y lo hará por medio del poder que tiene para dominar todas las cosas."

5. Hebreos, 11:40
"Y es que Dios, teniéndonos en cuenta a nosotros, había dispuesto algo mejor, para que solamente en unión con nosotros alcanzaran la perfección."

6. Génesis, 30:3
"Entonces ella le dijo: –Mira, toma a mi esclava Bilhá y únete con ella, y cuando ella tenga hijos, será como si yo misma los tuviera. Así yo podré tener hijos."

7. Romanos, 10:9
"Si con tu boca reconoces a Jesús como Señor, y con tu corazón crees que Dios lo resucitó, alcanzarás la salvación."

8. 1 Juan, 4:16
"Así hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios es amor, y el que vive en el amor vive en Dios y Dios en él."

9. Mateo, 25:21
"El señor le dijo: ‘Muy bien, eres un criado bueno y fiel. Y como has sido fiel en lo poco, yo te pondré al cargo de mucho más.Entra y alégrate conmigo.'"

10. Deuteronomio, 2:10
"Este país fue habitado en tiempos antiguos por los emitas, que eran gente grande y numerosa, y alta como los descendientes del gigante Anac."

11. Isaías, 45:23
"Lo juré por mí mismo; hice una promesa de triunfo, y esa promesa se cumplirá: que ante mí doblarán todos la rodilla,
y por mí jurarán todos y dirán:"

12. Ezequiel, 7
"El fin está cerca." (Entiendo que se refiere al capítulo entero, una profecía apocalíptica, aquí solo transcribo su título).


PUBLICADO EN MAL DE OJO


+ sobre The Mountains Goats en Dragon Lieder

viernes, julio 31, 2009

Gardel of milk, by Fabián Casas

Para los spinettianos del mundo

La verdad, los premios me resultan una estupidez, a menos que me los den a mí. Me acuerdo de estar parado frente al inmenso portón de una fábrica de figuritas. Estoy con mis amigos del barrio -los olímpicos- que me vinieron a acompañar para ver si es verdad lo que se prometía: llené el álbum de figuritas del mundial del 74 con la más difícil, Mukombo, el jugador de Zaire, y quiero que me den la pelota que me corresponde como premio. Pasamos el portón, le entrego el álbum a un señor mayor que está detrás de unos escritorio inmenso, el tipo lo chequea, se sonríe y me dice que espere, que esperemos. Recuerdo todo esto bajo un silencio de misa. De pronto, el tipo irrumpe con una pelota enorme en sus manos. Es de un material raro y genial. Me dice: "es de plastibol". Se la muestro a mis amigos como si les pasara la Copa del Mundo y cada uno la toca, la besa, la pesa. Concordamos en que es un objeto extraordinario. Era de color marrón y de un peso irregular, como la canción de Spinetta.


A Spinetta lo acaban de premiar con el Gardel de Oro. Pero Spinetta es Gardel hace mucho y el premio más que hacer justicia remarca precisamente eso, que los premios que pueden dar la industria, los críticos o quien sea no sirven para nada. La palabra gardel es hermosa. La usaba y la usa mi viejo como adjetivo para remarcar que algo es superior. Gardel remite a la esencia del porteño que habitó este lugar cerca del ojo que mira al magma en el siglo XX. Tiene algo de metafísica, pero también de sensualidad. En la boca suena bien. Digan "gardel". Algunos quisieron suplantar el adjetivo gardel por "maradona". Pero esta palabra es muy larga, no suena como Gardel, y remite a las proezas deportivas más que a las del alma. Gardel, en cambio, es gardel. Yo tenía un gran amigo con el que trabajaba en un diario -el Mono Zuanich-, que me dijo una vez mientras nos lavábamos las manos en un baño: "Jamás podría ser amigo de alguien que no le guste Spinetta". Un psicólogo junguiano que frecuenté remarcaba que ningún hombre establece una pareja íntima y profunda con una mujer sino la ve también, potencialmente, como la madre de sus hijos. Son cosas un poco antojadizas, pero la verdad es que me cuesta entender que a una persona que me cae bien no le guste Spinetta. Para mí el culto de Spinetta es una marca generacional. Estoy absolutamente seguro que mi vida hubiera sido menos interesante sin la música de Spinetta. Con Artaud girando en un viejo Winco empezó la magia. Esos versos tan a contrapelo de la poesía estereotipada del rock: "Cuidalo de drogas, nunca lo reprimas, dale tibia leche de tu cuerpo". O el punteo con el que empieza la "Cantata de puentes amarillos" que yo asocio a la multitud hermosa y joven que iba a Ezeiza para hacer -sin saberlo algunos- nuestro Woodstock de sangre y violencia. A la poesía de Spinetta, como a toda gran poesía, no se la puede definir, se la reconoce. Está ahí y te toca -como decía Borges- igual que la presencia del mar.

jueves, julio 09, 2009

"The Atlantic Ocean" - Richard Swift


Con Mark Ronson -habitual socio de Amy Winehouse- en la producción y el iconoclasta Todd Rundgren de "Something/Anything?" como modelo, Richard Swift ha grabado su mejor disco hasta la fecha, con su espejo retrovisor enfocado hacia el soul confitado de las AM americanas de los 70 y los 80, así como antes lo había dirigido hacia la añeja tradición del Tin Pan Alley. Con la ayudita de un grupo de amigos más o menos notables -Ryan Adams, Sean Lennon, Pat Sansone, de Wilco, banda con la que Swift salió alguna vez de gira-, el californiano (el dato no es menor, teniendo en cuenta el carácter festivo de unas canciones que uno imagina compuestas al calor del siempre inspirador sol de la Costa Oeste) admite sin tapujos su devoción beatle (en más de una canción sobrevuela indudablemente el espíritu de George Harrison) e invita más decidido que nunca al baile, pelando su carnet de viajero musical con preferencia por el pasado: chequeen el espíritu glam en "The First Time", el guiño levemente funk en "The Original Thought" y la muy personal traducción del sonido disco en "A song for Milton Feher". Encantador.

jueves, julio 02, 2009

OSCAR RAUL CARDOSO (1948-2009)





Se fue un grande, un maestro del periodismo argentino. Oscar fue un tipo de una lucidez notable, de una ética irreprochable, de una nobleza poco común. La muestra más cabal de su sabiduría era su enorme humildad. Lo vamos a extrañar un montón.


Su blog en Clarín.

domingo, junio 28, 2009

Uno, dos, tres, muchos Michael

Hay por lo menos dos Michael Jackson, y eso no sólo tiene que ver el insólito cambio de fisonomía a fuerza de quirófano del Rey del Pop fallecido esta semana. Uno es el que revolucionó la música negra con dos discos extraordinarios: "Of the Wall" (1979), inicio de su relación con un personaje fundamental en su carrera, el productor Quincy Jones, y "Thriller", continuidad de ese vínculo y divisoria de aguas en la historia de la industria musical: cuarenta millones de copias vendidas, siete cortes de difusión convertidos en hits sobre nueve tracks, ocho Grammys y una persistencia inusitada en el imaginario popular planetario. El otro es el que protagoniza una historia cuyo desarrollo sirve perfectamente como modelo ejemplificador para los razonamientos que objetan experimentos inescrupulosos como "Bailando Kids".

El chiquito que rezó en el trampolín, implorándole a Dios por "el disco más vendido de todos los tiempos" antes de saltar a la piscina -el propio Jackson lo reveló en el libro "Moonwalk (1988)- y, según confesó más tarde, recibíó unas cuantas palizas del inapelable Joe, antes que padre, manager de mano dura de los Jackson Five. Ese chico fue el adulto que años más tarde no puedo tolerar retroceder ni siquiera un centímetro en términos de fama, ventas y éxito, ese objetivo al que la libido de la sociedad está apuntada desde que los medios de comunicación de masas funcionan como aparato ideológico por excelencia. Cuando Michael pensó que con los asombrosos números de "Thriller" no era suficiente, empezó su camino hacia ninguna parte: intentó evitar que Quincy Jones recibiera un Grammy por su trabajo, compró los derechos del catálogo de la banda más popular de todos los tiempos, The Beatles, se enredó en matrimonios mediáticos, emprendió viajes a lugares exóticos, sugirió que era un personaje clave para el derrumbe del comunismo e intentó revelarse como protector de los niños de todo el mundo, un afán que terminó despertando más sospechas de perversión que verdadera filantropía.

El día que Jackson cedió su megaéxito "Beat It" al entonces presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan para que sea utilizado en una campaña televisiva que alertaba sobre el peligro de tomar alcohol entes de conducir, se ocupó de chequear el contenido de la campaña y la aprobó con firme convicción: una de las imágenes mostraba la mano de un esqueleto tomando la de una persona viva, obvia referencia al fresco de la Capilla Sixtina que muestra a Adán tocando la mano de Dios, como advirtió lúcidamente el crítico y ensayista norteamericano Greil Marcus. Michael se proponía gustoso como deidad, sin saber que esa manifestación inequívoca de megalomanía suponía, antes que su consagración personal, un camino sin retorno. Si, siguiendo con el análisis de Marcus, los Sex Pistols habían propuesto al público que eligiera decir sí o no a ellos, al trabajo, al ocio, a Dios y al Estado, activando así la impresionante revolución punk, Jackson -con su omnipresente "Thriller" como mascarón de proa- logró el dudoso triunfo de que nadie pudiera elegir: no tenía por qué gustarnos, sólo había que admitir que formaba parte de nuestras vidas. Como pretenden la TV, la religión y todos los dogmas de esta era de la hipercomunicación, que acaba de perder a uno de sus íconos más significativos.

sábado, junio 20, 2009

The Last Che (sobre el film de Soderbergh), by Collo Damore

Mucho más que en ponerle un eslabón más a la cadena de películas -que se hicieron desde el mismo año de la revolución- sobre el Che Guevara, una lenta edificación de un héroe humano en busca de la perfección, Steven Soderberg construyó, en esa supercinta de cuatro horas -dividida en dos partes-, al último Che.

"Che-Guerrilla" es un film distinto a su precedente, "Che, el argentino", que tiene una mirada autorreferencial del mito, nutrida, aunque bien relatada, de acero, de una sinceridad a prueba de balas y de una seducción provista por el actor (Guevara y Del Toro, como dice Peri Decuzzi, Brad Pitt en rubio).

El montaje de la primera parte abarca el derrotero de la lucha armada en Cuba -la revolución misma-, y su correlato es el liderazgo del Che en la asamblea de la ONU, presidiendo la delegación cubana. Vale aclarar, estas partes siempre en blanco y negro, como el registro testimonial (el-do-cu-men-to) de que el hecho que se está contando, la revolución, tuvo su éxito. Que ese hombre que luchó tuvo su premio.

La segunda parte del film es una experiencia cinematográfica vital, aunque sabemos que acá el personaje principal palma. Soderbergh aprovecha de otra manera el ambiente de selva con respecto a la primera parte. Puede decirse que la primera parte es realista y la segunda es naturalista. Aunque el naturalismo pueda ser una variante extrema del realismo, sí, hay una diferencia clave entre ambos. Mientras el realismo interroga la causalidad social de los conflictos (con resolución o no), el naturalismo remite a la determinación biológica contra la que la lucha del hombre se hace inútil. El film no es un whodunit (la resolución de un enigma, en este caso relacionado a las traiciones que padeció el Che y lo llevaron al cadalso); no es necesario meterse en la complejidad de ninguna red de conspiración, por eso la pantalla vibra con el agua, con el cantar de los pájaros, con un verde que recuerda al bosque en el que Gus Van Sant metió a Cobain en "Lasts Days", el biopic, mejor dicho el antibiopic, del líder de Nirvana. En el final muere la cámara (¡¿Soderbergh se parece a Shohei Imamura?!) Y así se va, si se hace justicia cinematográfica, el último Che de la historia del cine.


P/D: estaba viendo en las carteleras que este es un film ATP, como UP, una aventura de altura. Todo Pixar me tiene un poco harto con sus moralejas bastardas, ya está, dejemos de joder, "Wall-E" en los próximos veinte años será más cuestionado que Jonás Gutiérrez. Formemos nuevos cinéfilos que cuando tengan treinta años cuenten: "mi viejo me quería llevar a ver UP, pero no había entradas y nos metimos en la del Che, que era ATP Creíamos que era una de guerra. Pero no, era de la vida. Cuando terminó nos fuimos abrazados y ahí empecé a amar el cine".

viernes, junio 19, 2009

BAUTISTA

Los hermanos esperan impacientes, mordiéndose las uñas...
cuando le avisan al padre que nació su cuarto hijo
y sale a fumar solo, mira fijo el edificio Bernasconi,
ese edificio fue declarado de interés cultural.
Y su hijo no le interesa a nadie. La cultura de su hijo
empieza a depender de todo lo que piensa, fumando,
cuando mira al Bernasconi:
"lo imponente de estas construcciones
es que desaparecen, se hunden..."

Bautista es un nombre sacado de la biblia,
al azar.
También podría llamarse Ezequiel, o
Lucas. La biblia es puro azar.
El azar destruye,
en el destino un estigma. Dame un nombre,
dame un talismán.


"Bautista", poema de "Maternidad Sardá", de Martín Rodríguez (2005)

lunes, junio 15, 2009

Tanglewood Numbers, de Silver Jews



Durante mucho tiempo las noticias sobre David Berman hablaban de adicción al crack, peleas callejeras, profundas depresiones y hasta algún intento de suicidio. "¿Cuáles son las diferencias esenciales entre "Tanglewood Numbers" y tus cuatro discos anteriores?", le preguntaron alguna vez a Berman. "Es el primero en el que he estado sobrio", respondió lacónicamente el muchacho nacido en Virginia y compañero de estudios de Stephen Malkmus (Pavement), con un sentido del humor que ha conservado intacto. "América está dominada por una música casi antihumorística. Hay demasiados artistas que se pasan el día cantando lo mal que se sienten sin expresar absolutamente nada. Son como Nirvana, que a mí siempre me parecieron unos niños llorones".

Bromas y acidez al margen, lo cierto es que el quinto disco en la carrera de Silver Jews tiene una vitalidad inusual: las letras siguen siendo tan agrias como siempre (y las temáticas, abarcadoras, van desde la vida de un pony a las desventuras de un grupo de punks melancólicos), pero la sensación que transmite la música es mucho más up que en otras ocasiones. Si hay algo que caracteriza a este disco es su poder energizante y la afortunada precisión con la que combina la tradición de Nashville con la controlada desprolijidad indie, parte de la resaca que conserva Berman luego de sus prolongadas andanzas con la gente de Pavement. Dos ex integrantes de esa banda, Malkmus y Bob Nastanovich, forman parte de una lujosa lista de invitados en la que también aparecen Tony Crow (pianista de Lambchop (quien "decora las canciones como si fuesen árbolitos de Navidad", en palabras de Berman), Will Oldham (de brevísima aparición en un par de tracks), la argentina Paz Lenchantin (Zwan, A Perfect Circle) y la actual mujer de Berman, Cassey, que se luce más de una vez en los coros. Ya sin ningún tipo de resaca, Berman grabó el año pasado con Silver Jews "Lookout Mountain, Lookout Sea", quizás el disco más luminoso y optimista de su carrera, donde hasta se da el lujo de imitar a Johnny Cash.

Más información en el site oficial de la banda.

sábado, junio 13, 2009

Ciclos

"...por esa natural sociedad en la que el que está arriba tiene indefectiblemente apoyado su pie sobre la nuca del que está más abajo, donde el que se jerarquiza asume su jerarquía luego de una previa destrucción, donde el que reina cree que es posible que su reino no cese nunca, hasta que una irrupción fulgurante y hosca le arrebata cetro y corona y lo hunde en un foso de espirales fortuitas y deglutientes y permanece de pie sobre sus despojos estableciendo a su modo una nueva era de orígenes nefastos y culminación invariable" ("Fuego para Rivarola", Juan José Saer, 1957)

lunes, junio 01, 2009

Van Morrison - "Astral Weeks: Live at the Hollywood Bowl", por Pablo Strozza

"Astral Weeks de Van Morrison fue un disco particularmente importante para mí. Cuando salió, yo era una ruina física y mental, los nervios y los fantasmas me rallaban y las arañas se avecinaban y ocupaban mi mente. Mis contactos sociales se habían reducido al mínimo, y la presencia de otras personas me ponía nervioso y paranoico (...). Sonaba como que el tipo que había hecho Astral Weeks estaba sumido en un terrible dolor, algo que los discos anteriores de Van Morrison sólo habían sugerido pero, como en los últimos álbumes de Velvet Underground, había un elemento redentor en la oscuridad, en la última instancia de la compasión por el sufrimiento de los demás, y también una franja de pura belleza y reverencia mística, que abarcan hasta el corazón de la obra".

Así hablaba Lester Bangs, uno de los críticos de rock más reconocidos de todos los tiempos, sobre Astral Weeks, segundo disco solista de Van Morrison, grabado en 1968, nunca presentado en vivo de manera completa ("la compañía nunca me apoyó para eso", dijo Van) y, de manera unánime, uno de los más celebrados discos de rock de toda la historia del género: tanto es así, que ocupa en número 19 en la lista de la revista Rolling Stone realizada en 2003 sobre los 500 discos de rock más importantes de todos los tiempos, y para la revista Mojo es el segundo mejor disco de la historia, según una votación de 1995.

Cuarenta años después, y tras una carrera que incluyó incursiones por casi todos los géneros del rock and roll, tamizadas por su voz de "puro tenor irlandés", Van The Man (apodo que le quedó al hombre tras su espectacular performance en The Last Waltz de Martin Scorsese, rockumental despedida de The Band) accedió a tocar de manera íntegra su mejor placa en el Hollywood Bowl de Los Angeles. Y el resultado confirma la leyenda de Astral Weeks. Con una big band con tintes jazzeros ("provengo del jazz", señaló Morrison en una de sus contadas entrevistas, hace muy poco), el cantante arremetió con esa obra que remite a una Belfast idealizada, soñada y, hoy por hoy, ya inexistente. La referencia a la avenida de los cipreses ("Cyprus Avenue"), citada tanto en esa canción como en "Madame George" (el tema más destacado del disco en 1968 y en 2008 también, y que, desmintiendo todos los rumores, no trata sobre un travesti), el inequívoco sabor a cerveza Guinness, el scat con copyright Morrison, las improvisaciones atonales en vivo: todo esto sirve para potenciar al disco original y no para opacarlo. Una deuda saldada con la historia, como la grabación del Smile de Brian Wilson, y las ganas de que alguien se digne, en algún momento, a traer al León de Belfast (el sobrenombre del pueblo) a estas tierras para algún concierto. Que así sea.

viernes, mayo 29, 2009

Por el camino de Swan Song, by Fabián Casas

Hace unos días el manager de Jimmy Page le dijo a la prensa que no iba a haber una nueva gira de Led Zeppelin: “Zeppelin se acabó, olvídense de ellos”, sostuvo. Semanas antes había salido con la contraria y había confirmado que Page, Jones y el hijo de John Bonham estaban probando cantantes para salir de gira ya que Robert Plant se había negado a volver a cantar por las rutas.

Page, Plant, Jones y el joven Bonham habían tocado el año pasado en Londres en un concierto que tuvo gran repercusión. La música y el aura de Zeppelin parecían seguir intactos y el metabolismo de la banda no daba muestras de rechazo al órgano implantado en la bateria: al fin de cuentas, Jason es de la misma sangre que John. Un corazón más joven para suplantar al corazón viejo y metálico del hombre que ponía de pie a Led Zeppelin en escena.

Como Zappa o los Beatles, Zeppelin aún muerto sigue editando discos extraordinarios que Jimmy Page saca de la galera de su archivo de cintas. Fue un grupo que revolucionó eso que se llamaba rock and roll y que permaneció unido hasta que la muerte los separó. John Bonham se ahogó en su propio vómito mientras la banda intentaba –con disco nuevo en las bateas- ensayar para salir de gira a principio de los ochenta. Era el regreso del Jedi, pero no pudo ser. Los rumores corrieron como Messi: ahí estaba otra vez la maldición de Zeppelin que ya se había cobrado a Karac, el hijo de Plant, y que les había provocado catástrofes financieras y accidentes de todo tipo. Todo, decía el vulgo, porque Jimmy Page era amante de la magia negra y ésta se le había escapado de las manos.

El periodista Stephen Davies en su libro clásico sobre Zepp El Martillo de los dioses, da cuenta de algunos sucesos en torno a la muerte de Bonzo: “Una revista de fans afirmaba que se había visto brotar un espeso humo negro de la casa de Jimmy el día en que murió Bonzo, y que el guitarrista había entrado en cólera destructiva cuando escuchó la noticia y había empezado a maldecir en extrañas lenguas. También fue resucitado el mentado rumor del famoso Album Negro. Esa leyenda decía que la banda había grabado un album lleno de cantos fúnebres que un escritor alemán afirmaba que había traducido del germano antiguo. Dos días después de la muerte de Bonzo, el Evening News de Londres, titulaba: "El misterio de la magia negra de Zeppelin”.

Kaspar Hauser apareció una tarde de primavera del año 1828 en la bella ciudad de Nuremberg. Tenía una edad mental de siete años en un cuerpo de muchacho. Parecía que un plato volador lo había dejado en ese lugar ya que nadie lo conocía, nadie lo reclamaba y él mismo no podía explicar dónde había estado durante todo ese tiempo. A parte de una historia real, se convirtió en un mito del romanticismo alemán. Un joven con un alma pura, inocente, que apenas logra vivir un lustro antes de ser, misteriosamente, asesinado. Hay personas que irrumpen con ese mismo misterio en la vida de uno. Carlos, quien en nuestro barrio iba a ser llamado rápidamente como Slowhand –en alusión al apodo de Eric Clapton- apareció una tarde caminando por la avenida Independencia. Era un joven apuesto, de pelo largo, que nos llevaba apenas unos años y que tocaba la guitarra. Rápidamente se hizo amigo de varios de los chicos que andaban siempre rastrillando las calles de Boedo y terminó ocupando un lugar en nuestra mesa familiar ya que su pasado –no tenía padres, había sido criado por las hermanas y trabajaba desde chico- era suficiente para que mi mamá lo adoptara. Nunca supe el apellido de Carlos. Sí supe que trabajaba en una zapatería que quedaba en la esquina de Carlos Pellegrini y Lavalle –ahora hay ahí un local de ropa- y que se esmeraba por no dar un paso en falso, por salir adelante de manera honesta. En la zapatería llegó a ser el encargado. Con apenas tres años de ventaja ya sabía más de la vida que nosotros, nenitos de mamá con las necesidades básicas resueltas.

Curiosamente, Carlos no tenía envidia, rencor ni nada esas cosas que suelen tener los que la tienen que yugar de chicos. No. Al contrario, nunca se quejaba y disfrutaba de todo. Con el tiempo, se hizo muy amigo de un tío nuestro y éste le dio un trabajo en su estudio de fotografía, donde aprendió el oficio de laboratorista. Pasaron muchos años, lo dejé de ver y me lo encontré una tarde en el diario Clarín, donde yo trabajaba. Ahora le decían Carlitos Escaner porque manejaba ese aparato. Tampoco tenía apellido. Charlamos un rato, me contó que se había casado con la ex mujer de un amigo en común del barrio. Nuestro amigo en común se había matado en un accidente de moto. Se llamaba Román. Tuve el fogonazo de la tarde en la que me vino a visitar para mostrarme la moto que se había comprado. Era de cross. La miré con el recelo que se mira a un animal poderoso. Román también era un poco más grande que yo y tenía un gran poder de fabulación. Era experto en un número que todos los chicos del barrio le pedíamos que repitiera una y otra vez: la imitación de cómo caminaban los muñecos televisivos del Capitán Escarlata. Lo estoy viendo. Román fue a Malvinas, estuvo en la rendición. Usaba lentes con culo de botella porque no veía nada. Tenía un encanto particular, me hacía acordar al Lennon de lentes redonditos y vestido de soldado de la película Cómo gané la guerra. De manera que Escaner o Slowhand –mi mamá le decía Lojan- nació en algún lado impreciso, fue criado por sus hermanas, apareció por el barrio de Boedo algún día de fines de los setenta y se especializó en fotografía a través de un tío mío. Consiguió un oficio y construyó una familia casándose con la mujer de un amigo fallecido. Era –y debe seguir siéndolo- fanático de Led Zeppelin. De hecho él fue el que trajo e instaló el culto de Zeppelin en el barrio.

Jimmy Page fue un chico callado, solitario, que no recuerda haber tenido compañero de juegos hasta que cumplió los cinco años. Dijo: “Ese aislamiento temprano tuvo mucho que ver en cómo me volví de mayor. Mucha gente no puede estar sola, se asustan, pero la soledad no me molesta en lo más mínimo. Me proporciona una sensación de seguridad”. A los quince años consiguió una guitarra española con cuerdas de acero. Empezó a tocarla. Con el tiempo se hizo músico de sesiones de discos de blues. Entró en los Yardbirds y los revolucionó. La cabezota se le había agrandado y ya tenía en su cerebro un estudio de grabación. Puede que alguien que esté leyendo esto no haya escuchado nunca tocar a Jimmy Page. Es una pena. Personalmente, nunca un guitarrista me impactó en vivo como él. Los Yardbirds le quedaron chico y armó otro grupo que se llamó Led Zeppelin. Esta banda instaló una forma de hacer rock como si fuera una nueva percepción en el mundo: cuando pasás cerca de una casa de comics donde se ven figuras medievales, superhéroes e imágenes parecidas a las de las sagas celtas, estas viendo –aún hoy- algo del imaginario de Led Zeppelin. Pero también cuando posás la vista sobre automóviles inmensos, lugares lujuriosos y vaqueros ajustados. La música de Zeppelin, que partió del blues y asimiló recursos de diferentes sonidos étnicos es difícil de catalogar sin correr el riesgo de quitarle frescura. Bastaría decir que Led Zeppelin II es tan clave para la música moderna como Sgt. Pepper's y que, después de este disco, la banda siguió sacando otros de igual envergadura.

Cuando John Cheveer, de niño, escuchó la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, se dijo a sí mismo: “Esto es tremendo. Así es como yo siento que es la vida”. Algo de eso nos pasaba a nosotros con la música de Zeppelin. Y me sigue pasando. Escuchando y viendo ahora el DVD de los recitales en vivo de Mothership no siento nostalgia, siento que es la música de mi presente, que ese sonido tan particular saca a la realidad de ese guiso espeso donde ésta se estanca en nuestra vida cotidiana y me crecen alas en los tobillos. Creo que podría volar. Hay algo de Zeppelin que se ha vuelto un clishé gracias a su múltiples imitadores que ha tenido en el rock pesado, heavy metal, hard rock, trash o lo que sea. Un clishé que se destruye ni bien aparece los primeros acordes de "Achilles Last Stand", por ejemplo. Con el ascenso de Zeppelin, Page dio rienda suelta a sus excentricdades. Fue fanático del brujo Aleister Crowley, cuyo lema de vida era: “Haz tu voluntad. Esa es la única ley”. Crowley, siguiendo al pie de la letra su máxima, vivía con muchas mujeres y tomaba asiduamente hachís, opio, cocaína y heroína. Murió perseguido por los acreedores huyendo de país en país. Con el tiempo, se inició un culto a su figura. Page compró la casa donde Crowley vivió, frente al lago Ness. A Page le gustaban las groupies muy jóvenes, invocar espíritus antiguos y los materiales de sadomasoquismo. También la heroína. Dicen que solía andar con un látigo para azotar mujeres. Cuando un periodista le preguntó qué estaba buscando, dijo: “Poder, misterio y el martillo de los dioses”. Ahora tiene el pelo blanco y largo y se parece al mago Merlín. Está casado con una argentina y suele venir de vez en cuando a la Gran Llanura de los Chistes. Dicen que tomaba ginebra en un bar de colegiales con los viejos del lugar. Me gusta pensar que Jimmy Page y Carlos Slowhand caminaron en círculo, orbitándose como planetas, por las calles de Buenos Aires. En algún punto se deben haber tocado, tienen que haber estado en el mismo lugar.

miércoles, mayo 27, 2009

Clem Snide/Hungry Bird




"En muchos sentidos, la de Clem Snide es una historia triste, casi trágica", decía Eef Barzelay, cantante y líder de la banda, en una entrevista publicada el año pasado. Más allá de de cierta sobreactuación, es cierto que el ambiente que rodeó la grabación de "Hungy Bird" no fue el más feliz del mundo: hubo una sucesión de peleas que motivaron la expulsión de un manager, se produjo el cierre de un sello y finalmente llegó la disolución de la banda, básicamente por los problemas que explotaron entre Barzelay y el guitarrista Pete Fitzpatrick.

Barzelay dejó que las aguas se aquietasen, grabó dos muy buenos discos solistas y ahora decidió lanzar un álbum que, a pesar de las rencillas, estaba casi listo para editarse. Y el resultado es encomiable: más en la línea de los discos de Eef, casi desprovisto de los clásicos arrebatos de adrenalina de Clem Snide (otro nombre inspirado por William Burroughs, igual que Soft Machine y Steely Dan, por ejemplo), "Hungry Bird" es un álbum íntimo y emotivo en el que brillan especialmente los dos primeros temas, que también son un señal clara de los intereses del cantante y guitarrista que hoy vive en Nashville: "Me No", que podría formar parte del repertorio del R.E.M. más inspirado, y "Born a Man", donde, aporte del productor Mark Nevers mediante, el guiño es para el rey del actual barrio de Barzelay, el genial Kurt Wagner, de Lambchop.

miércoles, mayo 13, 2009

Morrissey - "Years of Refusal"

No hay esperanzas de una vida mejor, ni amigos verdaderos, ni amoríos que terminen bien en estos días en los que el consumo de antidepresivos es regla ineludible para la supervivencia. Eso es lo que nos viene a decir, a través de su nuevo álbum, Morrissey, uno de los cantantes con más personalidad, talento y agallas de los últimos 25 años, el líder y referente indiscutido de los Smiths, la extraordinaria banda de Manchester que cambió el mapa del pop para siempre en apenas cinco años de carrera.

Apelando otra vez al pionero del pop-punk Jerry Finn -fallecido hace unos meses cuando tenía apenas 39 años y con quien había trabajado en "You Are the Quarry (2004)", el disco que marcó su regreso con gloria luego de siete años de doloroso silencio para sus fans-, Morrissey abandonó decididamente el lustroso barroquismo de su álbum anterior -"Ringleader of the Tormentors" (2006), producido por el veterano Tony Visconti-, para sumergirse en un sonido más rockero, cercano a la espesura y densidad de "Your Arsenal" (1992), uno de los picos de su carrera solista, e incluso a la época con The Smiths.

El ademán rejuvenecedor no parece casual: aunque con Mozz nunca se sabe, en distintas entrevistas ha dado indicios de un posible retiro que no tardaría tanto en llegar. Volver a la fuentes antes de la despedida, entonces, como gesto necesario para acabar definitivamente con las esperanzas de una reunión con Johnny Marr, Andy Rourke y Mike Joyce, un rumor que Morrissey nunca dejó crecer más allá de la especulación sin argumentos sólidos.

El primer corte del disco es el mid-tempo "I’m throwing my arms around Paris", editado en Europa y Estados Unidos como single cuya cara B es "Shame Is The Name", un tema cantado a dúo con Chrissie Hynde, la ex líder de The Pretenders, y que lamentablemente no forma parte del disco del disco. Pero la mayor sorpresa es sin dudas "When Last I Spoke to Carol", tema ideal para un spaghetti western, adornado apropiadamente con guitarras españolas y vientos mariachis, clara revelación de la fascinación que ha despertado últimamente en el cantante inglés la música de Ennio Morricone. La épica "It's Not Your Birthday Anymore" sirve para demostrar que la voz de Mozz permanece intacta: su falsetto recuerda al de la gloriosa "Well I Wonder" del disco "Meat Is Murder", grabado hace exactamente 23 años. En el trepidante "One Day Goodbye Will Be Farewell" aparecen otra vez los vientos, esta vez en medio de un tornado de guitarras y un colchón de teclados, mientras un Morrissey tan deliciosamente afectado como de costumbre reclama un viaje urgente al infierno.

Lo que "Years of Refusal" representa en esta etapa tardía de la carrera de Morrissey es la clásica puesta a punto del artista que le teme a los fantasmas de una madurez decadente. Morrissey no parecía correr ese riesgo -todos los discos de su carrera solista van de buenos a excelentes-, pero sonar tan vivo, crudo, y visceral, tan cándido y malvado al mismo tiempo, nunca está de más. Hay quienes han observado este disco súper enérgico como una especie de viagra sonoro recetado para contrarrestar la declinación de la potencia del pasado. Sin embargo, parece más justo leerlo como un nuevo exceso de alguien que vive su vida como si fuera un héroe de película.

Hace un tiempo, Morrissey se negó a tocar en Canadá porque allí está permitida la matanza de focas. "Se justifican diciendo que esa industria da trabajo a alguna gente. Igual que las cámaras de gas de las SS. Estoy seguro de que también daban trabajo a alguna gente", exageró. La declaración lo pinta de cuerpo entero: si hay que apostar, mejor hacerlo a pleno. Como en "Years of Refusal".

miércoles, mayo 06, 2009

Derrotero ...

... extraño, el de Jorge Lanata: de anunciar un cambio en la historia del periodismo que por lo visto no se produjo al teatro de revistas y la visita al programa de Tinelli, donde se enfrentó a su propio doble, encarnado por Miguel Angel Rodríguez. ¿Se viene la lucha en el barro con Chiche Rabioso Gelblung?

domingo, mayo 03, 2009

Hay alguien nuevo en la política: vos

- David Cruise. -Al pronunciar el nombre, Carradine enderezó la espalda-. Dirige el canal de cable de Metro Centre. Es muy popular y gusta a nuestros clientes.

- No lo dudo. Se ocupó del lanzamiento de algunos productos nuestros. Recuerdo un spot publicitario para cine sobre un nuevo microcoche. Era demasiado corpulento y no pudo entrar y tuvimos que prescindir de él. Pero cabe en la pantalla del televisor.

- Es bueno. Todos nos alegramos de que esté aquí. El presidente del distrito electoral piensa que sería un buen diputado.

- Claro que sí. Hoy la política está hecha a su medida. Sonrisas por todas partes, música ambiental, campaña de ventas que se libra de la necesidad de un producto... Hasta el carácter ladino. A la gente le gusta que la estafen. Les recuerda que todo es un juego.

(fragmento de "Bienvenidos a Metro-Centre, última novela de J.G. Ballard)

martes, febrero 03, 2009

Waiting for the Mundial, by Fabián Casas

En los cines están dando una película y los críticos le están dando a la película. El nombre original es "Revolutionary Road", pero acá aparece bajo el título de "Sólo un sueño". Vuelven a trabajar juntos, después de un largo tiempo, Leonardo Di Caprio y Kate Winslet. Es la historia de una pareja que se hace trizas. Pareciera decirnos que si Di Caprio no hubiera muerto en los mares helados donde cayó el Titanic, jamás hubiera soportado la condena de la convivencia con la joven que en ese entonces encarnaba Winslet y que le soltaba la mano mientras Leonardo descendía hacia el fondo del mar. Aunque la película no es buena, hay algo que nos perturba cuando la vemos. Quizá ese algo -conjeturo- sea la esencia que destila el texto de la extraordinaria novela de Richard Yates en la que está basado el film. Una pareja puede ser un infierno. Lo decía Tolstoi: "El hambre y la guerra son terribles, pero la peor tragedia es la de la alcoba". Así que una pareja puede ser un infierno y puede estar condenada al esquema de la repetición. Es decir, se inicia una discusión, se persiste en ella subiendo los decibeles -siempre las mismas cosas, las mismas afrentas, hasta las mismas maneras de sostener el crescendo- hasta que, como en una tragedia griega, se logra una catarsis momentánea. Ya que hay que volver a empezar rápido, como en la canción de Lerner. Lo mismo le pasa a San Lorenzo de Almagro. Es probable que tenga uno de los mejores planteles del fútbol local. Pero, por algún motivo que no se puede desentrañar, ese plantel está enojado. No sólo está enojado, está paranoico. Supone -el plantel- que alguien le hace algo. Lee la realidad como una fiesta de símbolos que le confirman sus más oscuras paranoias: la AFA los quiere perjudicar, Falcao es Gollum, el demonio de dos caras, Boca compró a todos los árbitros, etc., etc. Con lo cual los hinchas que vamos a la cancha para verlos jugar, tenemos que tratarlos como a esos primos impresionables, hipersensibles que se enojan por nada. Gonzalo Bergessio, por ejemplo, parece Néstor Kirchner. Un tipo siempre al filo de salirse de caja, que no soporta una voz de disenso y que sólo acepta la realidad si esa realidad está guionada para su conveniencia. Así lo echaron contra Boca en la final del otro campeonato y ahora también se fue rápido a las duchas en los torneos de verano. Y parece que, como en las peleas de pareja, va a seguir repitiendo este número una y otra vez. Orion, Méndez y Bottineli están en una misma sintonía cada vez que juegan con River. Hay que matar a Falcao, como si fueran personajes del catch donde unos hacen de buenos y otros de malos. Lo cierto es que Falcao le saca un gran provecho a la situación. Mete goles para su equipo. Méndez, Botinelli y Orión parecen más preocupados por una cuestión personal, por demostrar un poder que por jugar para la gente. Por eso se convierten en esclavos. Un amo de verdad no tiene que demostrar nada, no tiene que representar su poder, es el señor 0. Hace su trabajo y listo. Ahora empieza un nuevo campeonato y otra vez la bendita Copa Libertadores. Ojalá alguien les dijera: "olvídense de ustedes, jueguen por placer, sepan que el adversario es alguien necesario al que se debe honrar. Metan goles. Hagan molinete. Ríanse. Que la vida es corta y el Clausura aún más".

viernes, enero 09, 2009

Apuntes de Louis Chitarrolling (un críptico de rock)

Quiero escribir una biografía de Fernando Redondo: le dijo NO a Bielsa, NO a Bilardo y NO a Passarella: Peripecias del NO.

Cada vez estoy más convencido de que los Fabulosos Cadillacs son un muy buen grupo para animar un casamiento después de las 12. ¿Cómo puede ser que el Gordo Flavio se vista asi? Parece mi amigo Daniel Teenager, siempre vestido como un jopende aunque ya tiene 50 años.

Skay es invisible a los ojos.

Me imagino esta propaganda de preservativos: Dante Spinetta cantando como si fuera un karateca. Funde a negro y sale en primer plano un paquete de Tulipán. Y dice: "Luis, esto se podría haber evitado".

Brindo por un cáncer de huevos de Pascua.

Fito Páez me llamó porque está leyendo a Lacan y no entiende nada. Yo tampoco. Pero utilizo conceptos lacanianos para las largas sobremesas con el grupo de amigos: Bizzio, Guebel, Alan, Carla Bruni...

jueves, noviembre 27, 2008

Los apuntes de Luis Chitarrolling (un críptico de rock)

new!



Lunes
Deléctrico ¿Va a venir o no va a venir? ¡Que se decida!

Martes
Líneas para una novela: Culeli tenía un tigre de bengala. Desde chiquito. Le daba de comer y un día se le soltó en el barrio. Un desastre.

Miércoles
Anoto lo que dice Javier Martínez: "Desde que se separaron Los Gatos, el rock se llenó de ratones: Los Súper Ratones, Los Ratones Paranoicos, Rata Blanca, etc". Se puede usar como epígrafe para la biografía de Rosso que estoy escribiendo como ghost writer.

El famoso crítico Pablo Strozza dijo: "Cuando tocó Beck me fui a comer un pancho". ¿Esto significa colocar lo popular por encima de la vanguardia?

Jueves
Yo.

Viernes
Odio a Iorio y a los que lo festejan.

miércoles, noviembre 26, 2008

Caribbean Massages, by Rupert

Hace tiempo que voy a "Caribe Masajes". Son todas paraguayas las que atienden. A muchas las traen directo desde Asunción. Otras vienen desde Ciudad del Este. No sé por qué me gustan más las de Ciudad. Empecé a ir a Caribe Masajes hace unos diez años. Mi debut fue con una chica que se llama Araceli. La vi en Platynum y me gustó. A diferencia de las que apuestan a ser guerreras, ésta tenía una expresión dulzona. Yo era muy tímido; tanto que ella, al final de la sesión, se tuvo que desnudar solita. Una vez que se quitó la ropa, me preguntó si no la quería participar; sí, así me dijo. Fue raro.

La cuestión es que, desde el comienzo, quise que me pase lo que me terminó pasando hoy. ¿Qué me pasó? Bueno, fácil: agarré a una paraguayita recién traída del monte. Sí, al fin me pasó. Es como que estás en el agua, te salta un pez y vos lo agarrás con la mano. Sí, me pasó ese milagro sin siquiera esperarlo.

El caso es así: hacía bastante que no iba a Caribe Masajes y decidí ir porque, entre muchas otras cosas, extrañaba ese aire a colmenar céntrico bien atorrante. Además, la visión de culos en la calle había empezado a abrumarme. En todas las cuadras te azotan; son demasiados y son demasiado perfectos.

Ya en la presentación –así llaman al momento en que las chicas desfilan-, descubrí una chica nueva. "Sabrina soy", me dijo. Después, en el cuarto, me dijo lo increíble: "no te había visto antes. Es que hoy es mi primer día. Usted es mi segundo cliente". Me lo dijo y casi me infarto. "Y antes qué hacías?". "Hasta hace un mes trabajaba de moza". Después, le pregunté lo que pregunto siempre: ¿cuándo garchaste por primera vez? ¿Cuántos novios tuviste? ¿Cuándo fue la última vez que garchaste que no sea acá? ¿Tenés novio ahora? ¿Le entregabas la colita a tu novio? Esas cosas. Esas indagaciones son una religión adentro de Caribe Masajes. Pero en este caso eran mucho más importantes.

Así fue como Sabrina, súper tranqui, haciéndome masajes en la cola, me contó lo que quería saber. "Sos tan tranquila que pienso que sos pisciana", le dije; pero no, todo lo contrario, esa preciosura resultó ser ariana. Ese tipo de cosas hablamos mientras ella me hacía sus lindos masajes en paz.

El que no estaba tan tranquilo era yo: todo el tiempo elucubraba que de ahora en más a esta Sabrinita se le van a empernar unos ocho o nueve tipos por día; y hacía cuentas; y era peor: me alteraba cada vez más. Era como que quería agarrar toda esa divinidad sin explotar y seguir yendo por los próximos 20 o 30 días. En eso pensaba; y hacía cuentas... Contabilizaba cuánto sería prudente gastar en un caso como éste.

Al final, una hora exacta después de haber ingresado, calmo, sintiéndome amigo de mi amiga, le dije lo que digo siempre: "Tratá de juntar unos mangos y volá de acá, Sabri". Con eso me despedí. Le dije adiós a esa divinidad a punto de ser masacrada en función del metal. Una frase horrible si las hay.

lunes, noviembre 24, 2008

Sobre la Davis

Por Alejandro Prosdocimi, amigo de la casa

¿A quién hay que pegarle, muchachos? Tengo una amargura que te la voglio dire y me pongo a escribir esta columna bien caliente, como debe ser, con las encías listas para el banquete antropófago. Después de todo soy un argentino hundred per cent y como tal tengo derecho de nacimiento (¿no lo decía el Preámbulo?) a soltarle la mano a cualquiera, siempre y cuando sea en la derrota. No te hagás el chistoso justo hoy, dirán ustedes, amigos del soberano público, que esto es un incendio de proporciones y no está para repartir volantes de Greenpeace.

Sangre. Les voy a dar el gusto. Se me ocurren algunos cortes para la barbacoa caníbal. Empiezo con Nalbandian, que se tuneó la cancha justita para su paladar y se olvidó de preguntar si sus compañeros la preferían morocha o pelirroja. O mejor le pego a Del Potro, que se fue al Masters en lugar de concentrarse con el resto del equipo y desde hace un mes no piensa en otra cosa que en irse a Honolulu con la Salazar. ¿Y Mancini? Já, los jugadores le apagan los puchos en la cabeza. Y siguen las achuras: dirigentes, Vilas, Scioli, el público, la quiebra de Southern Winds.

Bla, bla, bla. El Circo Máximo argentino ruge por carne. Hay que matarlos a todos.
Voy a tratar de escribir con la distancia que me da tener el pasaporte comunitario (italiano, por las dudas) para ver si desde afuera puedo explicar(me) lo que pasó con balas de fogueo. Me parece que no perdimos por soberbios, porque Nalbi hizo la suya o faltara equipo. Con este mismo ¿equipo? le ganamos a Rusia, un rival del calibre de España, sino mayor. Ayer perdimos simplemente porque se fundió Del Potro. Si fue de los músculos o de la cabeza poco importa, porque como sabemos, un aspecto y el otro van de la mano. Y no estoy diciendo, la culpa fue de Del Potro. No, estoy tratando de explicar que nuestras chances previas eran muchas siempre y cuando Del Potro fuera aquél del match con Rusia. Pero llegó fundido, pidiendo la reposera y el daiquiri de damasco. Un pibe de 20 años que la venía remando y de golpe se encontró en una vida de Dreamworks, jugando 45 partidos en poco más de cinco meses, ganando torneos y yendo, en todo su derecho, al Masters.

En un año en el que, por varias razones, se profundizó la brecha entre la elite (Del Potro y Nalbandian) y el resto, estaba claro que el equipo era un tanque con los dos, y vulnerable con uno solo. El doble se podía perder de antemano, lo que nadie imaginaba era perder dos singles.

Esto me lleva a hablar de la fragilidad del potencial. Actividad compleja en un país de evaluadores lapidarios ("son pan comido" o "son unos muertos"), el tenis tiene un margen de riesgo muy alto, porque la construcción del pronóstico se hace sobre menos personas que en deportes colectivos. Se te cae uno, y la devaluación es mucho más impactante, obvio. Con Del Potro llegamos a la final. Sin aquel Del Potro, la perdimos.

Con estos mismos parámetros de análisis (dos jugadores de nivel, un sorteo amable) la puerta para ganar algún día esta bendita Davis no está definitivamente cerrada, aunque suene a palmadita en el hombro al sentado en la silla eléctrica.
Disculpas por escupir el asado, muchachos.

martes, noviembre 18, 2008

Lista de temas del 15/11/08

Peace (Ornette Coleman)

Los hongos de Marosa (Juana Molina)
Tiemblo (Florencia Ruiz)

Antillas (El Guincho)
Goood Girl / Carrots (Panda Bear)

DISCO DE LA SEMANA
Another World de Antony & the Johnsons
Another Wold
Shake That Devil

Prescription (Scott Matthew)
Memory of a Free Festival (David Bowie)

Esgrima (Gepe)
Esquemas juveniles (Javiera Mena)

Civil War Correspondent (John Parish & Polly Jean Harvey)
From Her To Eternity (Nick Cave)

A Few Words in Defense of Our Country (Randy Newman)
Political World (Bob Dylan)

Solo en el parque (Emiliano Martínez)
Llueve (Lucio Mantel)

Don't Be Light (Air)

martes, noviembre 04, 2008

Elogio de la sombra, by Fabián Casas

Fernando Cabrera suele versionar en vivo "Muchacha ojos de papel", de Luis Alberto Spinetta. Escucharlo tocar ese tema es una experiencia singular. Cabrera hace una apropiación crítica de esa canción fundacional del rock argentino. De alguna manera, desde la periferia, donde él suele plantarse, lo sobrevuela y erosiona, resignificándolo. Como suele hacer la deconstrucción francesa, el compositor uruguayo cuestiona el centro para que podamos escuchar "Muchacha..." bajo una nueva luz. A mí me tocó entrar a Cabrera escuchando extrañado esa versión inaudita. Más que la emoción, me picó la curiosidad. Con el tiempo, llegaría también la emoción.

Fernando Cabrera ha publicado ya muchos discos, y desde muy joven fue reconocido por sus pares y por sus mayores. Grabó con Mateo, tocó con Darnauchans y Jorge Drexler -el uruguayo de exportación- nunca paró de elogiarlo y de reconocer su influencia. Se sabe que Jaime Roos no suele hablar de nadie. Hay, por lo menos, dos tipos de tono uruguayo, uno que parece venir de la esencia de los tambores negros, un cantito particular y coloquial que tiene en su esencia algo mineral -si esta imagen puede ser posible- y otro tono más grave, como la voz de Roos, que parece más bien la de los homosexuales reprimidos que intentan -para ahuyentar sospechas- parecer muy machos.

Cabrera tiene la particularidad de que no parece preocupado por parecer nada. No parece un músico moderno, no parece un poeta, no parece un profeta... La estética de sus discos también es interesante para comprenderlo. Las tapas son horribles. Fotos directas sin ningún discurso semiótico escondido a la manera de las de Dylan -para nombrar otro songwriter- ni ningún tipo de genialidad. Por lo general está Cabrera recortado sobre fondos verdes, lilas o rojos. Casi siempre tiene una guitarra en las manos. La estética de sus tapas me hace acordar a esa gente que, cuando hace frío, se pone el pullover que tiene a mano y no se preocupa por si el cuello redondo deja afuera el de la camisa. Cabrera no está a la moda ni está, de forma estudiada, fuera de la moda. Es un tipo común. Pero la música que compone es genial. Escuchar un disco de Cabrera es una experiencia, al principio, aburrida. De hecho, el tipo de sonido que usa no es muy amigable. No tiene hits, no tiene arreglos demagógicos y no suena para nada moderno. La música no tiene packaging. Parece que no intentara venderse o no supiera bien cómo hacerlo. Sin embargo, con el correr de las escuchas, los esqueletos fosforescentes de los temas empiezan a reverberar y las letras pegan latigazos que provocan admiración y emoción. Admiración por la arquitectura osada de la forma, y emoción por la precisión de las imagenes: "te fuiste de mi vida/ te di un abrazo de despedida/ la oscuridad devora y no convida". Fernando Cabrera puede empezar una canción que a priori promete un estribillo, pero ese estribillo no vuelve nunca como lo pediría un tema tradicional. O tal vez la empezó como una balada y de golpe se rompe en un grito bagualero para terminar con frases jazzísticas o acordes piazzollianos.

Hace un par de días lo vi en vivo en un teatro porteño. Por un costado del escenario alguien tiraba humo blanco. Me acuerdo que ese efecto me resultó caricaturesco como pocas veces. ¿Para qué sirve ese humo?, parece preguntarnos la música de Cabrera. Frente a la potencia de sus temas y la parsimonia de su estar en escena (Cabrera casi no se mueve, o se mueve como los muñecos del Capitán Escarlata), cualquier acción cosmética resulta inútil. A Cabrera se lo va a escuchar. Cabrera no es creado por el público, el crea al oyente en ese movimiento siempre peligroso porque, tal vez, el espectador al que están destinados sus temas quizá no aparezca nunca.

Hay música que está fechada y sólo basta con dejar pasar el tiempo para que los oropeles se pongan en mal estado, como un yogur vencido. Por ejemplo, el bajo musculoso de Pedro Aznar. A veces pienso que sería bueno escuchar los hermosos temas de Serú Girán naked del bajo de Aznar. Con Fernando Cabrera, en cambio, uno primero cae en la ilusión que todo el tema está fechado, es inactual o pasado de moda, para después comprender que está escrito en un lenguaje extraño. No se alimenta del brillo, sino de las sombras, que permiten sugerir y dejar ver mejor las sensaciones. En ese sentido Cabrera es oriental, pero no por uruguayo, sino por japonés. En el libro "Elogio de la sombra", del novelista Junichiro Tanizaki, se habla del excesivo culto del brillo de los metales del mundo occidental y se lo contrapone a los colores más oscuros de la cultura japonesa y a la forma en que estos pueblos dejan que una pátina de suciedad se adueñe de sus objetos para que sean dignos representantes del paso del tiempo, del que no se puede escapar. Quizá en esa actitud japonesa esté el misterio de la música del uruguayo. Sus canciones tienen adheridas el paso del tiempo y el acontecimiento de las generaciones. Pueden narrar la historia del Uruguay o contar cómo un hombre es invitado al casamiento de su antiguo amor. La percusión puede venir tanto de una batería o de una cajita de fósforos. Presenciar un recital de Cabrera produce inmediatamente ganas de componer música, se sea músico o no. Porque lo que él hace en escena es narrar las posibilidades insondables que puede tener nuestra vida, ese cliché que se preocupan por perpetuar la religión, los políticos y el mundo del espectáculo.

ME.mp3, 1 de noviembre

El programa del sábado 1 en MP3 (cuatro partes):

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viernes, octubre 31, 2008

Born in Lomas, por Lucas Videla

La consigna de hoy: Me gustaría ser... Yo elijo: un pibe de Lomas

Me gustaría ser un pibe de Lomas. Para que se den una idea un pibe de Lomas es Germán Denis o Julito Comparada. El pibe de Lomas la tiene fácil y por eso me admira. Su perfil es concreto: le gusta el fútbol o los fierros; son esos tipos que no tienen empacho en tener el auto reluciente, negro, polarizado. Son flacos que los vemos con un reloj cuadrado y a la última moda -aunque sea específicamente bala-. Les gusta tener un buen corte, tatuarse, ir al boliche (y en la disco recorrer la pista con certezas).

Es más, tengo un amigo que es "un pibe de Lomás". Se llama Gaby. Tiene un Chevrolet -no sé bien qué modelo es el auto; pero no es un Chevy, creo que es un Rambler-, vivió en Brasil como surfista o algo así y ahora, año 08, por supuesto, vive en Lomas. Vive en una casa que es como un bunker ubicado atrás de la fábrica de su padre, una fábrica de maquinarias viales.

Un día de Gaby es más que aceptable: se levanta temprano y trabaja en la fábrica. No sé bien qué hace, pero entiendo que es de esos que se dedican a todo; sabe de mecánica, de computación y sabe sortear al inspector de la Afip; es capo.

Después, almuerzo con los amigos en una confitería de Lomas que se llama Vancouver. A la tarde más trabajo y a la noche, su novia o salida con las perras que va recogiendo en los boliches de la zona. Es un tipo que, con la frecuencia que yo me afeito, sale con promotoras. Gaby es un ser que fue a Epcot Center y quedó maravillado. Es un hombre que se ahorró un viaje a Europa porque no le interesan las ruinas ni los museos. Es un pibe que te lo encontrás en Miami o San Bernardo, contento, en su cuatriciclo, hablando por el i-phone y bien pero bien bronceado. Así es Gaby, born in Lomas.

martes, octubre 07, 2008

Waiting for the mundial, by Fabián Casas

¿Riquelme es emo?


Una de las pasiones de esa cosa extraña e imprecisa llamada periodismo cultural es la de descubrir tribus urbanas. Grupos de gente con ideales o expectativas similares que se visten de igual manera y que eligen, de forma endogámica, juntarse en determinados lugares para autoabastecerse con su propio rollo y evitar que nadie los moleste. Por lo general, si estos grupos son inofensivos, inmediatamente aparecen otros grupos con ganas de apalearlos, como les suele suceder a los emos y a los floggers. También, después de ser apaleados, les suelen caer encima los productores de Chiche Gelblung, personificación de la maldad televisiva que algunos periodistas todavía reivindican porque, dicen, "tiene olfato". Toda esta introducción de Wilkipedia berreta es para poner sobre el tapete esta pregunta: ¿Riquelme es emo? Yo opino que sí. Y otra más: ¿Assman es flogger?

domingo, octubre 05, 2008

ME.mp3, 4 de octubre

Ya está disponible el último programa en tres partes, formato MP3:

1. Google Reader, Bloglines o agregadores de noticias: http://feeds.feedburner.com/malelemento

2. iTunes, GetJuice, Doppler, etc.: pcast://feeds.feedburner.com/malelemento

3. Descarga de MP3 a pelo: http://malpodcast.blogspot.com.

domingo, septiembre 21, 2008

ME.mp3 - Podcast Era

Nota: Hace unos días anunciamos el podcast "en respuesta a muchos pedidos". En respuesta a muchos otros pedidos (ver los comentarios de este post), entonces, ahora toca recuperar la distribución mp3 tradicional. El podcast, claro, se mantiene. Los detalles siguen en esta revisión del post original.

En respuesta a muchos pedidos, dejamos de además de distribuir los programas de Mal Elemento en archivos MP3 zipeados y nos pasamos al sumamos el formato podcast. Hay tres opciones:

1. Los que utilicen algún agregador de noticias como Google Reader o Bloglines, pueden suscribirse haciendo clic en el link que sigue o copiando su URL:
http://feeds.feedburner.com/malelemento

Lo lógico sería que cada entrada en este feed contenga una de las partes en las que viene dividido cada programa (este sábado, por ejemplo, viene en tres) con su propio reproductor de audio incorporado.

2. Los que bajen podcasts con iTunes o algún programa podcatcher como GetJuice o Doppler para bajar los archivos y transferirlos a iPods u otros reproductores MP3, en cambio, pueden usar este link:
Suscribirse a Mal Elemento Podcast (Ojo, requiere tener instalado un programa que entienda este tipo de enlace.)

3. Los que quieran seguir descargando MP3s de la manera tradicional, pueden hacerlo desde http://malpodcast.blogspot.com. El título de cada post en esa página es un link a cada una de las partes de cada programa.

Como suele decirse en estos casos, tengan en cuenta que este es un servicio experimental, gratuito, etc., etc. No sabemos si funcionará bien ni si seremos capaces de mantenerlo en tiempo y forma. Dicho de otra manera, el chisme este viene sin garantía.

domingo, septiembre 07, 2008

Un aserradero en la hora pico, by Fabián Casas

No sé cuántos de los que estén leyendo estas líneas hayan visto la película de Lawrence Kasdan llamada -en la traducción al español- "Te amaré hasta matarte". Bueno, en ese film memorable, hay una escena que protagonizan Keanu Reeves y William Hurt, dos gamberros quemadísimos que la mujer de un tipo recluta para que maten a su marido. Los fumetas llegan a la casa de su futura victima en taxi -como para no dejar huellas-, pero dejan un testigo clave, el tachero. Y después, ya frente al tipo al que tienen que despachar, se enzarzan en una discusión sobre dónde está el corazón de su victima para pegarle el tiro certero. Por algún motivo, los dos fumetas no saben dónde tienen el corazón. Entonces, para averiguarlo, cantan el himno americano y, por reflejo, se llevan la mano derecha al corazón. ¡Listo! La película es una comedia negra, creo recordar que no muere nadie. Y los fumetas terminan en la calle. Pero esta escena me trajo recuerdos de la noche pasada. Por un lado, porque fui a ver a los Melvins con amigos y los Melvins también cantaron el himno del Imperio, y por el otro porque apenas llegué, mientras una cola de niños apuraba la entrada con las manos en los bolsillos percudidas por el frío repentino, me encontré con dos amigos de mi barrio a los que no veía hace más o menos 20 años. Uno de ellos había sido un amigo muy querido. Nos reímos y nos abrazamos, e inmediatamente quedé bajo el olor del porro letal que se habían fumado. Por los ojos, podrían haber sido las mascotas de los Juegos Olímpicos chinos. Creo que en estos veinte años que nos los vi, ellos estuvieron parados en la puerta de Niceto fumando un caño tras otro. Así que cuando me preguntaron qué había estado haciendo, les dije que era el mánager de una banda que tocaba esa noche. "¿Qué banda?", me preguntaron. "No creo que la conozcan, se llama Melvins", les dije. "¡Pero si nosotros estamos acá para ver a los Melvins!", me dijeron a coro mientras hacían equilibrio para no caerse. "Genial -les dije-, a la salida vamos a cenar con la banda". Los dos se miraron como si estuvieran soñando: vinieron a ver a los Melvins, una banda de culto en sus vidas y de golpe aparecía un amigo de la infancia para ubicarlos en la mesa de la cena con sus ídolos. "¡No lo podemos creer!", me gritaron a coro. Y me abrazaron. "¡Parece mentira!", me largaron. Me separé de su abrazo (uno solo me había conseguido abrazar, el otro le pifió a mi espalda) y les dije "es mentira, en realidad trabajo en Toxicomanía y hago pruebas con los logis que vienen a estos recitales. Ya mismo los subo a un patrullero. ¡Cómo pueden creer que puedo ser el manager de los Melvins! ¡Qué carajo están fumando!". Les agarró un ataque de risa. Yo también me empecé a reir hasta las lágrimas. Al rato nos despedimos En eso llegó Lingenti, practicamos el "lingentismo" (que consiste en entrar gratis a todos lados) y rápidamente estuvimos esperando a que empezara el show. Algunos de mis amigos -que son músicos- habían llevado tapones para los oídos. Yo uso tapones sólo para nadar. El show consistió en que una banda se dividiera en tres, es decir, dos grupos soportes formados por ellos mismos, pero sin el líder -Buzz Osborne- y ya para el final, todos juntos, con dos bateristas incluidos. Creo que en la primera entrada de la noche tocó el guitarrista de Los Natas. En fin, cuando empezó el recital, lo que siguió para mí fue una tortura. Fue como estar en un aserradero en la hora pico. Los Melvins eran tipos insoportables. Me acordé que el nombre de la banda venía de un compañero de oficina de ellos que todos detestaban por insufrible. En ese sentido eran honestos. Fue como estar en un aserradero en la hora pico, o viviendo al lado de la construcción de un shopping. Estaba escuchando la maqueta del hardcore, era una banda durísima, en "pelo", sin las melodías beatles que aportaría un rato después Nirvana. Fue una noche de recuerdos. Me acordé de un amigo que cada vez que veía alguien que gritaba mucho al declamar sus poemas solía decir: "este pibe quiere garchar". Para él, Duchamp, al poner el mimgitorio en la exposición, quería "garchar". Cuando los Melvins -que no sonaron tan fuerte- estaban machacando mi ánimo a puro metal, hardcore, sludge, grunge, etc., pensé "estos tipos quieren garchar". Y de pronto, casi en tiempo de descuento, la banda se largó con una versión casi a capella del himno del Imperio Americano. Salvo que haya sido irónico, creo que hasta los más metaleros quedaron turulatos. Se creó un anticlímax total. Yo asocio a nuestro himno nacional con muchos de los peores momentos de mi vida. Escuché el himno en la radio en el golpe del 76 y también cuando se fue a Malvinas. El himno es sinónimo de fascismo, de división. Es gente marchando para someter a otros. Gente que quiere cogerte pero sin preguntarte si estás de acuerdo. Qué asco la patria y todas esas estupideces de tener que ganar para que un país esté contento. Qué asco tener que representar a un país, como esos gordos emos que cantaban el himno llorando antes de pegarle a la pelota ovalada. Qué asco la generación dorada del básquet, Ginóbili y toda la mar en coche cuando se tiñe su talento y esfuerzo de patriotismo. Qué pena ese chico de 20 años, millonario y en lo que tendría que ser la flor de su vida, llorando desconsoladamente porque perdió un partidito de tenis. Se ve que nunca le tocó perder nada en serio.

ME.mp3, 6 de septiembre

Primera parte, segunda, tercera y cuarta.

jueves, agosto 21, 2008

Waiting for the Mundial, by Fabián Casas

El Coco Vacila

¡Paren de apagarles los puchos en la cabeza al Hombre de Pelo de Chinchilla! ¡Ojo que ese pelo es material inflamable! ¡Al final lo tratan como los marineros bengalíes al albatros de Baudelaiere! Es increíble la deconstrucción que inició el mandamás de la AFA, el rey del Todo Pasa, con la figura otrora respetada del Coco Basile. En principio, con su oferta suculenta, lo hizo renunciar a Boca, y el equipo de Palermo y el Mellizo terminó perdiendo un campeonato increíble contra Estudiantes. Esto produjo dos hechos que aún hoy estamos padeciendo: la instalación del Choto Simeone como un técnico top y la aparición de su mujer en las revistas de mucha circulación. Pero Todo Sapa no se contentó con esta afrenta, fue por más: le dijo a Basile que no iba a poder tener jugadores para entrenar, que iba a tener que conformarse con ser sólo un seleccionador, es decir, alguien que llama por teléfono después del pan y queso y que, además, iba a tener que jugar amistosos con equipos de países periféricos del reinado de Stalin y Putin. Por suerte se cayó el amistoso con Osetia del Sur. Pero hay más: también le prometió a Basile que no se iba a ir a los Juegos Olímpicos con jugadores de más de 20 años. Y no se cumplió. El Coco no dijo nada, guardó el vozarrón que utiliza para apretar a los periodistas que, según dice, le tiran en contra, y esperó que el equipo del Checho Batista quedara eliminado rápido. Cosa que no fue así. Mientras escribo esto, ese equipo se encamina a la final por el oro mientras Tevez y Cia. acaban de empatar con Bielorrusia. Varias preguntas: si Batista gana el oro -buena parte de la prensa hoy lo elogia de manera argentinística-, ¿quién lo va a bajar del próximo Mundial? Ya le ganó a Brasil, algo que el Coco no consigue ni de casualidad. Y consiguió que Messi juegue para el equipo. Y que Riquelme no se ponga nervioso por la fama de Messi y la altura del pasto. Y que el Kun al final muestre en cámaras, festejando un gol con el dedo de chupete, que va a tener un nieto de Maradona. Todo esto consiguió Batista, uno de los campeones del 86, moviéndose como Phels en el agua de las tramas y subtramas que planea el Gerente de Contenidos de AFA. El Coco Vacila...

lunes, agosto 11, 2008

ME.mp3, 9 de agosto

Primera parte - Segunda parte - Tercera parte - Cuarta parte

Nota: Metí la pata con la entrega de esta semana. Está corregido el link para descargar la tercera parte, y estoy rescatando la cuarta parte para agregarla cuanto antes también está subida la cuarta. Disculpas por el error y gracias a los que avisaron a través de los comentarios.