lunes, junio 01, 2009

Van Morrison - "Astral Weeks: Live at the Hollywood Bowl", por Pablo Strozza

"Astral Weeks de Van Morrison fue un disco particularmente importante para mí. Cuando salió, yo era una ruina física y mental, los nervios y los fantasmas me rallaban y las arañas se avecinaban y ocupaban mi mente. Mis contactos sociales se habían reducido al mínimo, y la presencia de otras personas me ponía nervioso y paranoico (...). Sonaba como que el tipo que había hecho Astral Weeks estaba sumido en un terrible dolor, algo que los discos anteriores de Van Morrison sólo habían sugerido pero, como en los últimos álbumes de Velvet Underground, había un elemento redentor en la oscuridad, en la última instancia de la compasión por el sufrimiento de los demás, y también una franja de pura belleza y reverencia mística, que abarcan hasta el corazón de la obra".

Así hablaba Lester Bangs, uno de los críticos de rock más reconocidos de todos los tiempos, sobre Astral Weeks, segundo disco solista de Van Morrison, grabado en 1968, nunca presentado en vivo de manera completa ("la compañía nunca me apoyó para eso", dijo Van) y, de manera unánime, uno de los más celebrados discos de rock de toda la historia del género: tanto es así, que ocupa en número 19 en la lista de la revista Rolling Stone realizada en 2003 sobre los 500 discos de rock más importantes de todos los tiempos, y para la revista Mojo es el segundo mejor disco de la historia, según una votación de 1995.

Cuarenta años después, y tras una carrera que incluyó incursiones por casi todos los géneros del rock and roll, tamizadas por su voz de "puro tenor irlandés", Van The Man (apodo que le quedó al hombre tras su espectacular performance en The Last Waltz de Martin Scorsese, rockumental despedida de The Band) accedió a tocar de manera íntegra su mejor placa en el Hollywood Bowl de Los Angeles. Y el resultado confirma la leyenda de Astral Weeks. Con una big band con tintes jazzeros ("provengo del jazz", señaló Morrison en una de sus contadas entrevistas, hace muy poco), el cantante arremetió con esa obra que remite a una Belfast idealizada, soñada y, hoy por hoy, ya inexistente. La referencia a la avenida de los cipreses ("Cyprus Avenue"), citada tanto en esa canción como en "Madame George" (el tema más destacado del disco en 1968 y en 2008 también, y que, desmintiendo todos los rumores, no trata sobre un travesti), el inequívoco sabor a cerveza Guinness, el scat con copyright Morrison, las improvisaciones atonales en vivo: todo esto sirve para potenciar al disco original y no para opacarlo. Una deuda saldada con la historia, como la grabación del Smile de Brian Wilson, y las ganas de que alguien se digne, en algún momento, a traer al León de Belfast (el sobrenombre del pueblo) a estas tierras para algún concierto. Que así sea.

viernes, mayo 29, 2009

Por el camino de Swan Song, by Fabián Casas

Hace unos días el manager de Jimmy Page le dijo a la prensa que no iba a haber una nueva gira de Led Zeppelin: “Zeppelin se acabó, olvídense de ellos”, sostuvo. Semanas antes había salido con la contraria y había confirmado que Page, Jones y el hijo de John Bonham estaban probando cantantes para salir de gira ya que Robert Plant se había negado a volver a cantar por las rutas.

Page, Plant, Jones y el joven Bonham habían tocado el año pasado en Londres en un concierto que tuvo gran repercusión. La música y el aura de Zeppelin parecían seguir intactos y el metabolismo de la banda no daba muestras de rechazo al órgano implantado en la bateria: al fin de cuentas, Jason es de la misma sangre que John. Un corazón más joven para suplantar al corazón viejo y metálico del hombre que ponía de pie a Led Zeppelin en escena.

Como Zappa o los Beatles, Zeppelin aún muerto sigue editando discos extraordinarios que Jimmy Page saca de la galera de su archivo de cintas. Fue un grupo que revolucionó eso que se llamaba rock and roll y que permaneció unido hasta que la muerte los separó. John Bonham se ahogó en su propio vómito mientras la banda intentaba –con disco nuevo en las bateas- ensayar para salir de gira a principio de los ochenta. Era el regreso del Jedi, pero no pudo ser. Los rumores corrieron como Messi: ahí estaba otra vez la maldición de Zeppelin que ya se había cobrado a Karac, el hijo de Plant, y que les había provocado catástrofes financieras y accidentes de todo tipo. Todo, decía el vulgo, porque Jimmy Page era amante de la magia negra y ésta se le había escapado de las manos.

El periodista Stephen Davies en su libro clásico sobre Zepp El Martillo de los dioses, da cuenta de algunos sucesos en torno a la muerte de Bonzo: “Una revista de fans afirmaba que se había visto brotar un espeso humo negro de la casa de Jimmy el día en que murió Bonzo, y que el guitarrista había entrado en cólera destructiva cuando escuchó la noticia y había empezado a maldecir en extrañas lenguas. También fue resucitado el mentado rumor del famoso Album Negro. Esa leyenda decía que la banda había grabado un album lleno de cantos fúnebres que un escritor alemán afirmaba que había traducido del germano antiguo. Dos días después de la muerte de Bonzo, el Evening News de Londres, titulaba: "El misterio de la magia negra de Zeppelin”.

Kaspar Hauser apareció una tarde de primavera del año 1828 en la bella ciudad de Nuremberg. Tenía una edad mental de siete años en un cuerpo de muchacho. Parecía que un plato volador lo había dejado en ese lugar ya que nadie lo conocía, nadie lo reclamaba y él mismo no podía explicar dónde había estado durante todo ese tiempo. A parte de una historia real, se convirtió en un mito del romanticismo alemán. Un joven con un alma pura, inocente, que apenas logra vivir un lustro antes de ser, misteriosamente, asesinado. Hay personas que irrumpen con ese mismo misterio en la vida de uno. Carlos, quien en nuestro barrio iba a ser llamado rápidamente como Slowhand –en alusión al apodo de Eric Clapton- apareció una tarde caminando por la avenida Independencia. Era un joven apuesto, de pelo largo, que nos llevaba apenas unos años y que tocaba la guitarra. Rápidamente se hizo amigo de varios de los chicos que andaban siempre rastrillando las calles de Boedo y terminó ocupando un lugar en nuestra mesa familiar ya que su pasado –no tenía padres, había sido criado por las hermanas y trabajaba desde chico- era suficiente para que mi mamá lo adoptara. Nunca supe el apellido de Carlos. Sí supe que trabajaba en una zapatería que quedaba en la esquina de Carlos Pellegrini y Lavalle –ahora hay ahí un local de ropa- y que se esmeraba por no dar un paso en falso, por salir adelante de manera honesta. En la zapatería llegó a ser el encargado. Con apenas tres años de ventaja ya sabía más de la vida que nosotros, nenitos de mamá con las necesidades básicas resueltas.

Curiosamente, Carlos no tenía envidia, rencor ni nada esas cosas que suelen tener los que la tienen que yugar de chicos. No. Al contrario, nunca se quejaba y disfrutaba de todo. Con el tiempo, se hizo muy amigo de un tío nuestro y éste le dio un trabajo en su estudio de fotografía, donde aprendió el oficio de laboratorista. Pasaron muchos años, lo dejé de ver y me lo encontré una tarde en el diario Clarín, donde yo trabajaba. Ahora le decían Carlitos Escaner porque manejaba ese aparato. Tampoco tenía apellido. Charlamos un rato, me contó que se había casado con la ex mujer de un amigo en común del barrio. Nuestro amigo en común se había matado en un accidente de moto. Se llamaba Román. Tuve el fogonazo de la tarde en la que me vino a visitar para mostrarme la moto que se había comprado. Era de cross. La miré con el recelo que se mira a un animal poderoso. Román también era un poco más grande que yo y tenía un gran poder de fabulación. Era experto en un número que todos los chicos del barrio le pedíamos que repitiera una y otra vez: la imitación de cómo caminaban los muñecos televisivos del Capitán Escarlata. Lo estoy viendo. Román fue a Malvinas, estuvo en la rendición. Usaba lentes con culo de botella porque no veía nada. Tenía un encanto particular, me hacía acordar al Lennon de lentes redonditos y vestido de soldado de la película Cómo gané la guerra. De manera que Escaner o Slowhand –mi mamá le decía Lojan- nació en algún lado impreciso, fue criado por sus hermanas, apareció por el barrio de Boedo algún día de fines de los setenta y se especializó en fotografía a través de un tío mío. Consiguió un oficio y construyó una familia casándose con la mujer de un amigo fallecido. Era –y debe seguir siéndolo- fanático de Led Zeppelin. De hecho él fue el que trajo e instaló el culto de Zeppelin en el barrio.

Jimmy Page fue un chico callado, solitario, que no recuerda haber tenido compañero de juegos hasta que cumplió los cinco años. Dijo: “Ese aislamiento temprano tuvo mucho que ver en cómo me volví de mayor. Mucha gente no puede estar sola, se asustan, pero la soledad no me molesta en lo más mínimo. Me proporciona una sensación de seguridad”. A los quince años consiguió una guitarra española con cuerdas de acero. Empezó a tocarla. Con el tiempo se hizo músico de sesiones de discos de blues. Entró en los Yardbirds y los revolucionó. La cabezota se le había agrandado y ya tenía en su cerebro un estudio de grabación. Puede que alguien que esté leyendo esto no haya escuchado nunca tocar a Jimmy Page. Es una pena. Personalmente, nunca un guitarrista me impactó en vivo como él. Los Yardbirds le quedaron chico y armó otro grupo que se llamó Led Zeppelin. Esta banda instaló una forma de hacer rock como si fuera una nueva percepción en el mundo: cuando pasás cerca de una casa de comics donde se ven figuras medievales, superhéroes e imágenes parecidas a las de las sagas celtas, estas viendo –aún hoy- algo del imaginario de Led Zeppelin. Pero también cuando posás la vista sobre automóviles inmensos, lugares lujuriosos y vaqueros ajustados. La música de Zeppelin, que partió del blues y asimiló recursos de diferentes sonidos étnicos es difícil de catalogar sin correr el riesgo de quitarle frescura. Bastaría decir que Led Zeppelin II es tan clave para la música moderna como Sgt. Pepper's y que, después de este disco, la banda siguió sacando otros de igual envergadura.

Cuando John Cheveer, de niño, escuchó la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, se dijo a sí mismo: “Esto es tremendo. Así es como yo siento que es la vida”. Algo de eso nos pasaba a nosotros con la música de Zeppelin. Y me sigue pasando. Escuchando y viendo ahora el DVD de los recitales en vivo de Mothership no siento nostalgia, siento que es la música de mi presente, que ese sonido tan particular saca a la realidad de ese guiso espeso donde ésta se estanca en nuestra vida cotidiana y me crecen alas en los tobillos. Creo que podría volar. Hay algo de Zeppelin que se ha vuelto un clishé gracias a su múltiples imitadores que ha tenido en el rock pesado, heavy metal, hard rock, trash o lo que sea. Un clishé que se destruye ni bien aparece los primeros acordes de "Achilles Last Stand", por ejemplo. Con el ascenso de Zeppelin, Page dio rienda suelta a sus excentricdades. Fue fanático del brujo Aleister Crowley, cuyo lema de vida era: “Haz tu voluntad. Esa es la única ley”. Crowley, siguiendo al pie de la letra su máxima, vivía con muchas mujeres y tomaba asiduamente hachís, opio, cocaína y heroína. Murió perseguido por los acreedores huyendo de país en país. Con el tiempo, se inició un culto a su figura. Page compró la casa donde Crowley vivió, frente al lago Ness. A Page le gustaban las groupies muy jóvenes, invocar espíritus antiguos y los materiales de sadomasoquismo. También la heroína. Dicen que solía andar con un látigo para azotar mujeres. Cuando un periodista le preguntó qué estaba buscando, dijo: “Poder, misterio y el martillo de los dioses”. Ahora tiene el pelo blanco y largo y se parece al mago Merlín. Está casado con una argentina y suele venir de vez en cuando a la Gran Llanura de los Chistes. Dicen que tomaba ginebra en un bar de colegiales con los viejos del lugar. Me gusta pensar que Jimmy Page y Carlos Slowhand caminaron en círculo, orbitándose como planetas, por las calles de Buenos Aires. En algún punto se deben haber tocado, tienen que haber estado en el mismo lugar.

miércoles, mayo 27, 2009

Clem Snide/Hungry Bird




"En muchos sentidos, la de Clem Snide es una historia triste, casi trágica", decía Eef Barzelay, cantante y líder de la banda, en una entrevista publicada el año pasado. Más allá de de cierta sobreactuación, es cierto que el ambiente que rodeó la grabación de "Hungy Bird" no fue el más feliz del mundo: hubo una sucesión de peleas que motivaron la expulsión de un manager, se produjo el cierre de un sello y finalmente llegó la disolución de la banda, básicamente por los problemas que explotaron entre Barzelay y el guitarrista Pete Fitzpatrick.

Barzelay dejó que las aguas se aquietasen, grabó dos muy buenos discos solistas y ahora decidió lanzar un álbum que, a pesar de las rencillas, estaba casi listo para editarse. Y el resultado es encomiable: más en la línea de los discos de Eef, casi desprovisto de los clásicos arrebatos de adrenalina de Clem Snide (otro nombre inspirado por William Burroughs, igual que Soft Machine y Steely Dan, por ejemplo), "Hungry Bird" es un álbum íntimo y emotivo en el que brillan especialmente los dos primeros temas, que también son un señal clara de los intereses del cantante y guitarrista que hoy vive en Nashville: "Me No", que podría formar parte del repertorio del R.E.M. más inspirado, y "Born a Man", donde, aporte del productor Mark Nevers mediante, el guiño es para el rey del actual barrio de Barzelay, el genial Kurt Wagner, de Lambchop.

miércoles, mayo 13, 2009

Morrissey - "Years of Refusal"

No hay esperanzas de una vida mejor, ni amigos verdaderos, ni amoríos que terminen bien en estos días en los que el consumo de antidepresivos es regla ineludible para la supervivencia. Eso es lo que nos viene a decir, a través de su nuevo álbum, Morrissey, uno de los cantantes con más personalidad, talento y agallas de los últimos 25 años, el líder y referente indiscutido de los Smiths, la extraordinaria banda de Manchester que cambió el mapa del pop para siempre en apenas cinco años de carrera.

Apelando otra vez al pionero del pop-punk Jerry Finn -fallecido hace unos meses cuando tenía apenas 39 años y con quien había trabajado en "You Are the Quarry (2004)", el disco que marcó su regreso con gloria luego de siete años de doloroso silencio para sus fans-, Morrissey abandonó decididamente el lustroso barroquismo de su álbum anterior -"Ringleader of the Tormentors" (2006), producido por el veterano Tony Visconti-, para sumergirse en un sonido más rockero, cercano a la espesura y densidad de "Your Arsenal" (1992), uno de los picos de su carrera solista, e incluso a la época con The Smiths.

El ademán rejuvenecedor no parece casual: aunque con Mozz nunca se sabe, en distintas entrevistas ha dado indicios de un posible retiro que no tardaría tanto en llegar. Volver a la fuentes antes de la despedida, entonces, como gesto necesario para acabar definitivamente con las esperanzas de una reunión con Johnny Marr, Andy Rourke y Mike Joyce, un rumor que Morrissey nunca dejó crecer más allá de la especulación sin argumentos sólidos.

El primer corte del disco es el mid-tempo "I’m throwing my arms around Paris", editado en Europa y Estados Unidos como single cuya cara B es "Shame Is The Name", un tema cantado a dúo con Chrissie Hynde, la ex líder de The Pretenders, y que lamentablemente no forma parte del disco del disco. Pero la mayor sorpresa es sin dudas "When Last I Spoke to Carol", tema ideal para un spaghetti western, adornado apropiadamente con guitarras españolas y vientos mariachis, clara revelación de la fascinación que ha despertado últimamente en el cantante inglés la música de Ennio Morricone. La épica "It's Not Your Birthday Anymore" sirve para demostrar que la voz de Mozz permanece intacta: su falsetto recuerda al de la gloriosa "Well I Wonder" del disco "Meat Is Murder", grabado hace exactamente 23 años. En el trepidante "One Day Goodbye Will Be Farewell" aparecen otra vez los vientos, esta vez en medio de un tornado de guitarras y un colchón de teclados, mientras un Morrissey tan deliciosamente afectado como de costumbre reclama un viaje urgente al infierno.

Lo que "Years of Refusal" representa en esta etapa tardía de la carrera de Morrissey es la clásica puesta a punto del artista que le teme a los fantasmas de una madurez decadente. Morrissey no parecía correr ese riesgo -todos los discos de su carrera solista van de buenos a excelentes-, pero sonar tan vivo, crudo, y visceral, tan cándido y malvado al mismo tiempo, nunca está de más. Hay quienes han observado este disco súper enérgico como una especie de viagra sonoro recetado para contrarrestar la declinación de la potencia del pasado. Sin embargo, parece más justo leerlo como un nuevo exceso de alguien que vive su vida como si fuera un héroe de película.

Hace un tiempo, Morrissey se negó a tocar en Canadá porque allí está permitida la matanza de focas. "Se justifican diciendo que esa industria da trabajo a alguna gente. Igual que las cámaras de gas de las SS. Estoy seguro de que también daban trabajo a alguna gente", exageró. La declaración lo pinta de cuerpo entero: si hay que apostar, mejor hacerlo a pleno. Como en "Years of Refusal".

miércoles, mayo 06, 2009

Derrotero ...

... extraño, el de Jorge Lanata: de anunciar un cambio en la historia del periodismo que por lo visto no se produjo al teatro de revistas y la visita al programa de Tinelli, donde se enfrentó a su propio doble, encarnado por Miguel Angel Rodríguez. ¿Se viene la lucha en el barro con Chiche Rabioso Gelblung?

domingo, mayo 03, 2009

Hay alguien nuevo en la política: vos

- David Cruise. -Al pronunciar el nombre, Carradine enderezó la espalda-. Dirige el canal de cable de Metro Centre. Es muy popular y gusta a nuestros clientes.

- No lo dudo. Se ocupó del lanzamiento de algunos productos nuestros. Recuerdo un spot publicitario para cine sobre un nuevo microcoche. Era demasiado corpulento y no pudo entrar y tuvimos que prescindir de él. Pero cabe en la pantalla del televisor.

- Es bueno. Todos nos alegramos de que esté aquí. El presidente del distrito electoral piensa que sería un buen diputado.

- Claro que sí. Hoy la política está hecha a su medida. Sonrisas por todas partes, música ambiental, campaña de ventas que se libra de la necesidad de un producto... Hasta el carácter ladino. A la gente le gusta que la estafen. Les recuerda que todo es un juego.

(fragmento de "Bienvenidos a Metro-Centre, última novela de J.G. Ballard)

martes, febrero 03, 2009

Waiting for the Mundial, by Fabián Casas

En los cines están dando una película y los críticos le están dando a la película. El nombre original es "Revolutionary Road", pero acá aparece bajo el título de "Sólo un sueño". Vuelven a trabajar juntos, después de un largo tiempo, Leonardo Di Caprio y Kate Winslet. Es la historia de una pareja que se hace trizas. Pareciera decirnos que si Di Caprio no hubiera muerto en los mares helados donde cayó el Titanic, jamás hubiera soportado la condena de la convivencia con la joven que en ese entonces encarnaba Winslet y que le soltaba la mano mientras Leonardo descendía hacia el fondo del mar. Aunque la película no es buena, hay algo que nos perturba cuando la vemos. Quizá ese algo -conjeturo- sea la esencia que destila el texto de la extraordinaria novela de Richard Yates en la que está basado el film. Una pareja puede ser un infierno. Lo decía Tolstoi: "El hambre y la guerra son terribles, pero la peor tragedia es la de la alcoba". Así que una pareja puede ser un infierno y puede estar condenada al esquema de la repetición. Es decir, se inicia una discusión, se persiste en ella subiendo los decibeles -siempre las mismas cosas, las mismas afrentas, hasta las mismas maneras de sostener el crescendo- hasta que, como en una tragedia griega, se logra una catarsis momentánea. Ya que hay que volver a empezar rápido, como en la canción de Lerner. Lo mismo le pasa a San Lorenzo de Almagro. Es probable que tenga uno de los mejores planteles del fútbol local. Pero, por algún motivo que no se puede desentrañar, ese plantel está enojado. No sólo está enojado, está paranoico. Supone -el plantel- que alguien le hace algo. Lee la realidad como una fiesta de símbolos que le confirman sus más oscuras paranoias: la AFA los quiere perjudicar, Falcao es Gollum, el demonio de dos caras, Boca compró a todos los árbitros, etc., etc. Con lo cual los hinchas que vamos a la cancha para verlos jugar, tenemos que tratarlos como a esos primos impresionables, hipersensibles que se enojan por nada. Gonzalo Bergessio, por ejemplo, parece Néstor Kirchner. Un tipo siempre al filo de salirse de caja, que no soporta una voz de disenso y que sólo acepta la realidad si esa realidad está guionada para su conveniencia. Así lo echaron contra Boca en la final del otro campeonato y ahora también se fue rápido a las duchas en los torneos de verano. Y parece que, como en las peleas de pareja, va a seguir repitiendo este número una y otra vez. Orion, Méndez y Bottineli están en una misma sintonía cada vez que juegan con River. Hay que matar a Falcao, como si fueran personajes del catch donde unos hacen de buenos y otros de malos. Lo cierto es que Falcao le saca un gran provecho a la situación. Mete goles para su equipo. Méndez, Botinelli y Orión parecen más preocupados por una cuestión personal, por demostrar un poder que por jugar para la gente. Por eso se convierten en esclavos. Un amo de verdad no tiene que demostrar nada, no tiene que representar su poder, es el señor 0. Hace su trabajo y listo. Ahora empieza un nuevo campeonato y otra vez la bendita Copa Libertadores. Ojalá alguien les dijera: "olvídense de ustedes, jueguen por placer, sepan que el adversario es alguien necesario al que se debe honrar. Metan goles. Hagan molinete. Ríanse. Que la vida es corta y el Clausura aún más".

viernes, enero 09, 2009

Apuntes de Louis Chitarrolling (un críptico de rock)

Quiero escribir una biografía de Fernando Redondo: le dijo NO a Bielsa, NO a Bilardo y NO a Passarella: Peripecias del NO.

Cada vez estoy más convencido de que los Fabulosos Cadillacs son un muy buen grupo para animar un casamiento después de las 12. ¿Cómo puede ser que el Gordo Flavio se vista asi? Parece mi amigo Daniel Teenager, siempre vestido como un jopende aunque ya tiene 50 años.

Skay es invisible a los ojos.

Me imagino esta propaganda de preservativos: Dante Spinetta cantando como si fuera un karateca. Funde a negro y sale en primer plano un paquete de Tulipán. Y dice: "Luis, esto se podría haber evitado".

Brindo por un cáncer de huevos de Pascua.

Fito Páez me llamó porque está leyendo a Lacan y no entiende nada. Yo tampoco. Pero utilizo conceptos lacanianos para las largas sobremesas con el grupo de amigos: Bizzio, Guebel, Alan, Carla Bruni...

jueves, noviembre 27, 2008

Los apuntes de Luis Chitarrolling (un críptico de rock)

new!



Lunes
Deléctrico ¿Va a venir o no va a venir? ¡Que se decida!

Martes
Líneas para una novela: Culeli tenía un tigre de bengala. Desde chiquito. Le daba de comer y un día se le soltó en el barrio. Un desastre.

Miércoles
Anoto lo que dice Javier Martínez: "Desde que se separaron Los Gatos, el rock se llenó de ratones: Los Súper Ratones, Los Ratones Paranoicos, Rata Blanca, etc". Se puede usar como epígrafe para la biografía de Rosso que estoy escribiendo como ghost writer.

El famoso crítico Pablo Strozza dijo: "Cuando tocó Beck me fui a comer un pancho". ¿Esto significa colocar lo popular por encima de la vanguardia?

Jueves
Yo.

Viernes
Odio a Iorio y a los que lo festejan.

miércoles, noviembre 26, 2008

Caribbean Massages, by Rupert

Hace tiempo que voy a "Caribe Masajes". Son todas paraguayas las que atienden. A muchas las traen directo desde Asunción. Otras vienen desde Ciudad del Este. No sé por qué me gustan más las de Ciudad. Empecé a ir a Caribe Masajes hace unos diez años. Mi debut fue con una chica que se llama Araceli. La vi en Platynum y me gustó. A diferencia de las que apuestan a ser guerreras, ésta tenía una expresión dulzona. Yo era muy tímido; tanto que ella, al final de la sesión, se tuvo que desnudar solita. Una vez que se quitó la ropa, me preguntó si no la quería participar; sí, así me dijo. Fue raro.

La cuestión es que, desde el comienzo, quise que me pase lo que me terminó pasando hoy. ¿Qué me pasó? Bueno, fácil: agarré a una paraguayita recién traída del monte. Sí, al fin me pasó. Es como que estás en el agua, te salta un pez y vos lo agarrás con la mano. Sí, me pasó ese milagro sin siquiera esperarlo.

El caso es así: hacía bastante que no iba a Caribe Masajes y decidí ir porque, entre muchas otras cosas, extrañaba ese aire a colmenar céntrico bien atorrante. Además, la visión de culos en la calle había empezado a abrumarme. En todas las cuadras te azotan; son demasiados y son demasiado perfectos.

Ya en la presentación –así llaman al momento en que las chicas desfilan-, descubrí una chica nueva. "Sabrina soy", me dijo. Después, en el cuarto, me dijo lo increíble: "no te había visto antes. Es que hoy es mi primer día. Usted es mi segundo cliente". Me lo dijo y casi me infarto. "Y antes qué hacías?". "Hasta hace un mes trabajaba de moza". Después, le pregunté lo que pregunto siempre: ¿cuándo garchaste por primera vez? ¿Cuántos novios tuviste? ¿Cuándo fue la última vez que garchaste que no sea acá? ¿Tenés novio ahora? ¿Le entregabas la colita a tu novio? Esas cosas. Esas indagaciones son una religión adentro de Caribe Masajes. Pero en este caso eran mucho más importantes.

Así fue como Sabrina, súper tranqui, haciéndome masajes en la cola, me contó lo que quería saber. "Sos tan tranquila que pienso que sos pisciana", le dije; pero no, todo lo contrario, esa preciosura resultó ser ariana. Ese tipo de cosas hablamos mientras ella me hacía sus lindos masajes en paz.

El que no estaba tan tranquilo era yo: todo el tiempo elucubraba que de ahora en más a esta Sabrinita se le van a empernar unos ocho o nueve tipos por día; y hacía cuentas; y era peor: me alteraba cada vez más. Era como que quería agarrar toda esa divinidad sin explotar y seguir yendo por los próximos 20 o 30 días. En eso pensaba; y hacía cuentas... Contabilizaba cuánto sería prudente gastar en un caso como éste.

Al final, una hora exacta después de haber ingresado, calmo, sintiéndome amigo de mi amiga, le dije lo que digo siempre: "Tratá de juntar unos mangos y volá de acá, Sabri". Con eso me despedí. Le dije adiós a esa divinidad a punto de ser masacrada en función del metal. Una frase horrible si las hay.

lunes, noviembre 24, 2008

Sobre la Davis

Por Alejandro Prosdocimi, amigo de la casa

¿A quién hay que pegarle, muchachos? Tengo una amargura que te la voglio dire y me pongo a escribir esta columna bien caliente, como debe ser, con las encías listas para el banquete antropófago. Después de todo soy un argentino hundred per cent y como tal tengo derecho de nacimiento (¿no lo decía el Preámbulo?) a soltarle la mano a cualquiera, siempre y cuando sea en la derrota. No te hagás el chistoso justo hoy, dirán ustedes, amigos del soberano público, que esto es un incendio de proporciones y no está para repartir volantes de Greenpeace.

Sangre. Les voy a dar el gusto. Se me ocurren algunos cortes para la barbacoa caníbal. Empiezo con Nalbandian, que se tuneó la cancha justita para su paladar y se olvidó de preguntar si sus compañeros la preferían morocha o pelirroja. O mejor le pego a Del Potro, que se fue al Masters en lugar de concentrarse con el resto del equipo y desde hace un mes no piensa en otra cosa que en irse a Honolulu con la Salazar. ¿Y Mancini? Já, los jugadores le apagan los puchos en la cabeza. Y siguen las achuras: dirigentes, Vilas, Scioli, el público, la quiebra de Southern Winds.

Bla, bla, bla. El Circo Máximo argentino ruge por carne. Hay que matarlos a todos.
Voy a tratar de escribir con la distancia que me da tener el pasaporte comunitario (italiano, por las dudas) para ver si desde afuera puedo explicar(me) lo que pasó con balas de fogueo. Me parece que no perdimos por soberbios, porque Nalbi hizo la suya o faltara equipo. Con este mismo ¿equipo? le ganamos a Rusia, un rival del calibre de España, sino mayor. Ayer perdimos simplemente porque se fundió Del Potro. Si fue de los músculos o de la cabeza poco importa, porque como sabemos, un aspecto y el otro van de la mano. Y no estoy diciendo, la culpa fue de Del Potro. No, estoy tratando de explicar que nuestras chances previas eran muchas siempre y cuando Del Potro fuera aquél del match con Rusia. Pero llegó fundido, pidiendo la reposera y el daiquiri de damasco. Un pibe de 20 años que la venía remando y de golpe se encontró en una vida de Dreamworks, jugando 45 partidos en poco más de cinco meses, ganando torneos y yendo, en todo su derecho, al Masters.

En un año en el que, por varias razones, se profundizó la brecha entre la elite (Del Potro y Nalbandian) y el resto, estaba claro que el equipo era un tanque con los dos, y vulnerable con uno solo. El doble se podía perder de antemano, lo que nadie imaginaba era perder dos singles.

Esto me lleva a hablar de la fragilidad del potencial. Actividad compleja en un país de evaluadores lapidarios ("son pan comido" o "son unos muertos"), el tenis tiene un margen de riesgo muy alto, porque la construcción del pronóstico se hace sobre menos personas que en deportes colectivos. Se te cae uno, y la devaluación es mucho más impactante, obvio. Con Del Potro llegamos a la final. Sin aquel Del Potro, la perdimos.

Con estos mismos parámetros de análisis (dos jugadores de nivel, un sorteo amable) la puerta para ganar algún día esta bendita Davis no está definitivamente cerrada, aunque suene a palmadita en el hombro al sentado en la silla eléctrica.
Disculpas por escupir el asado, muchachos.

martes, noviembre 18, 2008

Lista de temas del 15/11/08

Peace (Ornette Coleman)

Los hongos de Marosa (Juana Molina)
Tiemblo (Florencia Ruiz)

Antillas (El Guincho)
Goood Girl / Carrots (Panda Bear)

DISCO DE LA SEMANA
Another World de Antony & the Johnsons
Another Wold
Shake That Devil

Prescription (Scott Matthew)
Memory of a Free Festival (David Bowie)

Esgrima (Gepe)
Esquemas juveniles (Javiera Mena)

Civil War Correspondent (John Parish & Polly Jean Harvey)
From Her To Eternity (Nick Cave)

A Few Words in Defense of Our Country (Randy Newman)
Political World (Bob Dylan)

Solo en el parque (Emiliano Martínez)
Llueve (Lucio Mantel)

Don't Be Light (Air)

martes, noviembre 04, 2008

Elogio de la sombra, by Fabián Casas

Fernando Cabrera suele versionar en vivo "Muchacha ojos de papel", de Luis Alberto Spinetta. Escucharlo tocar ese tema es una experiencia singular. Cabrera hace una apropiación crítica de esa canción fundacional del rock argentino. De alguna manera, desde la periferia, donde él suele plantarse, lo sobrevuela y erosiona, resignificándolo. Como suele hacer la deconstrucción francesa, el compositor uruguayo cuestiona el centro para que podamos escuchar "Muchacha..." bajo una nueva luz. A mí me tocó entrar a Cabrera escuchando extrañado esa versión inaudita. Más que la emoción, me picó la curiosidad. Con el tiempo, llegaría también la emoción.

Fernando Cabrera ha publicado ya muchos discos, y desde muy joven fue reconocido por sus pares y por sus mayores. Grabó con Mateo, tocó con Darnauchans y Jorge Drexler -el uruguayo de exportación- nunca paró de elogiarlo y de reconocer su influencia. Se sabe que Jaime Roos no suele hablar de nadie. Hay, por lo menos, dos tipos de tono uruguayo, uno que parece venir de la esencia de los tambores negros, un cantito particular y coloquial que tiene en su esencia algo mineral -si esta imagen puede ser posible- y otro tono más grave, como la voz de Roos, que parece más bien la de los homosexuales reprimidos que intentan -para ahuyentar sospechas- parecer muy machos.

Cabrera tiene la particularidad de que no parece preocupado por parecer nada. No parece un músico moderno, no parece un poeta, no parece un profeta... La estética de sus discos también es interesante para comprenderlo. Las tapas son horribles. Fotos directas sin ningún discurso semiótico escondido a la manera de las de Dylan -para nombrar otro songwriter- ni ningún tipo de genialidad. Por lo general está Cabrera recortado sobre fondos verdes, lilas o rojos. Casi siempre tiene una guitarra en las manos. La estética de sus tapas me hace acordar a esa gente que, cuando hace frío, se pone el pullover que tiene a mano y no se preocupa por si el cuello redondo deja afuera el de la camisa. Cabrera no está a la moda ni está, de forma estudiada, fuera de la moda. Es un tipo común. Pero la música que compone es genial. Escuchar un disco de Cabrera es una experiencia, al principio, aburrida. De hecho, el tipo de sonido que usa no es muy amigable. No tiene hits, no tiene arreglos demagógicos y no suena para nada moderno. La música no tiene packaging. Parece que no intentara venderse o no supiera bien cómo hacerlo. Sin embargo, con el correr de las escuchas, los esqueletos fosforescentes de los temas empiezan a reverberar y las letras pegan latigazos que provocan admiración y emoción. Admiración por la arquitectura osada de la forma, y emoción por la precisión de las imagenes: "te fuiste de mi vida/ te di un abrazo de despedida/ la oscuridad devora y no convida". Fernando Cabrera puede empezar una canción que a priori promete un estribillo, pero ese estribillo no vuelve nunca como lo pediría un tema tradicional. O tal vez la empezó como una balada y de golpe se rompe en un grito bagualero para terminar con frases jazzísticas o acordes piazzollianos.

Hace un par de días lo vi en vivo en un teatro porteño. Por un costado del escenario alguien tiraba humo blanco. Me acuerdo que ese efecto me resultó caricaturesco como pocas veces. ¿Para qué sirve ese humo?, parece preguntarnos la música de Cabrera. Frente a la potencia de sus temas y la parsimonia de su estar en escena (Cabrera casi no se mueve, o se mueve como los muñecos del Capitán Escarlata), cualquier acción cosmética resulta inútil. A Cabrera se lo va a escuchar. Cabrera no es creado por el público, el crea al oyente en ese movimiento siempre peligroso porque, tal vez, el espectador al que están destinados sus temas quizá no aparezca nunca.

Hay música que está fechada y sólo basta con dejar pasar el tiempo para que los oropeles se pongan en mal estado, como un yogur vencido. Por ejemplo, el bajo musculoso de Pedro Aznar. A veces pienso que sería bueno escuchar los hermosos temas de Serú Girán naked del bajo de Aznar. Con Fernando Cabrera, en cambio, uno primero cae en la ilusión que todo el tema está fechado, es inactual o pasado de moda, para después comprender que está escrito en un lenguaje extraño. No se alimenta del brillo, sino de las sombras, que permiten sugerir y dejar ver mejor las sensaciones. En ese sentido Cabrera es oriental, pero no por uruguayo, sino por japonés. En el libro "Elogio de la sombra", del novelista Junichiro Tanizaki, se habla del excesivo culto del brillo de los metales del mundo occidental y se lo contrapone a los colores más oscuros de la cultura japonesa y a la forma en que estos pueblos dejan que una pátina de suciedad se adueñe de sus objetos para que sean dignos representantes del paso del tiempo, del que no se puede escapar. Quizá en esa actitud japonesa esté el misterio de la música del uruguayo. Sus canciones tienen adheridas el paso del tiempo y el acontecimiento de las generaciones. Pueden narrar la historia del Uruguay o contar cómo un hombre es invitado al casamiento de su antiguo amor. La percusión puede venir tanto de una batería o de una cajita de fósforos. Presenciar un recital de Cabrera produce inmediatamente ganas de componer música, se sea músico o no. Porque lo que él hace en escena es narrar las posibilidades insondables que puede tener nuestra vida, ese cliché que se preocupan por perpetuar la religión, los políticos y el mundo del espectáculo.

ME.mp3, 1 de noviembre

El programa del sábado 1 en MP3 (cuatro partes):

1. Descarga en Google Reader u otros agregadores de noticias
2. Descarga en iTunes u otros programas de podcasting
3. Descarga directa (o streaming) de los MP3s.

viernes, octubre 31, 2008

Born in Lomas, por Lucas Videla

La consigna de hoy: Me gustaría ser... Yo elijo: un pibe de Lomas

Me gustaría ser un pibe de Lomas. Para que se den una idea un pibe de Lomas es Germán Denis o Julito Comparada. El pibe de Lomas la tiene fácil y por eso me admira. Su perfil es concreto: le gusta el fútbol o los fierros; son esos tipos que no tienen empacho en tener el auto reluciente, negro, polarizado. Son flacos que los vemos con un reloj cuadrado y a la última moda -aunque sea específicamente bala-. Les gusta tener un buen corte, tatuarse, ir al boliche (y en la disco recorrer la pista con certezas).

Es más, tengo un amigo que es "un pibe de Lomás". Se llama Gaby. Tiene un Chevrolet -no sé bien qué modelo es el auto; pero no es un Chevy, creo que es un Rambler-, vivió en Brasil como surfista o algo así y ahora, año 08, por supuesto, vive en Lomas. Vive en una casa que es como un bunker ubicado atrás de la fábrica de su padre, una fábrica de maquinarias viales.

Un día de Gaby es más que aceptable: se levanta temprano y trabaja en la fábrica. No sé bien qué hace, pero entiendo que es de esos que se dedican a todo; sabe de mecánica, de computación y sabe sortear al inspector de la Afip; es capo.

Después, almuerzo con los amigos en una confitería de Lomas que se llama Vancouver. A la tarde más trabajo y a la noche, su novia o salida con las perras que va recogiendo en los boliches de la zona. Es un tipo que, con la frecuencia que yo me afeito, sale con promotoras. Gaby es un ser que fue a Epcot Center y quedó maravillado. Es un hombre que se ahorró un viaje a Europa porque no le interesan las ruinas ni los museos. Es un pibe que te lo encontrás en Miami o San Bernardo, contento, en su cuatriciclo, hablando por el i-phone y bien pero bien bronceado. Así es Gaby, born in Lomas.

martes, octubre 07, 2008

Waiting for the mundial, by Fabián Casas

¿Riquelme es emo?


Una de las pasiones de esa cosa extraña e imprecisa llamada periodismo cultural es la de descubrir tribus urbanas. Grupos de gente con ideales o expectativas similares que se visten de igual manera y que eligen, de forma endogámica, juntarse en determinados lugares para autoabastecerse con su propio rollo y evitar que nadie los moleste. Por lo general, si estos grupos son inofensivos, inmediatamente aparecen otros grupos con ganas de apalearlos, como les suele suceder a los emos y a los floggers. También, después de ser apaleados, les suelen caer encima los productores de Chiche Gelblung, personificación de la maldad televisiva que algunos periodistas todavía reivindican porque, dicen, "tiene olfato". Toda esta introducción de Wilkipedia berreta es para poner sobre el tapete esta pregunta: ¿Riquelme es emo? Yo opino que sí. Y otra más: ¿Assman es flogger?

domingo, octubre 05, 2008

ME.mp3, 4 de octubre

Ya está disponible el último programa en tres partes, formato MP3:

1. Google Reader, Bloglines o agregadores de noticias: http://feeds.feedburner.com/malelemento

2. iTunes, GetJuice, Doppler, etc.: pcast://feeds.feedburner.com/malelemento

3. Descarga de MP3 a pelo: http://malpodcast.blogspot.com.

domingo, septiembre 21, 2008

ME.mp3 - Podcast Era

Nota: Hace unos días anunciamos el podcast "en respuesta a muchos pedidos". En respuesta a muchos otros pedidos (ver los comentarios de este post), entonces, ahora toca recuperar la distribución mp3 tradicional. El podcast, claro, se mantiene. Los detalles siguen en esta revisión del post original.

En respuesta a muchos pedidos, dejamos de además de distribuir los programas de Mal Elemento en archivos MP3 zipeados y nos pasamos al sumamos el formato podcast. Hay tres opciones:

1. Los que utilicen algún agregador de noticias como Google Reader o Bloglines, pueden suscribirse haciendo clic en el link que sigue o copiando su URL:
http://feeds.feedburner.com/malelemento

Lo lógico sería que cada entrada en este feed contenga una de las partes en las que viene dividido cada programa (este sábado, por ejemplo, viene en tres) con su propio reproductor de audio incorporado.

2. Los que bajen podcasts con iTunes o algún programa podcatcher como GetJuice o Doppler para bajar los archivos y transferirlos a iPods u otros reproductores MP3, en cambio, pueden usar este link:
Suscribirse a Mal Elemento Podcast (Ojo, requiere tener instalado un programa que entienda este tipo de enlace.)

3. Los que quieran seguir descargando MP3s de la manera tradicional, pueden hacerlo desde http://malpodcast.blogspot.com. El título de cada post en esa página es un link a cada una de las partes de cada programa.

Como suele decirse en estos casos, tengan en cuenta que este es un servicio experimental, gratuito, etc., etc. No sabemos si funcionará bien ni si seremos capaces de mantenerlo en tiempo y forma. Dicho de otra manera, el chisme este viene sin garantía.

domingo, septiembre 07, 2008

Un aserradero en la hora pico, by Fabián Casas

No sé cuántos de los que estén leyendo estas líneas hayan visto la película de Lawrence Kasdan llamada -en la traducción al español- "Te amaré hasta matarte". Bueno, en ese film memorable, hay una escena que protagonizan Keanu Reeves y William Hurt, dos gamberros quemadísimos que la mujer de un tipo recluta para que maten a su marido. Los fumetas llegan a la casa de su futura victima en taxi -como para no dejar huellas-, pero dejan un testigo clave, el tachero. Y después, ya frente al tipo al que tienen que despachar, se enzarzan en una discusión sobre dónde está el corazón de su victima para pegarle el tiro certero. Por algún motivo, los dos fumetas no saben dónde tienen el corazón. Entonces, para averiguarlo, cantan el himno americano y, por reflejo, se llevan la mano derecha al corazón. ¡Listo! La película es una comedia negra, creo recordar que no muere nadie. Y los fumetas terminan en la calle. Pero esta escena me trajo recuerdos de la noche pasada. Por un lado, porque fui a ver a los Melvins con amigos y los Melvins también cantaron el himno del Imperio, y por el otro porque apenas llegué, mientras una cola de niños apuraba la entrada con las manos en los bolsillos percudidas por el frío repentino, me encontré con dos amigos de mi barrio a los que no veía hace más o menos 20 años. Uno de ellos había sido un amigo muy querido. Nos reímos y nos abrazamos, e inmediatamente quedé bajo el olor del porro letal que se habían fumado. Por los ojos, podrían haber sido las mascotas de los Juegos Olímpicos chinos. Creo que en estos veinte años que nos los vi, ellos estuvieron parados en la puerta de Niceto fumando un caño tras otro. Así que cuando me preguntaron qué había estado haciendo, les dije que era el mánager de una banda que tocaba esa noche. "¿Qué banda?", me preguntaron. "No creo que la conozcan, se llama Melvins", les dije. "¡Pero si nosotros estamos acá para ver a los Melvins!", me dijeron a coro mientras hacían equilibrio para no caerse. "Genial -les dije-, a la salida vamos a cenar con la banda". Los dos se miraron como si estuvieran soñando: vinieron a ver a los Melvins, una banda de culto en sus vidas y de golpe aparecía un amigo de la infancia para ubicarlos en la mesa de la cena con sus ídolos. "¡No lo podemos creer!", me gritaron a coro. Y me abrazaron. "¡Parece mentira!", me largaron. Me separé de su abrazo (uno solo me había conseguido abrazar, el otro le pifió a mi espalda) y les dije "es mentira, en realidad trabajo en Toxicomanía y hago pruebas con los logis que vienen a estos recitales. Ya mismo los subo a un patrullero. ¡Cómo pueden creer que puedo ser el manager de los Melvins! ¡Qué carajo están fumando!". Les agarró un ataque de risa. Yo también me empecé a reir hasta las lágrimas. Al rato nos despedimos En eso llegó Lingenti, practicamos el "lingentismo" (que consiste en entrar gratis a todos lados) y rápidamente estuvimos esperando a que empezara el show. Algunos de mis amigos -que son músicos- habían llevado tapones para los oídos. Yo uso tapones sólo para nadar. El show consistió en que una banda se dividiera en tres, es decir, dos grupos soportes formados por ellos mismos, pero sin el líder -Buzz Osborne- y ya para el final, todos juntos, con dos bateristas incluidos. Creo que en la primera entrada de la noche tocó el guitarrista de Los Natas. En fin, cuando empezó el recital, lo que siguió para mí fue una tortura. Fue como estar en un aserradero en la hora pico. Los Melvins eran tipos insoportables. Me acordé que el nombre de la banda venía de un compañero de oficina de ellos que todos detestaban por insufrible. En ese sentido eran honestos. Fue como estar en un aserradero en la hora pico, o viviendo al lado de la construcción de un shopping. Estaba escuchando la maqueta del hardcore, era una banda durísima, en "pelo", sin las melodías beatles que aportaría un rato después Nirvana. Fue una noche de recuerdos. Me acordé de un amigo que cada vez que veía alguien que gritaba mucho al declamar sus poemas solía decir: "este pibe quiere garchar". Para él, Duchamp, al poner el mimgitorio en la exposición, quería "garchar". Cuando los Melvins -que no sonaron tan fuerte- estaban machacando mi ánimo a puro metal, hardcore, sludge, grunge, etc., pensé "estos tipos quieren garchar". Y de pronto, casi en tiempo de descuento, la banda se largó con una versión casi a capella del himno del Imperio Americano. Salvo que haya sido irónico, creo que hasta los más metaleros quedaron turulatos. Se creó un anticlímax total. Yo asocio a nuestro himno nacional con muchos de los peores momentos de mi vida. Escuché el himno en la radio en el golpe del 76 y también cuando se fue a Malvinas. El himno es sinónimo de fascismo, de división. Es gente marchando para someter a otros. Gente que quiere cogerte pero sin preguntarte si estás de acuerdo. Qué asco la patria y todas esas estupideces de tener que ganar para que un país esté contento. Qué asco tener que representar a un país, como esos gordos emos que cantaban el himno llorando antes de pegarle a la pelota ovalada. Qué asco la generación dorada del básquet, Ginóbili y toda la mar en coche cuando se tiñe su talento y esfuerzo de patriotismo. Qué pena ese chico de 20 años, millonario y en lo que tendría que ser la flor de su vida, llorando desconsoladamente porque perdió un partidito de tenis. Se ve que nunca le tocó perder nada en serio.

ME.mp3, 6 de septiembre

Primera parte, segunda, tercera y cuarta.

jueves, agosto 21, 2008

Waiting for the Mundial, by Fabián Casas

El Coco Vacila

¡Paren de apagarles los puchos en la cabeza al Hombre de Pelo de Chinchilla! ¡Ojo que ese pelo es material inflamable! ¡Al final lo tratan como los marineros bengalíes al albatros de Baudelaiere! Es increíble la deconstrucción que inició el mandamás de la AFA, el rey del Todo Pasa, con la figura otrora respetada del Coco Basile. En principio, con su oferta suculenta, lo hizo renunciar a Boca, y el equipo de Palermo y el Mellizo terminó perdiendo un campeonato increíble contra Estudiantes. Esto produjo dos hechos que aún hoy estamos padeciendo: la instalación del Choto Simeone como un técnico top y la aparición de su mujer en las revistas de mucha circulación. Pero Todo Sapa no se contentó con esta afrenta, fue por más: le dijo a Basile que no iba a poder tener jugadores para entrenar, que iba a tener que conformarse con ser sólo un seleccionador, es decir, alguien que llama por teléfono después del pan y queso y que, además, iba a tener que jugar amistosos con equipos de países periféricos del reinado de Stalin y Putin. Por suerte se cayó el amistoso con Osetia del Sur. Pero hay más: también le prometió a Basile que no se iba a ir a los Juegos Olímpicos con jugadores de más de 20 años. Y no se cumplió. El Coco no dijo nada, guardó el vozarrón que utiliza para apretar a los periodistas que, según dice, le tiran en contra, y esperó que el equipo del Checho Batista quedara eliminado rápido. Cosa que no fue así. Mientras escribo esto, ese equipo se encamina a la final por el oro mientras Tevez y Cia. acaban de empatar con Bielorrusia. Varias preguntas: si Batista gana el oro -buena parte de la prensa hoy lo elogia de manera argentinística-, ¿quién lo va a bajar del próximo Mundial? Ya le ganó a Brasil, algo que el Coco no consigue ni de casualidad. Y consiguió que Messi juegue para el equipo. Y que Riquelme no se ponga nervioso por la fama de Messi y la altura del pasto. Y que el Kun al final muestre en cámaras, festejando un gol con el dedo de chupete, que va a tener un nieto de Maradona. Todo esto consiguió Batista, uno de los campeones del 86, moviéndose como Phels en el agua de las tramas y subtramas que planea el Gerente de Contenidos de AFA. El Coco Vacila...

lunes, agosto 11, 2008

ME.mp3, 9 de agosto

Primera parte - Segunda parte - Tercera parte - Cuarta parte

Nota: Metí la pata con la entrega de esta semana. Está corregido el link para descargar la tercera parte, y estoy rescatando la cuarta parte para agregarla cuanto antes también está subida la cuarta. Disculpas por el error y gracias a los que avisaron a través de los comentarios.

domingo, julio 27, 2008

miércoles, julio 02, 2008

jueves, junio 26, 2008

lunes, junio 16, 2008

martes, junio 10, 2008

Waiting for the mundial (reloaded), by Fabián Casas

Si yo fuera jugador de River, les diría a los hinchas que les tiraron maíz, los insultaron por tv y radio, los escracharon a la salida del vestuario y se guardaron los pañales que habían llevado a la cancha para tirarles sólo porque dieron vuelta el partido con Gimnasia en el segundo tiempo, en fin, a esos hinchas, les diría que los invito a festejar el campeonato... Pero después de las doce, como se suele hacer en los casamientos estereotipados de la clase media y media alta.

Pero no quería hablar de River, del Choto Simeone y su cuerpo técnico vestido de negro como el Cuarteto Vocal Zupay, o de Buonanotte -ese jugador que se parece al pibito de los alfajores Jorgito. Quería hablar de la dupla Messi-Agüero, de las diferencias que le encuentro a estos dos jugadores clave para la Selección Argentina. Diferencias que surgen ya desde el origen de cada uno. Se puede imaginar, por un lado, a la infancia de Messi, construída en los laboratorios cibernéticos españoles. Me imagino a Messi metido en una cámara aséptica mientras un médico pulcro y completamente vestido de blanco, barbijo incluído, mueve unas palancas metálicas y cromadas que funcionan sujentado al jugador de piernas y brazos y lo estiran, como en una tortura de la Edad Media. Lionel Messi es como el Terminator que viene a la tierra en Terminator 2 para cargarse a John Connors. Está programado para ir para adelante caiga quien caiga. Si alguien lo destruye o lo desintegra, las partículas con las que está construído se intentan juntar en el suelo atrayéndose mutuamente para volver a formar a Lionel Messi, un jugador que uno recuerda más haciendo publicidades que goles clave en los campeonatos que jugó. Sólo un androide programado puede replicar el gol de Maradona a los ingleses. Y la prueba de que es un robot está que lo hizo exactamente igual, pero en un partido que no servía para nada.

Por otro lado, está el Kun. Poseedor de uno de los mejores apodos que conozco en el fútbol. Un apodo que le puso el abuelo (y acá entra la fábula de la pobre Heidi con abuelo incluído). Pero el Kun es un muchacho heidi metal. Mientras Messi era fabricado en un astillero de máxima seguridad, él comía Guaymallén a granel y corría descalzo por las matas de pasto de Sarandí. Y él sí hace los goles que hay que hacer. Como los que le metió a Racing, su archienemigo de Avellaneda en un partido memorable. Políticamente incorrecto, el Kun al terminar ese partido se puso a cantar con sus compañeros este mantra obsceno: "A Racing me lo cojo, a Racing me lo cojo". Las cámaras de la tv lo tomaron en ese momento y quedaron estupefactas. El Kun es así. Es un organismo vital. Hasta se fue a vivir con la hija de Maradona. El, que es hermoso y que podría salir con infinidad de mujeres bailanteras y bellas, eligió entrar en la dinastía del caos que, dicen, fue el origen del universo. Mi filósofo de cabecera, Domin Choi, en su libro "Fenomenología de la pelota Pulpo", dice una frase que subscribo completamente: "Messi hace lo imposible; el Kun, lo inesperado".

Como uno es una persona normal que sabe que en la vida hay cosas que son imposibles -a pesar de Adidas-, prefiere lo inesperado que nos regala el Kun. Es como Batman y Superman. Kal-El era un extraterrestre inmortal. Batman, en cambio, era un muñeco perturbado por la muerte de sus padres, sin superpoderes, un tipo oscuro, que no tenía en la indumentaria los colores de los Estados Unidos. Era el Caballero de la Noche. Era mortal, pero terriblemente habilidoso y certero. Como el Kun.

lunes, junio 09, 2008

Chau, Bernardo, por Pablo Chacón

Murió Bernardo Neustadt, tenía 83, no quería a los Kirchner, los trataba de vampiros, de darse lujos, de tiranos, de autoritarios, de permitir la tele porno, de las cosas de las que se quejaba Bernardo: el país atrasaba años a velocidad de tren bala, decía, después de crecer y entrar el primer mundo durante la presidencia de Menem.

El día del fallecimiento un amigo me invita a su casa a cenar pizza y champagne. Buena idea, mucho más después de dormir la siesta en la librería Gandhi, donde Daniel Filmus, senador y sociólogo, dio una conferencia de prensa sobre los seis meses de gestión de Mauricio Macri. Antes que escuchar a Filmus hablar de Macri prefiero ir al velorio de Bernardo en la Zona Norte. Seguro está más divertido. Pase lo que pase, cualquier cosa es más divertida que escuchar a Filmus.

¿Estarán el Kohan, Emir, el soldado Chamamé, el Turco Asís, el Tata Yofre? ¿Estará Hugo Franco, Marito Caserta, Munir, Longobardi, el negro González Oro, Archi? ¿Estarán Posse el diplomático, Iko, Yuyito, Amira, Cúneo, la Cordero? La mitad de esa cría y los movileros ya aseguran tráfico de información y con suerte, algún inédito.

Periodista de los de antes, Bernardo, hasta el último día. Tanto que murió el día del periodista.
¡Qué lástima, Bernardo, no pudiste ver cómo Racing ganó y se salvó del descenso, no vas a poder ver cómo Estudiantes de La Plata pierde el campeonato a manos de River, cómo el Boca de Macri, la esperanza blanca, tu esperanza blanca, el hombre indicado para salvar al país de los bolcheviques kirchneristas, no gana nada de nada!

Joder, Bernardo: el tiempo apremia, dejaste discípulos, miles, por eso no te preocupes, tu querido país tiene especialistas, ingenieros no, técnicos agropecuarios tampoco: buchones, eso sí que sobra. Por ahí algún diario te dedica un suplemento de sábado. A los maestros se los reconoce siempre.

sábado, abril 26, 2008

Memorias: 3 discos 3 de 2007



The Western Lands - Gravenhurst

Warp difícilmente se equivoca. El fichaje de Gravenhurst es, además, muy sintomático: es uno de los escasos alejamientos de la electrónica que el sello se animó a probar desde su fundación en 1989. El cambio de ruta es sobre todo cosa de los últimos años y se debe a dos razones, básicamente: un deterioro en la calidad de lo que produce el género en la actualidad y la necesidad de mostrar su capacidad de respuesta ante esa realidad. La prueba de la precisión con la que el sello va diagramando su readaptación es la calidad de lo que edita fuera de su terreno más habitual: !!!, Anti Pop Consortium, Máximo Park (una banda menor que empezó a caerme simpática desde que me topé con "Books From Boxes", una de las mejores canciones que escuché el año pasado)... "The Western Lands profundiza la búsqueda habitual de Nick Talbot, la convivencia amigable del folk con el krautrock y el shoegazing, un probable sueño de todo indie bien informado.


Transnormal Skiperoo - Jim White

"Transnormal Skiperoo" es, según Jim White, "un nombre inventado para describir un extraño y nuevo sentimiento que he experimentado tras años de sentirme perdido, solo y maldito". Producido por Joe Pernice (Pernice Brothers), el disco tiene canciones menos sombrías o cargadas de ominosas referencias religiosas que los tres anteriores, posible resultado de una relación del autor con las drogas algo más relajada.
Es folk + country + blues + soul, es decir, la fórmula acostumbrada, pero con un sonido que el ejecutivo de una disográfica consideraría más apto para comercializar. El punto es que si una buena parte de los discos que las discográficas comercializan fueran como éste, estaríamos en un mundo diferente, mucho mejor.


Two Gallants - Two Gallants

Del primer disco a éste pasaron apenas tres años, pero la evolucion de Two Gallants fue vertiginosa. A la receta del folk sureño atravesado por espíritu punk ahora se sumó un gran nivel de inspiración para construir canciones que sobrevivirían cualquier tratamiento instrumental. En este caso se trata apenas de una guitarra acústica y una batería, a la manera de unos White Stripes con menos voltios. En vivo, lo sé porque los vi hace unos meses, son explosivos, como una buena borrachera con bourbon.

martes, abril 22, 2008

Sobre la despenalización del consumo de drogas

Nota cedida gentilmente por el el amigo Coco Barreiro, del blog Criticar es fácil


La propuesta de despenalizar el consumo de drogas en Argentina, ya vigente en algunos países de América Latina, entre ellos Uruguay, ha vuelto a poner sobre la mesa la discusión acerca de la conveniencia o inconveniencia de semejante medida. La ya larga controversia suele derivar más hacia tópicos sanitarios o económicos y menos hacia el de los derechos ciudadanos, algo que, sin embargo, no debería estar ausente del debate, porque la penalización del consumo violenta los fundamentos del derecho moderno.

La convicción de que "las drogas" son sustancias dañinas o diabólicas que esclavizan a quienes las consumen y su consecuencia, la prohibición, son fenómenos que se han gestado en el siglo XX. Hasta entonces nadie creía que determinados fármacos fueran intrínsecamente dañinos o que su atributo esencial fuera causar el mal, la enfermedad. Para los antiguos griegos, por ejemplo, el concepto de phármakon significaba veneno y remedio, cura y peligro al mismo tiempo. No era para ellos algo puramente tóxico ni puramente inocuo. No establecían una frontera infranqueable entre el beneficio y el perjuicio: los daños o beneficios de los phármakon residían exclusivamente en el uso que el ciudadano adulto hiciera de los mismos.

Hubo que esperar a una era en la que los objetos adquirieron el carácter de fetiches dotados de vida propia para que las cosas se invirtieran radicalmente. Ese fetichismo atribuye a las cosas materiales propiedades intrínsecas, a los que ningún individuo podría sustraerse. La única posibilidad de romper con tan fatal determinación sería prohibiendo el uso de la cosa intrínsecamente perversa.

La idea de la adicción irresistible a un phármakon supone excluir definitivamente la posibilidad de usos recreativos, introspectivos o terapéuticos de las drogas. Todo el discurso hegemónico sobre las drogas refiere a la enfermedad, a la adicción y a la imposibilidad de resistirse a un uso moderado y beneficioso de las mismas.

La mayoría de las personas cree que la prohibición de consumir drogas nos acompaña desde el principio de los tiempos, pero hay que recordar que la misma también fue establecida en el siglo XX. Prácticamente a nadie se le ocurrió antes de la tercera o cuarta década del pasado siglo que los gobiernos tuvieran derecho a vigilar la percepción o el estado de conciencia de las personas. Recordar el origen de la prohibición es importante porque arroja luz sobre las verdaderas motivaciones (políticas, económicas e ideológicas) de una cruzada que pretende fundarse en argumentos científicos.

Utilizando todas las presiones políticas que le permitía su recién estrenada condición de potencia hegemónica, Estados Unidos logró convocar a una conferencia en La Haya en 1912. La misma fue el primer capítulo de una larga serie, que terminará en 1971 con la firma de la Convención Unica de Estupefacientes por más de 70 países en Viena. En La Haya comienza una era completamente nueva en materia farmacológica, pautada por la prohibición de usar libremente determinadas drogas, y el estímulo y la tolerancia de otras. Entre 1961, con la Convención Única sobre Narcóticos de Nueva York, y 1971, con el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas, se unifica y universalizan la legislación en materia de drogas. En esos convenios se basan prácticamente todas las legislaciones nacionales.

El Convenio de Viena estableció cuatro listas de drogas que debían ser controladas, y que habían sido confeccionadas diez años antes. El supuesto grado de adicción de cada droga determinó que se la incluyera en una u otra de las listas numeradas del I al IV. En la lista I se hallan supuestamente las sustancias más adictivas, por eso causa sorpresa encontrar en ella al cáñamo, que tiene una toxicidad anormalmente baja, mientras que en las listas II, III y IV (supuestamente, las de las drogas menos peligrosas) se incluyen potentes fármacos sintéticos que generan síndromes de abstinencia y aún hoy son objeto de debate científico acerca de su inocuidad. En la Lista I están incluidas únicamente sustancias naturales (salvo el LSD) como el opio, el cáñamo, la cocaína, las que a partir de entonces quedaron "prohibidas para todo uso, excepto el que con fines muy limitados hagan personas debidamente autorizadas en establecimientos médicos o científicos que estén bajo fiscalización directa de sus gobiernos".

Las sustancias de la lista I, usadas durante milenios por la humanidad, que eran científicamente prometedoras, se convierten en apenas unas pocas décadas en objeto de una implacable persecución. Mientras que los nuevos fármacos sintéticos, los de las listas II a IV, apenas sucedáneos de la cocaína y los opiáceos, ocupan el lugar de las drogas terapéuticas, que pueden ser automáticamente legales con el sencillo expediente de la autorización de un médico.

Se llega así al nuevo escenario: desde entonces hay drogas peligrosas, completamente prohibidas para todo uso, y drogas que pueden ser objeto de un uso apropiado. Léase con la autorización de un médico.

H. Halbach, responsable por entonces del área de farmacología y toxicología de la OMS no tuvo más remedio que decir que "es imposible establecer una correlación automática entre datos biológicos concretos y las medidas administrativas que han de tomarse". El reconocimiento de que la confección de las listas y los sistemas de prohibición no tenían nada que ver con la ciencia ni con la salud no podía ser más explícito.

La Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), un organismo creado por el Convenio Único, jamás usó la definición de droga que utiliza el Comité de Expertos en Drogas de la OMS: "sustancia que al introducirse en el organismo puede modificar alguna de sus funciones". Les parecía que era demasiado neutra y científica, que no las demonizaba lo suficiente.

El segundo elemento decisivo, que cambiará de ahí en más la relación de los individuos con la fármacos es que, según esta convención, lo que distingue el "uso" del "abuso" (o uso ilícito) está fuera de cualquier consideración científica. ¿Cree alguien que la diferencia estriba en la cantidad de droga que se autoadministre cada uno, o en que la misma se adquiera legalmente o en el mercado negro? Se equivoca de cabo a rabo. Alguien puede tomar una sola vez droga e incurrir en "abuso" y alguien puede tomarla crónicamente y hacer un "uso" legal. Lo que distingue una cosa de la otra es ni más ni menos que "su autorización legal", como dice el artículo 30 del Convenio, que afirma que no puede haber abuso cuando la sustancia "haya sido entregada para uso médico o investigación científica". En contrapartida, el artículo 2.2. del Convenio afirma que será ilegítimo el empleo tradicional -que la convención llama "casi médico"-, o el lúdico, que llamará "no médico".

Ya tenemos la otra parte del decorado del escenario: el estamento médico obtiene el monopolio de decidir las formas de ebriedad a las que pueden acceder las personas.

Esa persecución inicial, que incluye la exigencia de destruir cultivos en todo el mundo coincide "azarosamente" con el auge de los fármacos sintéticos, algunos de los cuales, también "azarosamente", tienen propiedades similares a los prohibidos. Mientras se pide a los países productores de opio, coca y cáñamo que destruyan sus cultivos, se inunda el mundo con sucedáneos industriales sintéticos, considerados "sin potencial de abuso" por las convenciones. La industria farmacéutica, agradecida.

Ejemplo muy ilustrativo es lo que ocurrió con las anfetaminas, que empiezan a comercializarse en los años 30 y 40. En los 70 se empiezan a ofrecer en el mercado como píldoras contra la obesidad, para luego emplearse en usos clínicos como antidepresivos. Esta picardía de los laboratorios no se debía a que ignoraran que las anfetaminas eran el más potente estimulante sintético, carente de competidores en el mercado una vez prohibida la cocaína, sino porque los principios de la cruzada que se iniciaba prohibían ofrecer abiertamente efectos eufóricos o estimulantes. Hasta tal punto las anfetaminas eran parecidas en sus efectos a la cocaína que un equipo de investigadores de la Universidad de Chicago verificó experimentalmente en los años 50 la imposibilidad de que veteranos cocainómanos distinguieran cuándo se les daba una inyección intravenosa de una y otra sustancia.

Qué duda cabe de que con la legalización aumentan la libertad y la responsabilidad de los que usan determinados fármacos para intervenir en su vida psíquica. La legalización no obliga a nadie a pasar por esa experiencia, pero la prohibición sí impide (o dificulta en extremo) el derecho de quienes están dispuestos a vivirla. En vez de aprendizaje farmacológico, el actual estado de cosas pregona de hecho la más perfecta ignorancia.

Con la modernidad, el estamento clerical perdió su monopolio para sanar las almas y los cuerpos de los individuos a manos de los médicos. En materia de uso de fármacos se pasa de la era represiva a la terapéutica. Un fallo unánime del Tribunal Supremo Federal de Estados Unidos en 1962 fue el que impuso definitivamente ese cambio cultural, y con él el aumento del poder de los médicos: "El adicto no es libre para gobernarse sin ayuda exterior", sostenía el fallo.

El presidente de la Asociación Psiquiátrica Americana, K. Menninger, recomienda terminar con el castigo y comenzar con el tratamiento. Su paternalismo indica que "cuando una comunidad empieza a contemplar la expresión de conducta agresiva como síntoma de una enfermedad es porque cree que los médicos pueden rectificar esa situación. (...). Sencillamente no es cierto que la mayoría de la gente sea consciente de lo que está haciendo, no es cierto que no desee ayuda de nadie, aunque algunos lo digan".

La naturaleza cultural de la actual definición de "drogadicto" se pone de manifiesto en la creencia de que se trata de un "enfermo", como el que padece una úlcera o una pulmonía. El adicto o incluso el usuario irregular de drogas no padecerían un vicio, sino una "toxicomanía", una "enfermedad" que hasta entonces la ciencia médica no consideraba tal. Si antes era un hereje, ahora es un enfermo; en ambos casos se justifica desconocer su voluntad.

La peor tiranía es la que se ejerce por el bien de la víctima. Tal es lo que ocurre cuando se pretende curar a una persona en contra de su voluntad y por hábitos que no son una enfermedad. Quien crea que esto es una exageración, preste atención al artículo 40 de la ley sobre estupefacientes vigente en Uruguay. Dice que "el que fuere sorprendido consumiendo sustancias estupefacientes o usando indebidamente psicofármacos (nuevamente la diferencia entre las drogas de las listas I y el resto) o en circunstancias que hagan presumir que acaba de hacerlo (...), deberá ser puesto a disposición del Juez Letrado de Instrucción de Turno, a fin de que éste ordene un examen del detenido por el Médico Forense (...). Si del examen resultare tratarse de un drogadicto, el Juez impondrá el tratamiento en un establecimiento público o privado o en forma ambulatoria".

La condena y la prohibición de la automedicación -preceptos que se hicieron indiscutibles recién bien entrado el siglo XX- deberían ser puestos en cuestión. La función del médico no es "autorizarme" a tomar tal o cual medicamento, sino informarme de sus posibles efectos, para que yo en el pleno uso de mis facultades, decida si quiero hacerlo o no. Con excepción de los menores de edad, los incapacitados y casos de flagrante engaño, defender a alguien de una droga que nadie le obligaba a tomar era, para un individuo del siglo XIX, como defenderlo de un libro, un fonógrafo o un cuadro que nadie le obligaba a comprar.

Si consumir drogas es sinónimo de enfermedad, entonces la enfermedad es el estado social predominante, pues en mayor o menor medida todos las consumimos (legales o ilegales). Si se acepta algo tan evidente como esto, entonces la medicina debería rever sus paradigmas acerca del estado de salud o de enfermadad, porque los actuales ya no serían operativos.

Aunque a principios de siglo no había un solo Estado que tuviese leyes represivas, en la actualidad unos 20 contemplan en sus legislaciones la pena de muerte por el comercio o la simple posesión de drogas. Los detenidos se cuentan por millones cada año en el mundo. Los presos por tráfico o consumo de drogas son mayoría en prácticamente todos los países del mundo. Los detenidos por consumir o comerciar drogas equivalen al número de presos por motivos políticos en los siglos XVIII y XIX y a los encarcelados por motivos religiosos en los siglos XIV a XVII. La elección de las formas de ebriedad fue un hecho comprobado en todo tiempo y lugar. Ahora trata de imponerse como axioma que cualquier elección subjetiva es una enfermedad o un delito.

La breve exposición sobre la genealogía de la prohibición y el monopolio que ostentan los médicos sobre el uso de las drogas pretende poner en evidencia, por un lado el carácter cultural, ideológico si se quiere, de dicha prohibición y, por otro, la inconsistencia, desde el punto de vista del derecho moderno, cuando se penaliza a quien (supuestamente, hay que decirlo) se inflige un daño a sí mismo, ya que la ley en una sociedad democrática no está para proteger a las personas de sí mismas, sino contra terceros, cosa que en el caso del consumo de sustancias que alteran el estado de ánimo no es posible demostrar.

La aberración a la que asistimos en las sociedades que penalizan el consumo de drogas reside en el hecho de que delincuentes y víctimas pueden ser la misma persona, ya que la legislación represiva se funda en el principio de proteger al sujeto de sí mismo (como cuando se impone una multa si no se usa el cinturón de seguridad).

En ningún otro ámbito que no sea el farmacológico, nadie discute la necesidad de distinguir entre moral y derecho, o entre pecado y derecho. Es una conquista del pensamiento democrático moderno. Por eso, al margen de la inacabable (y prescindible en este caso) discusión acerca de los eventuales daños a la salud que puedan provocar las drogas, hay algo mucho más importante, algo que atañe a las libertades del ciudadano. Aun aceptando todos los postulados en los que se pretende basar la actual guerra contra las drogas, queda en pie una pregunta que casi nunca se responde: ¿el Estado tiene derecho a prohibirme que consuma un fármaco que no comporta daños a terceros? Si fuera verdad que todas las drogas son dañinas, el Estado no debería prohibir que los ciudadanos la consumieran, dado que sería dañina sólo para quien la usa, sino informar al ciudadano sobre los riesgos que comporta su uso.

Claro que muchos países democráticos ya han aceptado implícitamente que penar el consumo es una monstruosidad jurídica, que supone violentar toda la filosofía en la que se funda el derecho moderno. Para que haya delito, a diferencia de pecado, como se sabe, tiene que haber un daño a terceros, a su físico o a su patrimonio, cosa que evidentemente no ocurre en el caso del consumo de fármacos prohibidos, salvo que se acepte el despropósito de que el consumo es contagioso.

Tampoco en Uruguay se penaliza el consumo. En 1988 ante una comisión parlamentaria, el fiscal Miguel Langón se preguntaba en relación con el consumo de sustancias ilegales: "¿Dónde está la víctima? ¿Cuál es el perjuicio?". Efectivamente, la ley uruguaya no cae en la incongruencia de penar una conducta que, en la peor de las hipótesis, sólo entraña un perjuicio para el actor del "vicio/delito". Sin embargo, prohibicionista convencido, y además sincero, Langón agregaba lo siguiente: "la realidad jurisprudencial uruguaya coincide con mi opinión (...). Durante más de diez años hemos penalizado a los consumidores, lo que ha pasado es que hemos empleado una forma gatopardística y enmascarada de castigar la tenencia, el consumo". Es que el artículo 31 de la ley que castiga el consumo de drogas estimula la manera enmascarada de perseguir el consumo sin violentar las normas del derecho, porque dice que "quien introdujere en tránsito, distribuyere, transportare, tuviere en su poder no para su consumo, fuere depositario, almacenare, poseyere, ofreciere en venta o negociare de cualquier modo, alguna de las materias primas, sustancias", etc. será penado con 18 meses a 10 años de penitenciaría". En buen romance, ser depositario, almacenar o poseer son actividades que los juristas llaman actos preparatorios del consumo. Sólo se puede consumir si antes se fue depositario, se almacenó o se poseyó la sustancia. La legislación uruguaya reprime, pues, de forma indirecta el consumo. Se trata de una persecución que no osa decir su nombre. Ya sería hora de dejar de maltratar las libertades individuales.

viernes, abril 04, 2008

Blonde On Blonde, by Fabián Casla

Bob Dylan fue el primero en sacar un disco doble. El San Lorenzo del Toto Lorenzo fue el primer equipo argentino en salir bicampeón. En el lado uno, el Metropolitano, en el lado dos, el Nacional. Fue en el 72. Yo tenía siete años. Recuerdo estar en la cama de mis viejos, a colchón pelado -mi mamá sacaba todas las sábanas cuando limpiaba su dormitorio- viendo en blanco y negro la final que se estaba jugando en Núñez entre San Lorenzo y River. Como ya nos pasó varias veces en la historia cuando jugábamos un partido definitorio, esa tarde erramos un penal. Después el Lele Figueroa puso el uno a cero definitivo. Me acuerdo de que mi viejo volvió de la cancha y me alzó y me abrazó y me besó. Estaba afónico porque había estado en el Monumental desgañitándose, algo que sigue haciendo aún hoy a los 79 años.

¿Pero habrá sido así? O en realidad el día que me abrazó fue cuando volvió en el 74 después del partido contra Ferro, donde tiraron gases lacrimógenos y nos coronamos campeones con Zubeldía en el banco. Estaban Scotta y Ortiz, dos delanteros letales. Me acuerdo que en esa época se decía que Scotta ponía sus pies en un horno y que por eso lograba sacar esos terribles chutazos que se incrustaban en la red. Sí, eso decían.

Me acuerdo del Gasómetro, de la tribuna de los niños, pegada al alambrado por donde veíamos pasar corriendo al Sapo Villar. Me acuerdo del Mono Irusta en las figuritas superchapitas, con un buzo celeste. Había también una tribuna de mujeres y una para jubilados. El Gasómetro tenía olor a madera, porque estaba hecho con tablones. Después, en el 74 vino el Mundial, la muerte de Perón... Me acuerdo del Ratón Ayala llorando en la concentración alemana. Me acuerdo de la propaganda de Interminable, con la voz finita. Y el día que nos fuimos a la B, con mi papá enjaulado en su dormitorio, en pijama, sentado a los pies de su cama matrimonial, como un coloso sumergido.

Me acuerdo del mejor jugador que vi en mi life: el Gordo Rinaldi. El nos cuidaba -como un guardián en el centeno- cuando nos tirábamos a lo más hondo en la pileta de la ciudad deportiva. Me acuerdo de verlo venir corriendo hacia mí, que estaba en la popular de Vélez, en ese año que volvimos a la A y en el que casi ganamos el campeonato metiendo miles de goles. El gol de Husillos en Córdoba, desde la mitad de la cancha... Me acuerdo de la placita Butteler, un lugar onírico, como las pinturas metafísicas de De Chiricco. Podés pasar por uno de sus lados, pero no la vez, el teorema de la Butte: un lugar sin fin donde se juntan los extremos del horizonte azulgrana.

Me acuerdo de Tití, un amigo del barrio que inventaba las canciones de la barra del Casla. Mientras las iba componiendo, movía el dedo índice de la mano derecha, como si fuera una batuta invisible. Y la pantalla dividida con Gimnasia e Independiente por un lado y el Casla vs. Central por el otro. Infartante. O en el 75, cuando Alonso me hizo llorar porque nos lastimó con la belleza de su juego demoledor. La camiseta azulgrana del 68, con botones, la de piqué del 72 con cuello en V. La del Gordo Rinaldi blanca y con cuello largo. Recuerdo a mis amigos juntándose en la esquina de Boedo y Estados Unidos para salir caminando hasta Avenida La Plata. O los domingos en los que esperábamos que abrieran las puertas para entrar en el segundo tiempo.

Recuerdo una tarde de lluvia, un partido malísimo contra Ferro que ganábamos dos a cero y perdimos cuatro a dos. Mientras ganábamos nosotros cantábamos: "matadores/matadores". Cuando Ferro lo dio vuelta, nos contestaban; "de polillas, cucarachas y ratones". Recuerdo el ambiente expresionista del Gasómetro de noche, un partido contra Argentinos Juniors en el que Maradona nos dio un pesto bárbaro. Recuerdo las miles de cábalas que no sirvieron para nada. Y las que sirvieron para todo.

Hoy cumplimos cien años sin soledad. Una fuerza colectiva construida por mis seres queridos. Un pequeño lugar en el universo en el que me mantengo con una pequeña ayuda de mis amigos. Salud, Ciclón.

martes, marzo 18, 2008

Mataron a Kenny, by Fabián Casas



South Park es una serie de dibujos animados para adultos. Más que dibujados, parecieran estar hechos con recortes de papel glacé. Es una serie cínica y punk, mucho más salvaje que Los Simpsons. Los protagonistas principales son unos niños. Uno de ellos se llama Keny y lo matan en todos los capítulos de una manera salvaje y diferente cada vez. Una sierra, un estrangulador, un tren en marcha, lo que sea sirve para cargarse a Keny y que los niños de South Park larguen la muletilla: "¡Mataron a Kenny!". Así, rompiendo la linealidad temporal lógica de la trama, Kenny muere una y otra vez, en una repetición esperada y graciosa. Sólo está para que lo maten de la manera más atroz. Y a nadie le importa mucho más que eso.

Lo mismo viene pasando en nuestro país desde hace ya mucho tiempo. Puede ser un tren, una delación, una bala perdida, los autos, la desidia oficial o la riqueza acumulada en unos pocos, todo sirve para matar a alguien. El sábado pasado mataron a un joven hincha de Vélez que iba a ver su partido preferido. Para todos -salvo para los implicados directamente, sus familiares, sus seres queridos- mataron a Kenny. Que va a seguir muriendo una y otra vez, soportando el escarmiento que le han impuesto los perversos guionistas. Acá, en este lado del mundo, no existe Dios: existen los guionistas, los evangelistas salvajes que llenan la 9 de Julio, los cínicos cardenales de la iglesia católica y los políticos de carrera que buscan sacarse fotos con los evangelistas.

¿Qué hacen todos ellos? Utilizan la tristeza de la gente para su provecho personal. Ustedes saben que la ciencia ficción sucede en el pasado: Soy leyenda, un tipo caminando por una ciudad vacía y rodeada de vampiros es nuestro Buenos Aires. Acá nadie respeta a nadie, y mientras en los titulares de los diarios nuestro ministro baby face dice que "la economía argentina está sana", basta salir a la calle para ver una cantidad alarmante de niños, viejos y jóvenes durmiendo en cualquier lado, comiendo lo que les tiren o lo que puedan robar. Por otra parte, en el asfalto de las calles y de las rutas se está viviendo una carnicería que podría reducir a una pavada las fantasías eróticas y futuristas del Ballard de Crash: ahí matan a Kenny a todo lo que da. Ayer fue un anciano en Flores al que se le escapó el auto como si fuera un caballo enloquecido y arrasó con todo lo que se le ponía delante, o el chofer que cabeceaba en la ruta por el cansancio acumulado y se tragó un tren que terminó dejando a varias familias diezmadas para siempre.

Kenny, si vinieras a nuestro país tendrías muchas posibilidades de practicar tu número una y otra vez. Por ejemplo, te propongo las veredas angostas del centro o de San Telmo, donde los inmensos colectivos pasan a presión, sacándole punta al cordón de la vereda. Ahí te podrían destrozar a gusto. O un domingo, en la cancha, en un cruce con nunchakus y cuchillos entre barrabravas esponsoreados por los dirigentes de turno: ¡esa sí que sería otra buena muerte! Este es un país donde los Kennys del mundo tendrán miles de oportunidades de tener una muerte espantosa. Una de nuestras máximas es "algún culo va a sangrar". Otra: "Hay que hacer algo para parar esto porque le puede pasar a cualquiera". ¿No es genial , Kenny? La gente se opone a las cosas cuando pasan de castaño oscuro, porque le puede pasar a cualquiera, es decir, a uno. Y eso es lo peor de todo. Que le pueda pasar a uno. No se oponen porque está mal y hay que oponerse al mal, sino porque ese mal puede venir como un dardo envenenado justo a parar a nuestra pequeña mónada. A este pequeño iglú de percepción que logramos construir tras años y años de esclavitud consentida. Lois Ferdinand Celine tenía razón: habría que cerrar el mundo por lo menos durante dos o tres generaciones. Que no se diga más. Que así sea. Y rápido.

domingo, marzo 02, 2008

Apuntes gesellinos, por Pablo Strozza

¿Dónde va la gente cuándo llueve, en la costa y en plena temporada? ¡A los locutorios, a chequear mails y ver boludeces online! Así que acá van algunas pavadas que (se) me ocurrieron a lo largo de mi estadía en La Villa.


1) Gesell se mardelplatizó, para bien y para mal. El centro es imposible, pero vamos; las librerías son geniales y las disquerías pésimas; la oferta de espectáculos nula y los cines dan basura. Pero así como hay lugares que en La Feliz siguen manteniendo su encanto (Los Troncos, Playa Grande) en La Villa el Barrio Norte sigue siendo lo más. Las playas son inmensas, la gente de lo más hospitalaria, el Bosque brinda siempre el refugio deseado (recomiendo con fervor el bar El Tinglado, por si se desea aún más tranquilidad de la que el lugar brinda de forma natural). Para andar en ojotas all the day and all the night.


2) Lecturas playeras: la excelente bio de Shakespeare by Anthony Burguess (como siempre, el mancuniano la descose) y La aventura del tocador de señoras de Eduardo Mendoza (¡a sólo $ 10 en oferta!), hasta el momento la última parte de la saga del loco detective sin nombre adicto a la Pepsi Cola, al que todos llamamos Sugrañes (que se inicia con El misterio de la cripta embrujada y sigue con El laberinto de las aceitunas). Risas y satisfacción garantizada por parte del catalán, con un Sugrañes dado de alta del manicomio y con una incipiente carrera de peluquero en una Barcelona fea y menemista post Olimpiadas. Ahora arranqué con Todos los hermosos caballos de Cormac McCarthy (también a $ 10). Lo primero que leo de este señor, promete y mucho.


3) Me puse al día con el deporte. Vi Roma 2 - Real Madrid 1, un gran partido; el bodrio del Arsenal y el Milan; el concierto del Rey David en la semi desde el Buenos Aires; la fractura del brasilero Eduardo; a Irlanda y su triunfo con Escocia en el Seis Naciones y, claro, el empate injusto del Ciclón en la Libertadores y la merecida derrota en el Monumental. Adhiero al pedido de Fabián Casla después de ver Promesas del este, tras la pelea de Viggo en el sauna: ¡Piedrensen jefe de la Butteler!


El hit del verano: no se que me pasa que no puedo de dejar de tararear "Radios", de Emmanuel Horvilleur. Creo que se solucionará al llegar a mi casa en Baires, cuando ponga en mi equipo el disco 2 de las Peel Sessions de The Fall.


La frase: "Las Toninas No Problem" (vista en una calco pegada a un viejo pero impecable Mehari). Se complementa con la añeja aunque no poco actual de Damián Damore y Robert Vinnitchenko: "Las Toninas: es así en verano, imaginate en invierno...".

See ya soon, y un feliz feliz para Hernán en su día, con atraso.